Lo más mágico de esta peliculita, deliberada y afortunadamente teen, es la manera, no menos mágica,...

Seré tu amante vampiro... vampiro
Por Jesús Palacios
¡Olvídate de Nosferatus cadavéricos y rancios caballeretes de antaño! Los vampiros de ahora son guaperas, sexys y metrosexuales... cuando no un poquito gays, claro. La nueva legión de los hombres (y las mujeres) sin alma, es un ejército digno de la pasarela más glamurosa, las páginas de las revistas de moda, los anuncios de colonia y las fiestas MTV... Si quieres ver cómo hincan el diente, echa un vistazo a lo que sigue, y, a lo mejor, consigues que también te muerdan a ti.
UN POCO DE HISTORIA
Al principio, los vampiros eran feos como el demonio, pero pronto, la literatura y el cine descubrieron que había algo fundamentalmente sexual y erótico en su condición de chupasangres eternos, y los transformaron en seductores irresistibles, con una atractiva aura de malditismo. Aunque seguían siendo diabólicos y malvados, tenían más en común con los antihéroes góticos y románticos que con los antiguos vampiros del folklore y la leyenda. La culpa no fue, a pesar de todo, de Bram Stoker y su Drácula, sino, sobre todo, de John William Polidori y su relato El vampiro, que identificaba a su protagonista con el arquetipo de Don Juan y con su amigo Lord Byron. Después, el irlandés Sheridan LeFanu crearía con Carmilla el modelo de la vampira sensual y de inclinaciones lésbicas.
Ya con Drácula, Stoker introduciría también escenas e ideas de potente carga sexual —como la iniciación vampírica de las víctimas femeninas del Conde, que deben beber su sangre de una herida en el pecho—, y al llegar al teatro y el cine, éste se convirtió en todo un dandi.
Modernamente, el primer vampiro verdaderamente sexy sería Christopher Lee, aunque precedido por el elegante caballero español Germán Robles. Sin embargo, los vampiros eran todavía fundamentalmente brutales y malignos, y su encanto erótico se veía disminuido por su maldad intrínseca... hasta la llegada de Ann Rice, quien con su serie de novelas Las crónicas vampiricas, comenzada con Entrevista con el vampiro, dio el pistoletazo de salida para los nuevos vampiros: hermosos y malditos, acomplejados y violentos, sádicos y bisexuales, enamorados y místicos.
Más cerca del Dorian Gray de Oscar Wilde o del Heathcliffe de Emily Brönte, que del viejo vampiro chupóptero, acabarían dando nacimiento a toda una nueva prole de criaturas de la noche, que llega hoy hasta la saga Crepúsculo.
Ahora hay vampiros "buenos" y "malos". Pero todos son guapos. La mayoría sigue chupando sangre... pero no desprecia chupar otras cosas. Y, en general, las novelas y las películas de vampiros son ya tanto un subgénero del fantaterror, como del romance. Con estos breves pertrechos, ya estás preparado para enfrentarte a los vampiros más atractivos de la pantalla, aunque dudo que puedas resistirte a ellos.
ELLOS
Udo Kier en Sangre para Drácula (Paul Morrissey, 1974)
Una de las versiones de Drácula más delirantes de la historia del cine. Un Udo Kier fascinante, pálido y decadente hasta decir basta, busca inútilmente la sangre de una virgen, mientras Joe Dallessandro prepara el levantamiento popular de las clases bajas. Sexo, política, humor y glam, para un filme que no dirigió Andy Warhol.
Kiefer Sutherland en Jóvenes ocultos (Joel Schumacher, 1987)
Una de las joyitas de la comedia de terror de los 80, esta perversión de Peter Pan y sus Niños Perdidos con colmillos, se debe al talento y talante de Joel Schumacher, veterano de la Factory de Warhol, que sin duda sabía lo que se llevaba entre manos. Aunque hay quienes encuentran mas sexy al blando Jason Patric, no hay color comparado con un juvenil, perverso e irresistible Kiefer Sutherland, antes de comerse a sí mismo en 24.
Tom Cruise en Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994)
Fíjate que muchos desconfiaban del niño guapo por excelencia en los 80 a la hora de encarnar al malvado y fascinante Lestat de Lioncourt, incluida la propia Ann Rice. Pero este se los comió a todos con su encanto perverso, incluyendo a otros guaperas tan renombrados como Brad Pitt, Antonio Banderas o Christian Slater. Un festín, vamos.
Stuart Townsend en La reina de los condenados (Michael Rymer, 2002)
Otro Lestat que no estaba nada mal, en una incomprendida película glam, que tenía también un reparto de cuerpos espectaculares, incluyendo a Vincent Perez, Lena Olin y la tristemente desaparecida Aaliyah. Puede que no sea la mejor película de vampiros de la historia, pero Ann Rice y sus seguidores no deberían quejarse demasiado, con tanto cuerpazo en danza.
Gary Oldman en Drácula (Francis Ford Coppola, 1992)
A pesar de invocar y evocar el nombre de Stoker en vano, el Drácula de Coppola estaba más en sintonía con Ann Rice que con el original, aunque merece destacarse su esfuerzo por recrear la estética decadente y el erotismo perverso del 1900. Gary Oldman tiene más de estrella de rock maldita que de conde vampiro, pero fascinó a toda una generación con sus modales de barón dandi, su sensual acento carpático y su trágica historia de amor.
Frank Langella en Drácula (John Badham, 1979)
Aunque las jovencitas de hoy ya no lo recuerden, él fue el primero. El eslabón perdido entre el Drácula de la Hammer y el de Coppola, fue interpretado con sensualidad, romanticismo, ironía aristocrática y furia por el entonces irresistible Frank Langella. Todo con un punto involuntario de estética disco setentera, muy sexy.
Gerard Butler en Drácula 2000 (Patrick Lusier, 2000)
Una tontería psicotrónica mejor de lo que podía esperarse con un título así. Pero no solo tiene un sorprendente reparto, con el veterano Christopher Plummer como Van Helsing, y destacados papeles para otros guaperas como Jonny Lee Miller y Omar Epps (sí, el de House), sino a un Gerard Butler pre-300 descaradamente metrosexual y erotómano, para delicias de unos y otras.
Stephen Dorff en Blade (Stephen Norrington, 1998)
Puede que algunos y algunas prefieran a ese armario de roble oscuro con piernas que es Wesley Snipes en esta primera entrega de la saga, que adapta el personaje de cómic de la Marvel, pero por aquí nos parece mucho mas sexy, atractivo y simpático su enemigo Deacon Frost, interpretado por un Stephen Dorff en plena forma.
Bruce Pattinson en Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008)
Es guapo, tímido y peligroso, pero no demasiado. Es un vampiro, pero con conciencia. Es un chico malo, pero solo en apariencia. Se alimenta de sangre, sí, pero nunca de seres humanos. Está enamorado y eso le pone los dientes largos... pero solo lo justo. De hecho, en realidad es todo un caballerete y un buen muchacho. Es el sueño caliente de una adolescente hecho realidad. Así ha terminado el Señor de las Tinieblas.
ELLAS
Sharon Tate en El baile de los vampiros (Roman Polanski, 1967)
Fue su autentica puesta de largo cinematográfica, y tuvo lugar de manos de su marido, el singular y maldito Polanski. Auténtica belleza escultural y modelo profesional, los horrores de la ficción se quedaron pálidos cuando fue asesinada, junto a un grupo de amigos y embarazada, por la familia Manson en 1969.
Ingrid Pitt en La condesa sangrienta (Peter Sasdy, 1971)
Las vampiras de la Hammer en general son un sello del lado mas sexy y erótico del género. De busto generoso, que crece con los colmillos, y sensualidad solo comparable a su sed de sangre, de entre ellas destaca en particular la rotunda Ingrid Pitt, bañada en sangre y dispuesta a no envejecer jamás.
Catherine Deneuve en El ansia (Tony Scott, 1983)
Gelidez y glamour europeos para una película hermosa y maldita, denostada en su día y hoy convertida en genuino clásico de culto gothic y ochentero. Junto a la bella de noche, David Bowie y una espectacular Susan Sarandon, para redondear el espectáculo de sensualidad, sensibilidad videoclipera y erotismo softcore. Una delicia.
Delphine Seyrig en El rojo en los labios (Harry Kumel, 1971)
Una deliciosa y sensual actualización de la historia de la Condesa Bathory, con ecos del Carmilla de Le Fanuu, protagonizada por la estilosa, gélida y hermosa Delphine Seyrig, musa de la Nouvelle Vague y habitual en algunos de los mejores filmes de Luis Buñuel. Pura decadencia y erotismo a la eurotrash.
Monica Bellucci en Drácula (Francis Ford Coppola, 1992)
No se puede decir que tenga un papel excesivamente destacado o largo... pero es absolutamente inolvidable como una de las tres novias de Drácula, totalmente carnal y deseable, con mucho de mitológica Gorgona y más aún de ídolo de la perversidad simbolista y decadente. Y es que la Bellucci es mucho.
Lauren Hutton en Mordiscos peligrosos (Howard Storm, 1985)
Cuando Jim Carrey aún no era famoso e infame, protagonizó esta tonta y resultona comedia de vampiros típica de la época, dando réplica, es un decir, a una vampira de cuidado: Lauren Hutton. Después de comerse a Richad Gere en American Gigoló y a Tom Selleck en Lassiter, Jim Carrey no era más que un aperitivo.
Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer (Robert Rodriguez, 1996)
Mujer de pocas palabras, al fin y al cabo no había mucho romance ni romanticismo en esta delicia vampirica netamente splatter... pero Satanico Pandemonium, que así se hacía llamar, es una vampira inolvidable, sexy y neumática en la tradición de Frazzetta y los cómics del Tío Creepy, cuya danza serpenteante ha pasado a la historia del género.
Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994)
A más de uno debió ponerle los pelos de punta el irresistible pero embarazoso sex appeal de una Kirsten Dunst todavía niña, pero con el lenguaje, el comportamiento y los modales de una vampiresa devoradora de hombres. No sé si hoy se atrevería Neil Jordan a repetir la jugada, pero de entre todas las Lolitas habidas y por haber, ésta es, sin duda, la más peligrosa.
Kate Beckinsale en Underworld (Len Wiseman, 2003)
Después de perseguir vampiros junto a Van Helsing, esta chica descubrió que resultaba más excitante convertirse en una de ellos. Vestida de cuero negro ajustado, con melena oscura y cara de pocos amigos, es más una superheroína que una vampira, pero en cualquier caso nos hace sudar lo nuestro.
TELEVISIÓN CON DIENTES
Pero hoy día, los vampiros sexy triunfan tanto en la pantalla catódica como en la cinematográfica, y no podemos dejar de lado a los que siguen, entre otros.
Alexander Skarsgard en True Blood
Es el vampiro "malo" de la serie y, naturalmente, está mucho más bueno que el vampiro "bueno". Con melena rubia de vikingo desatado o pelo corto y bien peinado, inquietante mirada y decidido a quitarle la novia al protagonista, se ha llevado de calle a la mayoría de las fans de esta saga televisiva, basada en las excelentes novelas de Charlenne Harris.
Evan Rachel Wood en True Blood
Aunque sólo aparece a partir de la segunda temporada, ya ha devorado, casi literalmente, al resto de sus competidoras, convirtiéndose con el personaje de Sophie-Ann en la reina vampira de la serie. Bisexual, ultracalentorra, pelirroja y tremendamente sureña, está para comérsela... aunque más bien te comerá a ti.
Ian Somerhalder en Vampire Diaries
La consideran ya algo así como el Crepúsculo televisivo, y como suele pasar, aunque el protagonista es un vampiro bueno, interpretado por el soso Paul Wesley, el que mola es su hermano malo, Damon, al que le va la marcha y que no se arrepiente para nada de ser chupasangre. El irresistible encanto del mal.
David Boreanaz en Buffy, la Cazavampiros y Angel
Empezó como un ligue de Buffy, esa insaciable cazadora de vampiros que solo encuentra satisfacción en brazos de, precisamente, sus peores enemigos. Pero pronto, su atractivo torturado y romántico le proporcionó toda una serie para él solito, Angel, de casi tanto éxito como Buffy. Y es que Joss Whedon sí sabe de qué va esto.
James Marsters en Buffy, la Cazavampiros
Pero por mucho que guste Angel, nosotros siempre preferimos a Spike. No sólo porque fuera malo, malo, malo y luego le costara mucho, pero que mucho, convertirse en bueno, sino porque además era mucho más divertido. Aprovechando su parecido con el Billy Idol más juvenil y punk, Joss Whedon creo, sin duda, uno de los vampiros modernos más simpáticos e inolvidables.
EL DIRECTOR MAS GUARRO
Pero si de vampiros eróticos sabe alguien, ese es el veterano franchute Jean Rollin. Desde los años 60, este viejo verde ha llenado la pantalla de chupadoras de sangre desnudas y sensuales, en la mejor tradición del cine surrealista más onírico, erótico y descarado. Títulos como Le viol du vampire, La vampire nue, Le frisson des vampires o Les deux orphelines vampires, entre otros, están llenos de fantasía, sexo, alucinación, sexo, surrealismo, sexo, sangre, sexo y sexo.
LA APORTACION NACIONAL
Soledad Miranda en Las vampiras (Jesús Franco, 1971)
Musa del Tío Jess y rostro sensual y fascinante del cine español, Soledad Miranda protagonizó una de las mejores películas de éste, a la que prestó todo su encanto y poder de seducción como la Condesa Oskudar, aunque, eso sí, más en las versiones estrenadas en el extranjero como Vampiros Lesbos, entre otros títulos, que en la recortada y censurada vista en nuestro país. Desgraciadamente, Soledad Miranda vio truncada su vida en un accidente de tráfico en 1970. El Tío Jess encontraría otra musa en su eterna compañera, Lina Romay... pero ya no fue lo mismo.
LA ESCENA MÁS CALIENTE
Sin dudar, la que interpretan a dúo y bien compenetradas, Susan Sarandon y Catherine Deneuve en El ansia. Y si no, juzgar por vosotros mismos.
buen reportaje... el apolíneo y purpurinoso Edward Cullen chirría entre tanto clasicazo
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