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Para quienes crean que la realidad supera a la ficción
Un estafador de poca monta tiene un accidente de coche que le lleva a replantearse su orientación sexual al conocer a un atractivo joven llamado Philip Morris.
Basado en la historia real de Steven Jay Russell.
Se estrenó antes fuera de EE.UU. que en su propio país. Para cuando llegó el estreno USA, ya había recuperado todo su presupuesto.
Para lograr ser estrenada en USA, la película tuvo que ser remontada, suavizando el contenido gay.
Jim Carrey se hizo un nuevo corte de pelo a propósito para dar la impresión de que su personaje fuera un hombre muy cerebral.


La acostumbrada bipolaridad de Jim Carrey funciona a pleno pulmón, otorgando a su rol una amplitud de registros fiel a su espíritu camaleónico. Es en los ojos enamorados de McGregor, que logra que la desesperada inocencia de su trabajo interpretativo sea creíble cuando todo lo que ocurre a su alrededor parece increíble, donde reside el corazón del relato.
Gracias a una historia real, la de Steven Russell, un estafador homosexual que idea planes magistrales para vivir a todo trapo, fugarse de la cárcel o lo que sea menester, el dúo Ficarra-Requa (guionistas de la estupenda Bad Santa) ha logrado algo muy difícil: camuflar bajo la apariencia de convencional una película que no lo es en absoluto.
En la médula de esta película anida una lectura sobre la transgresión. Ahí es nada apostar como héroe modélico por un ser detestable. Pero Ficarra y Requa no parecen muy interesados en explorar temas profundos y se limitan a la confección de una comedia festiva, luminosa y a ratos muy caricaturesca. Pero está competentemente fabricada, el ritmo no decae y los giros imprevistos (el golpe de teatro mayor se reserva para el desenlace) son francamente de agradecer.