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'Molly's Game' y Aaron Sorkin en VOD

03/01/2018-Películas recomendadas, Trailers / Avances, Reportajes, Crítica 'Molly's Game' y Aaron Sorkin en VOD
Aaron Sorkin comenzó su carrera como dramaturgo y pronto tuvo un gran éxito que no tardó en ser trasladado en pantalla, Algunos hombres buenos, una película muy representativa del cine de los años noventa. Después, siguió escribiendo guiones hasta que el medio televisivo acabó convirtiéndolo en un icono de los últimos años con seres como El ala oeste de la Casa Blanca o The Newsroom. Sorkin es sinónimo de guiones incisivos, de miradas críticas, de diálogos inteligentes. Ahora se estrena como director con Molly's Game, la cual representa lo mejor y lo peor de Sorkin.

Tras, en 1992, adaptar su obra de teatro para Algunos hombres buenos, que dirigió Rob Reiner, Sorkin siguió como guionista en películas como Malicia o El presidente y Miss Wade antes de crear las series Sports Night y El ala Oeste de la Casa Blanca, con las que tuvo un prestigio popular, situándolo en un lugar privilegiado dentro del medio televisivo como un creador culto, inteligente y crítico. En 2007 escribe para Mike Nichols La guerra de Charlie Wilson y en 2010 La red social para David Fincher, por la que gana el Oscar al Mejor Guión Adaptado, al cual vuelve a ser candidato por su siguiente libreto en 2011, Moneyball: Rompiendo las reglas, de Bennette Miller. Tras volver a televisión con The Newsroom, regresa al cine en 2015 con Steve Jobs, realizada por Danny Boyle.



Molly's Game puede verse como una suerte de cuarta pieza tras las películas de Fincher, Miller y Boyle en tanto a que Sorkin sigue indagando no solo en sucesos reales y girando su guion alrededor de un personaje muy particular, también porque supone un acercamiento a la contemporaneidad económica y a algunas de sus lacras. En esta ocasión, Molly Bloom, interpretada por Jessica Chastain, quien fue bautizada por la prensa como la 'princesa del juego', una mujer que tras haber visto su carrera como esquiadora truncada, se marchó a Los Angeles para reemprender su vida y acabó ganando una fortuna gracias a las partidas de poker que organizaba y que acabó relacionándola con la mafia rusa, lo cual conllevó su arrastro y juicio.

La película de Sorkin aparece mediada en dos. Por un lado, una primera parte en la que la modulación entre voz en off e imagen funciona. Arranca de manera vertiginosa, inventiva incluso, para dar habida cuenta no solo de la situación personal de Molly sino también del contexto social, político y económico en el que se mueve, todo bien establecido sin necesidad de enfatizarlo, dejando que el discurso quede soterrado como punto de arranque. Con idas y venidas en el tiempo, Sorkin parte de un presente ficcional, el comienzo de los preparativos del juicio junto al abodago que ha contratado, interpretado por Idris Elba, y diversos flashbacks que buscan ampliar el acercamiento al personaje. Todo funciona más o menos bien hasta que la película acaba perdiendo fuerza y creatividad, agotándose por sí misma, como si Sorkin decidiese abrazar lo convencional visual para, de ese modo, dejar que sea la palabra quien vaya narrando.



Así, durante esa posible segunda parte, todo acaba siendo una sucesión de conversaciones, eso sí, de diálogos muy bien perfilados e ingeniosos que se resuelven de manera rutinaria. Si antes de eso la voz en off constante resultaba agotadora, al menos, había algo en las imágenes a lo que aferrarse. Pero a partir del momento en que eso desaparece, Molly's Game se convierte en una película meramente enunciativa a partir de la palabra, dejando todo bien claro de manera verbal y anulando todo atisbo de creación visual. Sumando a esto las más de de horas de duración, la ópera prima de Sorkin fracasa debido, precisamente, a un exceso de sus virtudes, las cuales Fincher, Miller y Boyle habían logrado aplacar gracias al trabajo visual, cada uno a su manera, que ampliaba y enriquecía la mirada de Sorkin.

Evidentemente, la película tiene virtudes, especialmente Chastain, quien comprende el personaje y lo interpreta de manera prodigiosa en todos los aspectos, verbales y físicos. También la capacidad de Sorkin para transmitir un mundo económico -y por tanto social y político- surgido en la crisis que aparece en los márgenes de la historia, a veces más intuido que mostrado. El problema es cuando al final Sorkin debe cerrar la historia y, por supuesto, y aunque se basa en hechos reales, tomar una posición. Se entiende entonces que ha usado a Molly Bloom como objeto para hablar de algo más general, sin embargo, las intenciones acaban ahogadas por un final un tanto apresurado en el que la cierta ironía crítica que contiene, se puede confundir con una extraña ambigüedad condescendiente y en exceso discursiva. En cualquier caso, una buena película con una enorme Chastain que sostiene de manera brillante la película y a su personaje y que, en conjunto, muestra que Sorkin tiene, sin duda alguna, una buena carrera como director por delante. 

Israel Paredes

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