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'Día de patriotas' y el cine de Peter Berg

05/07/2017-Películas recomendadas, Filmografías imprescindibles, Directores 'Día de patriotas' y el cine de Peter Berg
El año pasado Peter Berg rodó dos excelentes películas que conforman un díptico a pesar de, en apariencia, a nivel argumental no tienen nada en común: Marea negra y Día de patriotas. Esta última ha tardado en conseguir tener hueco entre los estrenos, pero finalmente lo ha hecho y es una de las mejores películas que veremos estos meses y que vuelve a mostrar que Berg es un cineasta que, a pesar de la irregularidad de su filmografía, es uno de los directores de cine comercial más personales de la actualidad.

Día de patriotas recrea los sucesos alrededor del atentado del 15 de abril de 2013 en Boston durante el maratón en la celebración nacional que da título a la película. Sin caer en un acercamiento documental, Berg ficcionaliza claramente los sucesos y, a partir de un ritmo pausado, muy clásico incluso, desarrolla durante un gran tramo de la película a los personajes, incluidos los terroristas, para, cuando se produce la explosión, la cual es mostrada de manera seca, rápida, sin espectacularidad alguna, encaminar la película hacia los derroteros del thriller y del policiaco y narrar cómo la ciudad y las llamadas fuerzas del orden se pusieron en marcha para encontrar y capturar a los responsables.La película no cambia el ritmo pero añade tensión, siempre con los personajes como núcleo principal, lo cual no evita que desarrolle unas secuencias de acción más que notables, pero siempre buscando un componente humano que ya estaba presente en Marea negra, la cual poseía una estructuración muy similar, aunque su acción estuviese más reducida a un espacio, compartiendo, además, el carácter de crónica de unos sucesos reales mediante su ficcionalización.



La nueva película de Berg vuelve a mostrar sus cualidades como narrador cinematográfico, algo presente en toda su filmografía, aunque con altibajos, capaz de abordar diferentes producciones, en las que siempre tiene una gran presencia en su producción más allá de la dirección. Un tipo de director que cree en las imágenes como elemento narrativo en una tradición que hermana a Berg con la herencia de un cine norteamericano en el que, si dejar de lado otras cuestiones, como las discursivas, entiende el cine y sus imágenes como medio narrativo.

Berg, que también ha llevado a cabo una carrera como actor, debuta en la dirección en 1998 con Very Bad Things, película que bebía del cine indie de los noventa y con la que llamó la atención al convertirse en un cierto éxito y, después, en una película de culto. Cinco años después dirige El tesoro del Amazonas, cinta de acción y de aventuras que fue bien recibida en general aunque no tuvo el impacto de taquilla esperado, pero en la que Berg daba un salto cuantitativo con respecto a su primera película y se internaba ya en un cine más ambicioso en producción mediante un relato aventurero de sabor clásico adaptado a su momento, irregular en su conjunto pero que mostraba ya su gusto por trabajar la imagen como elemento narrativo por encima de una narración muy convencional.



Al año siguiente, dirige Friday Night Lights, a partir de una famosa novela y que dará paso a una serie televisiva que el propio Berg crea. Se trata de una de sus mejores películas, una espléndida visión de una comunidad norteamericana cuya vida gira, casi al completo, alrededor del rugby americano, con una precisa atención a los personajes y a su intimidad con unas elaboradas secuencias durante los partidos. Con un tono humano a la par que melancólico, poniendo de relieve las vidas de esa comunidad así como a sus espacios, al paisaje, algo primordial en el cine de Berg, Friday Night Lights es una obra más que notable, emocionante por momentos, con un trabajo con la imagen y la música que anticipa, en otros escenarios, parte del trabajo futuro de Berg.

Con La sombra del reino, en 2007, realiza una película que adolece de un discurso ideológico como poco discutible y que tiene sus mejores virtudes, incluso las únicas, en la realización y en el montaje de unas secuencias de acción que poco a poco se imponen a toda lógica. Narrativamente impecable, es tan enérgica y tan frenética en su ritmo que acaba agotando en su planteamiento; y sin embargo se alza como un blockbuster modélico en muchos sentidos. Al año siguiente se ocupa de la dirección de Hancock, con Will Smith y Charlize Theron interpretando a dos dioses devenidos en superhéroes en una inteligente película de acción y con grandes dosis de comedia en la que, anticipándose a algunos relatos superheroicos sobre su condición en un territorio más o menos realista, Berg consigue llevar a cabo su elaborada narración al servicio de unos efectos especiales que, al final, acaban imponiéndose. Quizá posea cierta brusquedad a la hora de hilvanar los géneros con los que juega, pero sin duda alguna tiene en su interior una fuerza narrativa, tanto visual como argumental, que va más allá de productos de esa índole.



Tras varios trabajos televisivos, Berg regresa cuatro despúes, en 2012, con Battleship, posiblemente su peor película a pesar de contar con algunos momentos épicos de gran calado, pero que se constriñe demasiado a lo que, como producto, quiere ser la película antes que a ofrecer algo más que un relato bien armado, previsible por momentos, y que funciona en sus parámetros, a pesar de mostrar en su interior algunos de los defectos del blockbuster contemporáneo, con una auténtica desmesura visual que atrofia las imágenes. Algo que Berg, desde entonces, ha ido limando, tanto que en su siguiente película, El único superviviente, aparece un cariz más minimalista a la hora de construir una película que presenta modos del western en un contexto de cine bélico que, a pesar, una vez más, de un discurso ideológico que puede dar pie a intepretaciones de la película que anulen su gran interés cinematográfico, se trata de un retrato humano que combina a la perfección tensión y emoción para retratar a un grupo humano frente a la muerte y que muestra ya el camino hacia una épica que surge de la construcción de las imágenes antes que del discurso y que Berg elaborará con más perfección en sus dos siguientes películas.



Tras nuevos proyectos televisivos, entre los que se encuentra una de las grandes series de los últimos años, The Leftovers, Berg rueda Marea negra y Día de patriotas, ambas, como la anterior, protagonizadas por Mark Wahlberg, un díptico que muestra a un cineasta con un gran dominio de su estilo narrativo, en especial, en la segunda, con un trabajo con la música de Trent Reznor y Atticus Ross, algo ya presentes en otras películas, como Friday Night Lights, pero que en esta ocasión conduce hacia un terreno por momentos casi abstracto de gran elegancia formal que pone de relieve que Berg, con sus altibajos, con su irregularidad, es uno de los cineastas actuales más cercanos a un cierto clasicismo cinematográfico a base de esa idea de la imagen como elemento narrativo que ha ido perfeccionando título tras título.

Israel Paredes

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