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Para amantes del catastrofismo hi-tech
Un metereólogo descubre que se va a producir un salvaje cambio climático que conllevará desastres en todo el mundo. Decide llegar hasta Nueva York para contactar con su hijo.
Emmerich sabía que la Estatua de la Libertad no aguantaría el envite de la cantidad de agua que se ve en la película, pero le agradaba mantener el símbolo.
La elección de Kenneth Welsh como presidente fue polémica por su parecido físico con el entonces vicepresidente Dick Cheney.
La Cruz Roja colocço stands en los cines donde se estrenó la película con consejos acerca de como actuar en caso de tornados, inundaciones, etc.
Jake Gyllenhaal orinó en el tanque del agua con el que se rodó la secuencia del tsunami


En El Día de Mañana, bajo la superficial capa de heroísmo familiero, subyace un heroísmo supervivencialista, basado en la lucha, el individualismo y la resistencia. El ecologismo, siempre tan próximo al catastrofismo apocalíptico criptofascista, funciona como catalizador y disimulo de este mensaje característicamente germano, y el happy end hace olvidar que para Emmerich no importan los millones de muertos, sino solo la superviviencia de la raza humana.
El cine catastrofista reapareció en nuestras carteleras desde que en 1996 dicho género, que tantos réditos obtuvo en los setenta con "La aventura del Poseidón", "El coloso en llamas" o "Terremoto", nos deslumbró con el apoteósico éxito de "Twister" e "Independen-ce Day". Desde entonces, fracasos como "Volcano", "Un pueblo llamado Dante's Peak" o "Daylight (Pánico en el túnel)" se han al-ternado con apabullantes victorias en la taquilla, como las de "Deep impact" o "Armageddon".
Con El día después de mañana, Emmerich volvió a satisfacer ese apetito. Y así llega, via estreno mundial y campaña publicitaria masiva, este nuevo tanque hollywoodense sobre un apocalipsis ahora resultado de los cambios climáticos provocados por la mano del hombre. Tormentas, huracanes y tifones marcan el comienzo de una nueva era glacial. “¡Ñam, ñam!”, se relame Emmerich, que manda cuatro ciclones simultáneos para destruir Los Angeles (y arrancar de cuajo el emblemático cartel de Hollywood), mientras en la costa oeste la Gran Manzana se inunda y queda semisepultada en la nieve.