Gerard Damiano: el vídeo mató a la estrella del porno

 

REPORTAJE

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Gerard Damiano: el vídeo mató a la estrella del porno

Por Valentín Vañó

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Hoy, para rodar una porno, basta con un actor/operador que sostenga una cámara mientras penetra a la actriz, pero hubo una época en las que se rodaban como las películas convencionales: con director, equipo, líneas de diálogo y claqueta; con montaje y banda sonora original. Gerard Damiano es quizás el más representativo de los cineastas que soñaron con un cine X hedonista y narrativo.

Guionista y realizador de Garganta profunda, sus películas son ejercicios de cine libre donde el sexo explícito se integra en la trama con la misma naturalidad que en la vida. Damiano, además, es un autor relevante al repasar la historia del medio por su afán de independencia creativa, por su insistencia en mantenerse al margen de las estructuras industriales de los grandes estudios. «El único motivo por el que mis películas son pornográficas es porque en aquel entonces ese era el único género en el que podía trabajar un director independiente», explicaba Damiano en El otro Hollywood (Es Pop, 2008).

Se publica estos días Gerard Damiano. El pornógrafo indie (Editorial Cocó), un ensayo biográfico del periodista Paco Gisbert sobre el veterano cineasta. Con una fluida prosa periodística, Gisbert mezcla en sus capítulos la narración de los hechos que rodearon el rodaje de las películas más significativas de Damiano con el análisis de sus valores cinematográficos. Para Gisbert, Damiano es el primero y el último de una especie. Ni siquiera en el actual porno para mujeres encuentra auténticas resonancias de su legado, porque en el porno clásico, que Damiano ejemplifica tan bien, lo narrativo era esencial. En ese sentido, Gisbert encuentra ciertas herencias en películas puntuales del cine convencional actual, anómalas de hecho por su sexo explícito, como Los idiotas de Lars Von Trier, Nine Songs de Michael Winterbottom o Short Bus de John Cameron Mitchell.

- Tú sientes simpatía por Damiano y por su visión del porno. Damiano pensaba que, en el futuro, el cine convencional y el porno se fusionarían. La realidad es que ha ocurrido todo lo contrario. ¿Te hubiera gustado que se cumpliese esa visión?
- El porno le gusta a todo el mundo. Cuando yo empecé a profundizar en el porno, descubrí que además del sexo había algo más; encontré valores cinematográficos. Ahora esos valores ya no existen, pero en la época de Damiano eran frecuentes. Entonces las películas X eran cine y además tenían sexo explícito, un valor añadido. Por ejemplo, al principio los actores eran profesionales; eran actores que venían del teatro independiente.

- ¿Era tan importante para Damiano su libertad creativa?
- Antes de Garganta Profunda, Damiano había hecho películas independientes, sin demasiadas ambiciones. Cuando el cine porno se legaliza en Estados Unidos, sólo se hacían los llamados loops, que eran cortos de unos diez minutos, que consistían en una anécdota mínima que introducía una escena de sexo. Entonces a un productor de la época, Butchie Peirano, que era un conocido mafioso, se le ocurrió que podrían hacer un largometraje. Como hasta entonces el único que había hecho largometrajes era Damiano, lo contrataron. Damiano rodó Garganta Profunda, que fue un gran éxito, y a partir de entonces, ese éxito le permitió hacer las películas que él quería hacer. Se pasó 12 o 13 años rodando películas en 35 mm con una factura similar a las de las películas convencionales, con fotografía cuidada, montaje, música, y un equipo de rodaje de unas 15 personas.

 

- Y en los ochenta llega su periodo de decadencia.
- Sí, llegó con el vídeo. A partir de los años 84-85 se generaliza el formato de vídeo en todo el mundo. En lugar de ir a las salas, el público puede ver el porno en su casa gracias al magnetoscopio. Esto supone una revolución para el sector porque los productores se dan cuenta de que pueden filmar las películas directamente en vídeo y que no tienen ni que positivar. Es mucho más barato. A partir de entonces, el porno se hace en vídeo, y esto supone la decadencia para Damiano y para otros como él, gente que había hecho cine toda su vida. Hasta ese momento las películas costaban entre 30 y 40.000 dólares, pero de repente se podían hacer por 3.000, con lo cual se suprimen todos los elementos cinematográficos: guión, montaje, música, fotografía. Damiano vivió los diez últimos años de su carrera con esa decadencia, que es realmente la decadencia del porno como género.

- ¿Cuáles son tus películas favoritas de Damiano?
- Me gustan tres. Me gusta El diablo en la señorita Jones (1973), que es una revisión en clave pornográfica del existencialismo de Jean-Paul Sartre; una película espléndida, rodada en pocos días pero con una carga filosófica y sexual maravillosa. Me gusta también Historia de Joana (1975), que es una adaptación de la novela Historia de O y que puede considerarse como el prototipo de la película sobre sadomasoquismo en el porno convencional. Y también me gusta Skin Flicks (1978), una película inencontrable, parcialmente autobiográfica, que es la historia de un director de cine porno que quiere hace cine convencional y que se encuentra con todo tipo de obstáculos. Skin Flicks contiene mucho de lo que era la vida de Damiano a finales de los setenta.

 
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