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Estreno en VOD: 'El Sr. Wakefield', de Robin Swicord

11/09/2017-V.O.D., Crítica Estreno en VOD: 'El Sr. Wakefield', de Robin Swicord
Las primeras imágenes de El Sr. Wakefield, durante los títulos de crédito, vemos a Howard Wakefield (Bryan Cranston) de regreso a casa tras el trabajo, tomando el tren en la estación y moviéndose ente la masa informe del resto de viajantes y el frenesí del ritmo diario. Son imágenes que no resultan del todo novedosas, y sin embargo, la directora, Robin Swicord, crea un montaje con la ayuda de la música de Aaron Zigman –que recuerda vagamente a ciertas composiciones de Bernard Herrmann- que otorga un carácter de misterio, de thriller, bajo la forma de un drama familiar lleno de humor negro.

El Sr. Wakefield, segundo largo de Swicord, adapta el relato corto homónimo de E. L. Doctorow, el cual, a su vez, estaba basado de manera libre en otro cuento del mismo nombre de Nathaniel Hawthorne. Swicord, también guionista, ha tomado el texto de Dcotorow de manera muy literal a la hora de estructurar su película. Del mismo modo, ha mantenido la primera persona del relato, con una narración constante en voz en off de Wakefield, quien se convierte en el agente narrador de la película: vemos todo a través de sus ojos. Aunque la cámara sigue sus pasos, es su voz quien completa las imágenes mientras escuchamos sus pensamientos. Es posible ver esta decisión algo discutible debido a que el abuso de Swicord de la voz puede en algún momento anular el poder de la imagen para transmitir algunas ideas que vienen dadas por el relato oral; sin embargo, la directora crea, en realidad, dos capas de significado con ello: lo que vemos y lo que escuchamos. En ocasiones, lo que Wakefield piensa puede corresponderse con lo que ve, pero, en otras, asistimos a sus contradicciones internas con respecto a sus deseos.



Retomando el comienzo, El Sr. Wakefield puede que no esconda ningún misterio, o sí, pero no desde luego en la manera en la que se suele concebir un thriller. Pero la extrañeza de la decisión del protagonista de recluirse en el desván colindante a su casa para ‘desaparecer’ del mundo, en un principio como un ‘juego’ para castigar a su mujer, posee de por sí inquietud, tanto más cuando las semanas se prolongan y no sabemos qué podrá suceder. En caso de que, en verdad, tenga que acontecer algo. Ese tiempo viene dado por la mirada de Wakefield, quien observa a su mujer, Diana (Jennifer Garner) y a sus dos hijas, mientras vive con lo que encuentra en la basura y en la calle, y poco a poco va perdiendo sus contornos identitarios sociales y acentuando una individualidad casi salvaje. Primitiva, pura, sin condicionantes sociales en su compoartamiento. Lo que comienza siendo un alejamiento puntual de su familia deviene en un distanciamiento total con respecto a la sociedad, una búsqueda de convertirse en un individuo independiente del mundo. Y sin embargo, Wakefield basa su día prácticamente en observar a su familia, en sentirse parte de ella desde la ausencia, esto es, ser pero sin estar. Pero ser lo mismo, en el fondo.



Dejando de lado algunos flashbacks que, aunque aportan datos a la narración, rompen el ritmo, así como un tramo llegado el final que resulta demasiado repetitivo, Swicord logra dar forma a una puesta en escena muy inteligente basada en la mirada a través de la construcción de los planos, en cómo retrata mediante la imagen al personaje de Wakefield, quien cree ser él quien se ha erigido en narrador de su vida, en controlador de la misma, y, sin embargo, en el fondo, sigue supeditado, en su encierro, a la vida que ha querido abandonar. Su fijación hacia su mujer, cuya relación ha sido el motor de su decisión, le convierte, le guste o no, en un individuo menos libre de lo que cree. Y a pesar de ello su gesto importa, tiene relevancia.

Así, El Sr. Wakefield se presenta como un inteligente acercamiento, a partir de lo expuesto por Doctorow en su relato, a la alienación social contemporánea, pero también hacia una masculinidad herida e incapaz de aceptar, en cierto modo, nuevas formas de comportamiento. Por eso Wakefield surge de manera ambigua, movido por un egoísmo que, la realidad, al final, acaba desmontando. Es producto de una organización social, la nuestra, y aunque consigue desaparecer en cierto modo, no logra alejarse del todo de lo que fue, de lo que diseñaron que fuese. Su regreso al mundo de los vivos, esa suerte de resurrección, así lo muestra.

Swicord logra en El Sr. Wakefield, con la ayuda de Cranston, una buena película que si bien no consigue llegar a la concreción del relato de Doctorow y puede que beba demasiado de su planteamiento, posee cierta personalidad en la construcción de los planos y en el trabajo de la mirada a través de un personaje que observa desde la distancia su vida para, al final, reconocerse en ella sin posibilidad de huida.

Israel Paredes

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