Hay comedias y tragedias, y humor, sarcasmo, sátira y crítica social. La vida en tiempos de guerra es todo...

Roman Polanski: las mujeres del genio
Por Rubén Lardín
AVISO: Algunas imágenes y vídeos de esta sección son de contenido erótico. Prohibido el acceso a menores de 18 años.
Le acaban de conceder el premio al mejor director en Berlín por su última película, El escritor, pero no ha podido ir a recogerlo porque permanece sometido a un arresto domiciliario desde que el pasado 27 de diciembre las autoridades de Suiza, amparadas en su independencia europea, resolvieran detener a Roman Polanski por una causa abierta hace más de treinta años.
Pendiente de una posible extradición a California, podemos decir que el talón de Aquiles más visible de este francés de ascendencia polaca han sido siempre las mujeres. Multitud. Ellas en sí mismas o lo que conllevan, lo que traen y lo que quitan. Sean musas, lamias o un traspié. Polanski, que siempre se ha reconocido de naturaleza infiel y así lo ha dicho siempre con ese inglés menudo suyo tan preciso cuando se trata de lo femenino, sigue pareciéndonos uno de los más grandes directores vivos y uno de los de mejor gusto. Es por ello, y sin acritud ninguna, que ahí van cuatro perfiles de algunas de las señoras clave en la vida del genio.
LAS PRIMERAS VECES
Polanski se casó por primera vez con 26 años. Fue con Barbara Kwiatkowska (más tarde Barbara Lass). Ella tenía 19 años y era la actriz de algunos de sus cortos (Dos hombres y un armario y Cuando los ángeles caen). Se casó con ella porque era algo que entonces se hacía mucho, pero el matrimonio duró apenas tres años: «Mientras rodaba El cuchillo en el agua (1962), siempre que llamaba a Barbara a su hotel de Roma, el Parioli, no conseguía encontrarla. Tenía la extraña sensación de que el recepcionista se mostraba deliberadamente evasivo. Y entonces alguien me envió un recorte de una revista en el que aparecían ella y Gillo Pontecorvo…»
Mucho antes, a sus 17, Polanski había dejado atrás su paño de pureza con una espabiladísima chica de 14 años, con el convencimiento de que el mantener relaciones sexuales le haría crecer en estatura. «Tuve mucha suerte. No perdí la virginidad con una vieja prostituta como muchos de mis compañeros de Cracovia, sino con una chica mucho más experta que yo. Al terminar me sentí alborozado, pero no experimenté ninguna emoción especial. Lo que más deseaba era estar solo».
AMOR INMORTAL
Por lo mitológico del asunto, muerta Sharon Tate (embarazada de 8 meses) a manos de la tropa de Charles Manson en la madrugada del 9 de agosto de 1969, podría decirse que aquel estaba siendo el primer gran amor en la vida de Polanski. La actriz, de 27 años, anatomía espectacular y belleza algo quebradiza, llevaba un año casada con el director, con quien había rodado El baile de los vampiros (1967). Venía de hacer pequeñas incursiones televisivas antes de ganarse el crédito de la industria cinematográfica con su papel en El valle de las muñecas (Mark Robson, 1967), aunque su ocupación primera era el modeleo para portadas. Su sesión más recordada, no tanto por indumentaria sino por talento, sigue siendo la que el mismo Polanski le hizo para Playboy en el número de marzo de 1967. El pasado diciembre de 2009, la casa de subastas Christie’s vendió por 11,250 dólares el famoso retrato que el fotógrafo David Bailey tomó a la pareja hace cuarenta años.

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LO BAILAO
Polanski tenía 45 años y Nastassja Kinski 18 cuando rodaron Tess (1978), la adaptación de la novela de Thomas Hardy. Antes ella se había desnudado parcialmente en el papel mudo pero capital que incorporó en París, Texas (Wim Wenders, 1974) y absolutamente para la Hammer en La monja poseída (1976) o para Mastroianni en Así como eres (Alberto Lattuada, 1978). Polanski, con maneras de sentimental, la desnudó para otro reportaje en Playboy, y cuentan que se liaron. Un pequeño idilio. Poca cosa. Polanski no suele hacer mención. Nastassja Kinski es uno de los animales más terriblemente hermosos que ha dado el cine, pero es cierto que da el tipo de personita insustancial.


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LA TEMPLANZA y EL ARDOR
Emmanuelle Seigner se casó a los 23 años con un Polanski de 56 que la lució magra en Frenético (1988) y mucho más apetecible en Lunas de hiel (1992), y han venido siendo felices desde entonces, relajándose en Ibiza, grabando ella discos wannabe con su banda Ultra Orange (¡versionando a Mia Farrow!) o en solitario, recientemente, con Dingue, donde se pone la chanson por montera y colabora con titanes como Iggy Pop.
Desde nuestro punto de vista, y si bien no es la más guapa de este censo, Emmanuelle va a robar siempre el plano a quien sea y como quien no quiere la cosa, con esos ojos de indolencia, la mirada un poco turbia y dañada tan adecuadamente. Es imposible fijar la vista en otra parte cuando está ella en pantalla.

FLASHBACK: EL DESLIZ
Este parágrafo debería ir entre paréntesis porque más que un amorío es una cuestión de tribunales, de prensa y de correveidiles, pero, nos guste o no, la “relación” de Polanski con Samantha Gailey ha resultado trascendente en la vida de ambos y, a este paso, hasta que la muerte los separe. La historia es bien sabida. Vogue le propone hacer unas fotos a chicas adolescentes. «Un proyecto interesante porque me gustan las niñas de esta edad y a las niñas de esta edad, por algún motivo, les gusto yo» Contacta con Samantha, que por entonces cuenta 13 años. Le hace unas fotos y le pide que se quite la blusa, por estar más cómodos, por el arte en sí mismo. En una segunda sesión, en la finca de Jack Nicholson en Mullholand, la fotografía bebiendo champán en topless en un jacuzzi. Y ya que está, se baña con ella. Le ofrece unos sedantes para calmar el asma que aduce la chica y, en fin, se busca la ruina. Se cuenta que Angelica Huston, por entonces la novia de Nicholson, irrumpió en la sesión y pidió explicaciones. «Estoy haciendo una sesión de fotos para Vogue», respondió Polanski arremangado.
Estamos en 1977. Los avatares del juicio posterior, donde se le acusó de relaciones sexuales orales con una menor, violación con uso de drogas, perversión, estupro y sodomía, se explican de manera tendenciosa pero reveladora en el documental Roman Polanski: Wanted and Desired (Marina Zenovich, 2008), donde se pone en juego la megalomanía de un juez. El director sólo admite la acusación de «mantener relaciones con una menor» y aprovecha un permiso para buscar localizaciones en Tahití (preparaba entonces Huracán, que finalmente dirigiría Jan Troell) para darse una vuelta por Munich, donde es visto tomándose unas cañas rodeado de chavalas.

La foto da la vuelta al mundo y aviva la ira del señor juez, que le ordena una estancia de noventa días en la prisión de Chino, de donde sale con informes favorables. Hastiado de la presión de los medios se fuga a París, de donde no podrá ser extraditado por ser ciudadano francés, y allí se instala para los restos. En septiembre de 2009 acude a Zurich a recoger un premio honorífico y, en el mismo aeropuerto, los suizos, con su chulería, le trincan por la espalda. Y hasta hoy.

EN FIN
Hay más mujeres, en la vida de Polanski, unas cuantas.
Que sepamos, no mantuvo relación ninguna con Catherine Deneuve, cuando la retrató como hembra de 22 años profundamente afectada por el hecho masculino en Repulsión (1965). Ni con Mia Farrow, que tenía también 22 años y un marido como Frank Sinatra, avizor y señalando con el dedo durante todo el tiempo que duró el rodaje de La semilla del diablo (1968). Quizás no hubo ayuntamiento pero ambas también deberían considerarse mujeres de Polanski.
Hay muchas más mujeres en su vida pero no está el horno para bollos.
AVISO: Algunas imágenes y vídeos de esta sección son de contenido erótico --> no será la primera... no había otra foto de Polanski? juas!
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