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Dos fenómenos tan lejanos como parecidos: 'The Room' y 'The Disaster Artist'

27/12/2017-Trailers / Avances, Películas de culto, Reportajes Dos fenómenos tan lejanos como parecidos: 'The Room' y 'The Disaster Artist'
Gracias a la proyección internacional que está teniendo The Disaster Artist, realizada e interpretada por James Franco, The Room, dirigida, producida, interpretada y, para resumir, impulsada por Tommy Wiseau, es posible que vaya a poder disfrutar de una proyección mucho mayor que la que ha tenido hasta el momento, que no es poca, a lo largo de estos quince años, pero que se circunscribía a unos espectadores muy particulares. Al menos es una posibilidad; o bien, quedará en un segundo plano de consumo para el mismo tipo de público que hasta ahora la ha visto.

El éxito y la repercusión de The Disaster Artist resulta algo sorprendente, empezando por haber ganado en el pasado Festival de San Sebastián la Concha de Plata a la Mejor Película, algo que puede considerarse tan osado y, por tanto, aplaudible, como, en cierto modo, representativo de la calidad del conjunto presentado. O bien, un poco de ambas cosas. De hecho, parecía que la película acabaría siendo como gran parte de la producción de Franco, una película de poco alcance, realizada con los medios justos y entre amigos. Y aunque en el fondo no deja de ser eso, tras su proyección en el SXSW tuvo una acogida enorme y los espectadores conectaron con ella de forma rápida, lo cual impulsó a la distribuidora A24 a comprar los derechos y realizar una distribución mayor.



De hecho, no deja ser curioso que en gran medida ha disfrutado de una suerte parecida, salvando muchas distancias, por supuesto, a la que tuvo The Room en tanto a convertirse poco a poco en una película no de culto, como la de Wiseau, como el trascender su propia naturaleza para convertirse, de repente, en una de las películas del año. Claro que, más paradójico aún, dado que Wiseau al parecer sí anhelaba tener desde el comienzo una proyección mayor, al menos a través de la imagen que Franco transmite de él a partir del guión de Scott Neustadter y Michael H. Webber a partir del libro The Disaster Artist: My Life Inside The Room, the Greatest Bad Movie Ever Made, de Greg Sestero y Tom Bisell. De hecho, el cine realizado por Franco podría perfectamente tener un parangón con The Room de no ser que, a pesar de todo, posee algo más de calidad que una película que fue bautizada, de manera arbitraria y conveniente, como la peor de la Historia del cine. En el fondo, que Franco acabase realizando The Disaster Artist posee cierta lógica. Otra cosa es cómo ha enfocado el asunto y el resultado final.

The Room se convirtió rápidamente en una película de culto debido a la curiosidad que fue extendiéndose de ver una obra que, se afirmaba con acierto, era realmente mala. Al comienzo fue mediante copias en DVD y en proyecciones en Estados Unidos, que continúan desde entonces de manera puntual –tal es el fenómeno allí-, después, con copias por la red que ampliaron el alcance de la película, si bien todo adscrito a un grupo tan amplio en cierto sentido como, en el fondo, reducido dado que The Room no trascendió más allá. También ha existido una cierta revalorización, como se puede estar comprobando tras el estreno de la película de Franco: si antes se veía con la idea clara, aunque discutible, de reírse de ella, ahora surgen las reivindicaciones de una cinta, algunas, no muchas, pero las suficientes como para mostrar que ni tiene demasiado interés el reírse de la calidad de la película como buscar ahora su aplauso a partir de posiciones que nada tienen que ver con ella.



Por supuesto, reivindicaciones que vienen de la mano del fenómeno de The Disaster Artist, la cual se adentra en la producción de The Room arrancando con la amistad entre Wiseau (Franco) y Greg Sestero (Dave Franco), quienes marchan desde San Francisco a Los Angeles para ser actores y, tras su fracaso, deciden poner en marcha su propia película, la cual escribe Wiseau y, a su vez, financia: uno de los grandes secretos alrededor de su persona se encuentra en la procedencia del dinero que tenía. La película gira sobre la relación entre esos dos personajes y convierte The Disaster Artist, en el fondo, en una historia de una amistad tan extraña como profunda, llena de malos momentos, de uniones y de separaciones para, al final, convenir que Wiseau y Sestero estaban llamados de alguna manera a encontrarse.

De ahí que no sea tan casual que Franco haya realizado una película que reconstruye de manera minuciosa los decorados y algunas secuencias de The Room, y que poseen un claro acercamiento de humor que en ocasiones se puede incluso ver con un tono de cierta condescendencia hacia Wiseau, una suerte de entendimiento de su pasión y de su arrojo para realizar la película, aunque el tema económico ayudó considerablemente a poder poner en marcha el proyecto, pagando lo que hiciese falta desde la realización hasta la premier. Durante la cual, por cierto, en The Disaster Artist asistimos a un Wisau que asimila las risas del público ante una película que él mismo ha definido como extensión de su interior. Y que posee una visión ‘graciosa’ del ‘todo vale’ que hace de The Disaster Artist una película muy representativa no solo de un cine de amigos para amigos, también absorbe las risas de entonces ante la película y las de ahora generalizadas por cualquier cosa: reírse sobre algo para pasar a lo siguiente. Franco construye bien su película, pero en el fondo no deja de ser una gracia en forma de largometraje que con muy buenos momentos, en general, posee el aspecto de acontecimiento presente, disfrutable con rapidez y cuya impronta veremos si logra, incluso, trascender la de The Room.

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