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Entrevista a Marcel Barrena, director de '100 metros'

03/11/2016-Entrevistas Entrevista a Marcel Barrena, director de '100 metros'
Ramón Arroyo fue diagnosticado de esclerosis múltiple. En vez de hundirse, decidió ponerse un reto: entrenar para competir en el Ironman, triahlon que se cuenta como una de las pruebas físicas más severas y exigentes. Y lo consiguió. 100 metros parte de lo anterior para narrar todo el proceso mediante una película dramática pero con elementos cómicos, tan seria como divertida, que se asienta en la complicidad de sus actores para entregar unos personajes creibles y humanos, con un Dani Rovira enfrentado al que quizá sea su papel más exigente hasta la fecha. Barrena ha realizado una película  que, como su anterior obra, Món Petit, habla sobre personas, sobre ir más allá de las aparentes limitaciones, apostando por una mirada que sin rehuir de la dureza de la historia, apuesta por un lanzar un mensaje positivo y alentador.

A continuación, nuestra entrevista con el director de 100 metros, Marcel Barrena.
Tanto Món Petit como 100 metros giran de cierto modo alrededor de temas cercanos pero, ¿cómo ha sido el paso a la ficción tras aquel documental?
La verdad es que nunca me lo tomé realmente como un gran cambio, porque para mí la imagen siempre está por debajo de lo emocional. Elegí el documental en “Món petit” y la ficción en “100 metros” porque me parecieron los mejores géneros para cada historia. O, al menos, lo que intuía que era mejor para mí. Obviamente cambian muchas cosas a nivel técnico, el presupuesto se dispara, la presencia de grandes rostros, el interés mediático y social un equipo técnico y artístico de primer nivel... pero para mi, al final del día, lo único que realmente me importa es la historia en si misma, y que ésta funcione. Quiero pensar que si para “Món petit” hubiera tenido el presupuesto de “100 metros” hubiera sido igual a nivel emocional, y que si en “100 metros” hubiera tenido el presupuesto de “Món petit”, pues lo mismo. Lo que me importa es lo que se transmite y elegí esos géneros en cada caso porque creía que era lo mejor para llegar a transmitir lo que yo quería en cada historia. Naturalmente tener más presupuesto te da la opción de rodearte de un mejor equipo, y eso se nota, te da más seguridad; pero a la vez crecen otros tipos de “enanos” dentro y fuera de uno... Así que... lo más importante es la historia, porque cada género, cada nivel de producción, tiene sus ángeles y sus demonios.

Ambas películas hablan sobre la superación personal, sobre ir más allá de los límites impuestos, en estos casos, por enfermedades, ¿te interesa particularmente el tema?
Cuando hice “Món petit” fui recompensado emocionalmente de una forma imposible de explicar. Todavía hoy, 3 años después de su estreno, sigo recibiendo mensajes de gente que nos agradece haber hecho esa película. La película llegó muy lejos para sus posibilidades, era un documental, y se vio en todo el mundo. Esa recepción, haber aprendido tanto con ella, conocer a tanta gente a la que la película había aportado cosas y recibir su cariño, eso me provocó la necesidad de buscar otra historia parecida, otro gran personaje que, al escucharle, podría mejorar nuestra vida. Hacer cine causa mucha ansiedad, dolor, es un trabajo solitario. Solitario porque hay que escribir y creer en una historia, creer lo suficiente como para que se haga realidad, para aguantar portazos y que, tras mucha sangre, sudor y lágrimas, cientos crean en ello. Si tengo que dedicarle años a una película que me acompañará siempre o que puede acabar con mi carrera, necesito que me sienta orgullosa de ella y que me aporte cosas a un nivel emocional, tanto a mi como a quien la vea. Tanto la historia de Albert (Món petit) como la de Ramón (100 metros) lo tenían todo, eran historias que yo necesitaba escuchar y que creo que el mundo necesita escuchar.



La historia de Ramón Arroyo, ¿qué fue lo que te interesó tanto de ella como para lanzarte a escribir un guión sobre ella?
Si no hubiera hecho “Món petit” quizá ni hubiera pensado en que allí había una película. Pero venía condicionado, tenía la antena puesta, y vi en Ramón a otro personaje de primera como Albert Casals, alguien que era único.
Justo acababa de terminar el proceso de “Món petit” y no tenía claro qué historia contar; necesitaba volver a encontrar a otro gran personaje, y le encontré de casualidad, haciendo zapping. Ramón lo tenía todo: un objetivo muy claro (hacer un IronMan) y un enemigo voraz (la Esclerosis Múltiple). Era tan contradictorio y rico a la vez que lo supe enseguida, recuerdo perfectamente el momento.

Un tema importante de la película es el tono, a camino entre el drama y la comedia, evitar un tono amargo pero a su vez no escondes la dureza de la situación, ¿tuviste claro desde el principio que fuera así?
El tono era el gran reto. Teníamos una enfermedad sobre la que había de ser respetuosos y rigurosos -sobretodo por tratarse de una enfermedad generalmente desconocida pero muy extendida- y la sombra del personaje real, que con todas sus capas, no es un pesimista. No podía ser un dramón porque estaría traicionando al Ramón real y a mi mismo (no me interesan los dramas oscuros y pesimistas), y no podía ser una comedia. Pero alto ahí: tenía a los dos rostros más famosos de la comedia española (Dani Rovira y Karra Elejalde). Así que dar con el tono fue el gran reto, pero “Món petit” ya se movía en esas arenas movedizas... La enfermedad es conocida como “La enfermedad de las mil caras” y como “Incertidumbre múltiple”; es como un metáfora de la vida, como se dice en el film “todos tenemos una enfermedad incurable, la vida”, y la vida es risa y es llanto. La película debía ser así. Ser cruda cuando debía serlo y ser luminosa cuando puede serlo.
 
En relación con lo anterior, 100 metros es una película que entrega una mirada esperanzadora, de buen rollo, algo quizá necesario dadas las problemáticas sociales de la actualidad.
Totalmente, todos necesitamos, incluso los más cínicos (aunque no lo reconozcan), que nos recuerden que sí se puede. Yo soy quejica por naturaleza, y he disfrutado haciendo la película; la necesitaba incluso para mí. Y cuesta mucho financiar una película y llevar a la gente al cine, así que si por el mismo precio el cine te puede ayudar a sentirte algo mejor...



La elección de los actores. Cada uno se encuentro perfectamente en su papel, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con ellos?
Ha sido lo mejor de todo. Todos se han volcado, todos han dado lo mejor de ellos. Dani, Karra, Alexandra, María, David, Clara, Alba, Bruno... todos ellos son gente inteligente, generosa, culta y humilde. Han mejorado el guión, se lo hicieron suyo... creamos una química muy familiar y cooperativa, donde todas las ideas eran escuchadas. Sintieron desde el primer día que teníamos la oportunidad de hacer algo distinto, que trascendiera más allá de los 104 minutos que dura la peli. Repetiría con todos.

Has contado con Dani Rovira, uno de los actores del actual cine español con más nombre, que quizá realice la que sea su interpretación más arriesgada, ¿cómo preparasteis su papel?
Dirigir a los actores para separar a Dani y a Karra del fenómeno “8 apellidos” fue un reto muy apetecible. Era un honor tenerlos, los “8 apellidos” nos venían muy bien pero también podían hacernos daño, de hecho podían hacernos mucho más daño que ayudarnos. Así que teníamos que encontrar algo muy distinto y no era nada sencillo. Hacer un reset colectivo desde la película más famosa de la historia del cine español y encima irnos a un género tan dispar... El papel de Dani era terriblemente complejo. Tiene drama muy agrio y comedia muy fina, va de un lado al otro, y se encuentra con secundarios de mucho peso que le podían comer la tostada; pero no ha sido así. Dani aguanta la película en sus hombros todo el rato, es un todoterreno superdotado. No tenía ninguna duda de que había sido una buena elección, quizá la mejor que he hecho en mi carrera. Lo que Dani nos ha dado trasciende al trabajo de actor. Al tratarse de un papel complejo y que necesitaba varias capas y mucho trabajo y muy variado, Dani tuvo que hacer un trabajo físico (ya venía preparado) suficiente como para aguantar correr, ir en bici a menos 3 grados, estar horas en un mar casi helado...  Luego, para todo el tema de la enfermedad, Dani estuvo siempre en contacto con el personaje real, que nos hizo de coach a ambos, hicimos reuniones con neurólogos y especialistas, con triatletas reales... Y finalmente nos hicimos fuertes en los ensayos, donde la química con Alexandra nació al momento y la que tenía con Karra ya la conoce todo el mundo.

En cuanto a la realización de la película, ¿qué desafíos te has encontrado como director?
Mi gran preocupación fue ser justo y respetuoso con los que sufren Esclerosis Múltiple a la vez que animar a la gente a ir al cine. Por eso el gran desafío fue el tono, un tono que nos ayudara no solo a que la gente fuera al cine, también para que los enfermos y especialistas vieran en la película una oportunidad para que se hable de la enfermedad y, a su vez, no solo cerrarla en ellos, sino hacer la película lo suficientemente universal para que todos veamos en ella que  podemos intentar hacer nuestros 100 metros, ya sean hacer un Ironman o ir a por el pan.

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