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El cine según Christopher Nolan

20/07/2017-Reportajes, Directores El cine según Christopher Nolan
Tres años después de Interstellar, Nolan regresa con Dunkerque, aproximación al cine bélico del cineasta británico y que, ya desde del anuncio de su rodaje, posicionó a la cinefilia, por lo general, dividida entre admiradores y detractores, posiciones que evidencian que, guste o no, Nolan se encuentra entre los cineastas más relevantes de las últimas décadas.

Nolan arrancó su carrera, en el formato de largometarje, en 1998 con Following, película en blanco y negro y en 16mm, de bajo presupuesto, que evidenciaba ya el gusto del director por el género y sus convenciones, trabajando el suspense en un thriller que poseía ya algunos trazos de sus constantes estilísticas pero, ante todo, su formalismo extremo sl dotar a la imagen de un sentido narrativo por encima incluso del argumento.

Dos años después, sorprenderá con Memento, película que se convirtió rápidamente en una obra de culto, pero también en el inicio de los ataques hacia el cineasta al ver en ella un simple artefacto formal, un simple juego sin consistencia, al estar montada la historia partiendo de su final. Sin embargo, el experimento, a partir de un relato de intriga cercano al noir, servía a Nolan para trabajar con los tropos del género, violentándolos en tanto a que, en su construcción al revés, mostraba sus costuras constructivas. Ingeniosa y por momentos apasionante, es posible que la película pierda impacto tras su primer visionado, pero gana en tanto a que se puede observar mejor el inteligente trabajo del director.



En 2002, realiza Insomnio, remake de la película noruega Insomnia, de Erik Skjoldbjærg, con Al Pacino y Robin Williams, y con la que Nolan mostró, a modo casi de transición entre el bajo y alto presupuesto, que estaba dispuesto a enfrentarse a retos mayores dentro del cine comercial y del género. Aunque más convencional que Memento, Insomnio volvía a mostrar a un director formalista que creaba a partir de la imagen y la puesta en escena la tensión y daba forma a una atmósfera lúgubre y oscura muy particular. Atento tanto al paisaje como a los personajes, Nolan daba un salto cualitativo que tendría su recompensa tres años después, cuando se pone al frente de Batman Begins.

Inicio de la trilogía alrededor del personaje de DC, interpretado en esta ocasión por Christian Bale, Nolan alternará cada entrega con otros proyectos, creando un diálogo claro entre unas y otras. Así, después de Batman Begins realizará la magistral El truco final, a la que sucederá El caballero oscuro y, después, Origen y El caballero oscuro: La leyenda renace. Seis películas separadas, aproximadamente, por dos años de diferencia, que son la base del asentamiento de Nolan dentro de la industria cinematográfica.



El desarrollo de la trilogía sobre Batman arranca con una película algo más convencional que el resto, Batman Begins, que no deja de ser una puesta a punto, o en marcha, de la saga, que presenta una primera mitad fantástica y una segunda más convencional, pero que busca crear una nueva iconografía alrededor del personaje, o, mejor dicho, un acercamiento diferente que concretará en sus dos siguientes entregas. El caballero oscuro es el punto álgido, con una película que en su largo metraje muestra una bloque verdaderamente portentoso, otro más asentado en el espectáculo y un final en el que todo toma una forma, sobre todo en el apartado discursivo, y cierra con gran potencia una obra ambiciosa que busca situar el relato superheroico en un nivel reflexivo que no choca con la espectacularidad de sus imágenes.Queda para el recuerdo el Joker interpretado por el malogrado Heath Ledger, también secuencias de una planificación absolutamente perfectas. Por último, El caballero oscuro: La leyenda renace, continúa el cariz discursivo iniciado en las anteriores, con una mirada todavía más ambigua sobre Batman, con Tom Hardy como Bane como rey de la función, no superando a la anterior entrega pero logrando un espectáculo cinematográfico con momentos inolvidables y un discurso subyacente de gran conexión con su momento.

El truco final, realizada en 2006, es una de las mejores películas de Nolan, una fascinante película sobre magia que se va construyendo y variando según avanza, con un diseño de producción y una puesta en escena magníficas, tanto como su reparto, que otorgan a la película de personalidad y fuerza, para dar como resultado a una cinta sobre la mirada, sobre la ficción, sobre la magia de narrar, sobre las apariencias de aquello que tenemos ante nuestros ojos, que siempre está ahí, y, en cambio, no nos damos cuenta.



Dos años después de El caballero oscuro, Nolan realiza la ambiciosa Origen, una de las grandes películas del cine de ciencia ficción de los últimos años, cuyos excesos son tan notorios como sus grandes virtudes. Al ritmo de una banda sonora, de Hans Zimmer, que marca el desarrollo narrativo de una manera que, después, trabajará con más profundidad con Nolan en Interstellar, Origen nos introduce en un laberinto narrativo que absorbe desde el comienzo y que se construye sobre diferentes capas entre la realidad y el sueño profundo de la mente. Soberbia visualmente, una película que, seguramente, permanecerá con el paso del tiempo.



Realizada en 2014, Interstellar es una nueva incursión de Nolan en la ciencia ficción, en esta ocasión con viajes espaciales y en el tiempo, que en sus casi tres horas propone una experiencia visual y sonora que tiene varios momentos diferenciados, épicos e íntimos, y que busca una conexión emocional mediante la imagen con el espectador, tanto que finalmente todo lo propuesto en un plano, digamos, filosófico o discursivo, importa menos que el viaje cinematográfico que plantea, de nuevo, excesivo, digno de nuestro tiempo, que puede extenuar y fascinar al mismo tiempo, pero nunca dejar indiferente. Algo, en general, común en todas las propuestas de Nolan, de ahí su relevancia en el cine actual, situación que se volverá a repetir con Dunkerque.

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