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Crítica de 'Tres anuncios en las afueras', de Martin McDonagh

11/01/2018-Crítica Crítica de 'Tres anuncios en las afueras', de Martin McDonagh
Tras la muy interesante Escondido en Brujas (2008) y la más que notable Siete psicópatas (2012), el británico Martin McDonagh ha realizado con Tres anuncios en las afueras, una introducción directa en algunos imaginarios y géneros del cine norteamericano que el cineasta trabaja para conformar un territorio cinematográfico reconocible en sus elementos constitutivos pero que, a su vez, rompen con ellos en una película, por momentos, brillante tanto en su escritura como en su puesta en escena.

Mildred Hayes (Frances McDormand), quien aparece vestida no por casualidad emulando a ‘Rosie the Riveter’, contrata tres espacios publicitarios en los que denuncia la inactividad del cuerpo de policía de la localidad, Ebbing, en Misuri, para encontrar a quien violó y asesinó meses atrás a su hija. Carga principalmente contra el jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), pero su iniciativa tendrá consecuencias que, de una manera u otra, afectará a toda la comunidad. Notorio será su enfrentamiento con el agente Dixon (Sam Rockwell), de cuya relación la película extrae gran parte de la esencia discursiva que la sustenta.



McDonagh plantea una película que sigue una clara linealidad narrativa pero que constantemente va desviando o violentando las expectativas del espectador con respecto a los personajes y sus actos. Impide un posicionamiento claro con respecto a ellos gracias a un trabajo de claroscuros constantes, de variaciones, de decisiones que, a partir de determinados momentos, comienzan a tomarse y la película gira sobre sí misma de manera brillante. Eso implica que el espectador no pueda posicionarse de manera clara, algo que sirve a McDonagh para jugar con unos personajes que en sus variaciones muestran, quizá paradójicamente, o no tanto, un gran humanismo. Cada uno de ellos se encuentra sometido a un dolor y a una ira que explotan de distintas maneras en busca, en el fondo, de una cierta compasión del otro que no siempre aparece. En este sentido, McDonagh nos presenta un paisaje humano desolador en su interior que marca con un sentido del humor muy marcadamente negro, algo que crea incluso mayor disonancia, dado usa esos elementos cómicos a modo de distancia, casi de relajación, de la gravedad de unas situaciones dramáticas.

Porque Tres anuncios en las afueras juega con diferentes imaginarios y géneros que McDonagh modula mediante una gran elegancia formal que sirve para construir unas imágenes cuyo aspecto límpido pone de relieve más si cabe unas heridas que convierten a sus personajes en seres doloridos y, en muchas ocasiones, irracionales. Sobre la propia Mildred es imposible aceptar todo lo que hace, y sin embargo es posible entender sus actos (otra cosa es justificarlos). Del mismo modo que Dixon se presenta como un personaje que evoluciona, en gran medida gracias a Willoughby, quien aconseja al agente que abandone el odio para poder pensar con mayor claridad y convertirse en la buena persona que está seguro que anida en su interior. Dixon ejemplifica bien el procedimiento de McDonagh a la hora de establecer un movimiento constante en el interior de su película, buscando giros, inesperados o no, que conduzcan hacia un final que tiene algo de catártico, pero no enteramente resolutivo. Todo queda de alguna manera en el aire, porque, en verdad, hay cosas que no pueden zanjarse de manera completa.



Tres anuncios en las afueras presenta una escritura minuciosa, muy recapacitada, gracias a la cual todas las piezas se encuentran perfectamente situadas en un conjunto que puede mostrar de manera demasiado clara sus costuras constitutivas. No es negativo, aunque sí algo paradójico dado que estamos ante un trabajo bien medido y que juega, sin ocultarlo, con el espectador tanto en el plano argumental como en el visual. La modulación entre thriller y ciertos imaginarios del western con elementos melodramáticos y cómicos en una forma reminiscente a algunas tropos del cine independiente norteamericano más estandarizado, dan como resultado una película híbrida que muestra su formulación pero que a su vez es capaz de presentar un conjunto unificado y, como decíamos, por momentos brillante.

Israel Paredes.

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