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Para personas que se encuentren en los rincones perdidos
Benito Lacunza, un trompetista de tres al cuarto, un crápula y un holgazán desastrado que va por la vida dando tumbos, vuelve a su pueblo natal en Navarra para asistir el entierro de su padre. Allí se entera de que su bondadoso hermano Lalo, apodado "el Hierros" porque se dedica a hacer esculturas con chatarra, está a punto de casarse. Su novia es Nines, una madre soltera prematuramente castigada por la vida, a quien Benito conoce de sus juergas adolescentes. Así que lo primero que se propone es librar a su hermano de Nines, pero no cuenta con Ainara, la hija de ella, una niña rebelde e introvertida con quien Benito acabará trabando una insólita amistad.
Arrasó en el Festival de Málaga el año de su estreno (mejor película, director, actor y guión novel) y Alberto San Juan logró el Goya al mejor actor.
La producción corre a cargo de Fernando Trueba, que pensó rápidamente en su amigo Viscarret para dirigir el film tras leer El trompetista del Utopía, de Fernando Aramburu.
Aunque Alberto San Juan ganó buena parte de los premios nacionales de cine por esta película, supuso el lanzamiento definitivo en su carrera como actor para Julián Villagrán, el personaje más emblemático de la historia.
La película se rodó en Navarra, lo que implicaba serios problemas para el equipo técnico debido a su inestable climatología. Finalmente, muchos de aquellos cielos encapotados fueron aprovechados para las escenas musicales por el director de fotografía, aunque parte del equipo quedara inservible.


Queríamos que pudiera ser una fábula universal. Se desarrolla en Navarra, en un pasado reciente indeterminado, pero no es una historia localista.
una comedia con tintes dramáticos dotada de una insólita poesía visual, enraizada en el desamparo personal y social, y de un sentido del humor que, partiendo de la cotidianidad, aterriza en la singularidad, previo paso por un excitante candor.
Una crónica de perdedores simpáticos con sabor a cine de antes