REPORTAJE

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El huracán Bigelow

Por Jesús Palacios

La industria cinematográfica ha sido y sigue siendo, fundamentalmente, un mundo de hombres, guste o no guste… Por eso resulta tan sorprendente y estimulante una figura como la de Kathryn Bigelow, que no solo es una de las realizadoras más destacadas de las últimas décadas sino que, para colmo, es también el mejor director de cine de acción del cine moderno. Junto a los nombres ya míticos de Fuller, Aldrich o Peckinpah, al lado de otros hoy prácticamente desterrados de la primera línea de Hollywood, como Walter Hill o John Milius, Kathryn Bigelow se erige como una artista que ha sabido entender y penetrar el violento imaginario viril del cine de acción, llevándolo hasta sus últimas consecuencias y mostrando también sus fantasmas y debilidades, su Lado Oscuro. Después de un tiempo de destierro, ha vuelto con En tierra hostil, para demostrar que nunca hay que mandar a un hombre a hacer una película viril… si tienes a mano a Kathryn Bigelow.

 

EL ARTE DE LA GUERRA
No solo es alta, delgada y de equina belleza a lo Red Sonja, para fastidio de quienes piensan que todas las directoras de cine tienen que ser como Isabel Coixet, sino que, para colmo, es pintora y artista destacada, curtida en las arenas del Whitney Museum y el California Arts Institute, y eso se nota, tanto en su buen gusto para el encuadre como en su afición a deconstruir ferozmente la planificación tradicional del cine americano. Pero lo mejor de esta guerrera del celuloide, que ha tenido, como todas las directoras, que superar innumerables obstáculos para situarse en el mundo del cine, es que, en lugar de pretender cultivar una mirada exclusivamente femenina y, sobre todo, de querer mostrar el mundo de las mujeres, interior o exterior, ha hecho lo que la mayoría de las mujeres inteligentes –especialmente si son heterosexuales- hacen o deberían hacer: fijar su atención en el sexo opuesto. El hombre. Esa criatura en decadencia, emasculada y llevada a la impotencia por siglos de adiestramiento, que se revuelca en las sublimes y obscenas, excelsas y ridículas fantasías viriles que conforman su imaginario masculino moderno y que, curiosamente, Kathryn Bigelow entiende mejor que nadie.

Así lo demostró, tras un corto experimental consagrado ya al tema de la violencia y titulado The Set-Up (1978), con su primer largo, The Loveless (1982), co-dirigido por Monty Montgomery, pero que mostraba ya su fina penetración en la mentalidad masculina al retratar con mirada europeísta, gélida y objetivista, el mundo de los moteros, cultivando su imaginería fetichista y filogay con exquisito buen gusto, y contando con un hipnótico Willem Dafoe como protagonista. Un clásico del género comparable al Scorpio Rising de Kenneth Anger, aunque situado en sus antípodas estilísticas.

 

AMISTADES PELIGROSAS
En la segunda mitad de los años 80, Bigelow inicio una intensa y productiva asociación con otro joven realizador y guionista, lleno de potencial y vigor, Eric Red. Producto de esta peligrosa amistad fue una de las cumbres del cine de vampiros moderno, bajo cuya alargada sombra todavía seguimos viviendo: Los viajeros de la noche, cuyo remake amenaza con llegarnos el año que viene.

Potente combinación de western crepuscular, terror y romance, Los viajeros de la noche ponía en escena a una banda de vampiros desperados y polvorientos, capitaneados por Lance Henriksen, que bien podrían haber pasado por personajes de Peckinpah o Walter Hill, al tiempo que abordaba la vampirizacion como infecciosa metáfora del SIDA, sin carecer por ello de cierto regusto romántico. Una orgía esteticista de sangre y tiros, retrato épico del fin de una raza, verdadera tragedia moderna de la América Gótica.

En 1989 vendría Acero azul, una suerte de austero, metálico y fetichista remake, urbano y heterosexual, de Carretera al infierno, el filme que había dirigido Robert Harmon poco antes, con guión del propio Eric Red.

Red escribía también esta historia de policía guapa y dura como la propia Bigelow, interpretada por una más que apropiada Jamie Lee Curtis, acosada por un yuppie psicópata, obsesionado con su revolver fálico y cargado de muerte, que mostraba de nuevo la inteligente y penetrante percepción que la directora tiene de los fantasmas fetichistas masculinos y sus fantasías de poder y dominación.

Bigelow y Eric Red no volverían a formar equipo hasta Undertow (1996), una producción directamente para TV, y tanto Red como el director de Carretera al infierno -también victima de un reciente remake-, han acabado trabajando fundamentalmente para la televisión y el directo a vídeo, a pesar de otros títulos de interés como Cohen & Tate o Cuerpo maldito en el caso del primero, o el simpático vehículo para Van Damme Ganar o morir en el de Harmon.

 

ADRENALINA PURA
Pero a pesar de títulos tan destacados y francamente espectaculares, todavía tenía la Bigelow que dar su do de pecho en el género de acción. Lo consiguió, haciendo historia, con Le llaman Bodhi, un impactante thriller que lanzó a Keanu Reeves al estrellato y se convirtió en la mejor película del difunto Patrick Swayze.

Nuevamente, una historia de desperados y salvajes vikingos modernos, anarcosurfistas con ínfulas zen, dispuestos a todo no tanto por el botín como por la subida de adrenalina que el riesgo y la violencia les propicia. Amistades viriles, honor varonil y las escenas de surf, persecución y acción más brutales, sofisticadas y estilizadas vistas en un thriller de Hollywood en muchos años. Kathryn Bigelow se había consagrado ya como el tío más duro del negocio, haciendo babear a uno de los productores de Le llaman Bodhi… 

 

TERMINATOR ES UNA MUJER
Y es que ¿con quién iba a hacer mejor pareja una cineasta como la Bigelow que con el papá de Terminator? Efectivamente, entre 1989 y 1991, el creador de éxitos como Titanic o la reciente Avatar, aficionado siempre a las dominatrix –entre sus esposas se cuentan también la productora de filmes de horror y ciencia ficción Gale Anne Hurd y la actriz Linda Hamilton-, fue también marido de Kathryn Bigelow, y productor y guionista de su única película de ciencia ficción hasta la fecha, Días extraños.

Explosiva e inteligente combinación de cine negro, cyberpunk milenarista y denuncia social, cuyo punto mas débil quizá sea, precisamente, el guión, confirmó a Bigelow como una estilista del género, espléndida también a la hora de dirigir actores y de crear ambientes urbanos opresivos y ominosos.

Pero las influencias en el matrimonio Bigelow/Cameron no fueron en una sola dirección, y no creo llamarme a engaño si en algunos momentos de Terminator 2, especialmente en la parte del desierto, con sus contrabandistas de armas, la extraña amistad entre Linda Hamilton, su hijo y el Terminator, así como el conflicto moral a la hora de cargarse o no al padre de Skynet para evitar la guerra futura, adivino la descarada inspiración visual y temática de la entonces esposa del director.

 

AÑOS OSCUROS
Tras el relativo e injusto «fracaso» de Días extraños, llegaron los años más oscuros para nuestra valkiria cinematográfica. Centrándose fundamentalmente en trabajos para la televisión, su siguiente película estrenada, El peso del agua, fue todo un cambio de registro.

Un thriller psicológico al borde del melodrama, protagonizado por mujeres, donde la acción brillaba por su ausencia, pero que dejó claro que la Bigelow también sabía dirigir historias más sutiles, femeninas y claustrofóbicas… Aunque, en este caso, algo insatisfactorias. Fuera por salirse del mundo de acción y hombres que le es característico, o por no llegar tan lejos como parecía apuntar, El peso del agua se hundió por su propio peso en el olvido, sin pena ni gloria.

Un submarino nuclear soviético averiado, capaz de desatar un desastre atómico en plena Guerra Fría. Dos militares rusos enfrentados entre sí por el mando de la nave. Una tripulación de hombres atrapados luchando a vida o muerte… El escenario de K-19 parecía ideal para una directora como Kathryn Bigelow, y, sin embargo, pese a su dirección firme y eficaz, su tono objetivista y gélido, este submarino nuclear al borde del ataque de nervios no acaba de salir a flote, precisamente por la que debía ser su mayor baza: el protagonismo de Harrison Ford y Liam Neeson, que convierten la película en su propio show, y la hunden poco a poco en un duelo de estrellas sin demasiado interés.

 

(ANTI)HAZAÑAS BELICAS
Así que, de vuelta a la televisión y hasta al cortometraje publicitario –el delirante Mission Zero en 2007, con una Uma Thurman a lo Kill Bill-, Kathryn Bigelow desapareció nuevamente del panorama durante unos añitos.

Hasta ahora. En tierra hostil no es solo un proyecto sumamente personal de la propia directora, su última palabra respecto a la guerra y a la Guerra de Irak en concreto, sino también un retorno al mundo que mejor entiende: el de las pasiones viriles, los conflictos masculinos y, sobre todo, la sociopatía del héroe en estado puro. Porque de eso trata En tierra hostil, de los hombres que aman la guerra, que no pueden vivir sin ella y que, de hecho, son guerra en sí mismos. De eso trata todo el cine de Kathryn Bigelow. 

LA TEORÍA DEL BERSERKER
El Sargento William James, espléndidamente interpretado por Jeremy Renner, es el último antihéroe de Kathryn Bigelow. Un adicto a la adrenalina, que solo vive cuando está al borde de la muerte… Y cuya obsesión pone también a sus compañeros en peligro constante.

Representa la última encarnación del berserker, el guerrero poseído por el espíritu salvaje de la lucha misma, que se ponía el frente de las tropas vikingas, con su piel de oso y la cara pintada, lanzándose contra el enemigo en un frenesí suicida, sin importarle su vida y segando con furia las de quienes se ponían por delante. Es el espíritu kamikaze nipón, el amok de los guerreros malayos… Todo el cine de Kathryn Bigelow gira en torno a este personaje, a su fascinación mortal y su ambigüedad esencial. Berserkers son los motoristas, pura cultura de la frontera americana, de The Loveless, con sus cazadoras de cuero sustituyendo a las pieles de oso, y sus duelos rituales de machos dominantes. Berserkers son los vampiros desperados de Los viajeros de la noche, como lo son los surfistas ladrones de bancos de Le llaman Bodhi, todos ellos dispuestos a morir antes que a entregarse. Guerrero suicida y solitario es también, en clave noir, el Johnny Nero que interpreta Ralph Fiennes en Días extraños. Berserker es el psicopático Ron Silver de Acero azul, a quien su arma convierte en instrumento de muerte consagrado a un dios desconocido…

Todos ellos han encontrado en Kathryn Bigelow su Homero femenino, capaz de comprenderlos y mimarlos, pero también de hacernos entender que la misma materia de que están hechos los héroes es aquella de la que nacen los monstruos. Que nada es tan sencillo en el cine de acción como nos gusta pensar a los hombres. Y tenía que ser una mujer quien nos lo mostrara, cara a cara.

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