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Para exploradores de relaciones laborales turbias
Una joven recientemente dada de alta en un hospital psiquiátrico consigue trabajo como secretaria de un abogado con el que empieza una relación de tintes sadomasoquistas.
La protagonista iba a ser, originariamente, Gwyneth Paltrow.
Para las tareas complicadas físicamente, como el levantamiento de objetos pesados se contempló el uso de un doble para la protagonista, pero la actriz no lo necesitó.
La canción qe suena al final de la película, "Chariots Rise" de Lizzie West, tenía una verso que no gustaba al director, así que West la regrabó para que pudiera estar e el film.


Lo más sorprendente de Secretary es su facilidad para trascender la excentricidad de su planteamiento (la historia de amor entre una aficionada a la automutilación y un abogado pulcro y maniático, que solo habla el idioma del sadomasoquismo) para tratar de cerca las dificultades de relación entre dos especies, hombre y mujer, que tienen en común su alergia al dolor.
Hay mucho aire de ese cine “indie” que proliferó en los años ochenta y noventa y que ahora parece amansado, inocuo. El diseño de producción, minimalista y casi barroco, de Amy Danger (bonito nombre…) induce a ello, aunque la dirección artística de las oficinas de Grey es soberbia y está cuidada al detalle.
Una idea atrevida que fácilmente podría haberse deslizado inintencionadamente a la comedia o la explotación...