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Crítica de 'Star Wars: Los últimos Jedi', de Rian Johnson

12/12/2017-Crítica Crítica de 'Star Wars: Los últimos Jedi', de Rian Johnson
A diferencia de Star Wars: El despertar de la fuerza, Star Wars: Los últimos Jedi, escrita y dirigida por Rian Johnson, posee unos trazos creativos mucho más definidos a la hora de ser algo lo más parecido a una película antes que, como en la producción de J. J. Abrams, un compendio referencial alrededor de la saga. Sin embargo, sigue presentando una mirada clara al pasado de la saga y una imposibilidad general para crear unas formas visuales propias, prefiriendo apelar en diferentes formas a una emocionabilidad que, en este sentido, supone una buena representación de cierto cine comercial actual en busca de adaptarse a agendas y sentimientos, suponemos, presentes en los nuevos espectadores que se desean reclutar.

Referencialidad y sensibilidad

Al igual que en Star Wars: El despertar de la fuerza, aparece en las imágenes de la película de Johnson, y es algo posiblemente insoslayable dado el carácter de la producción, un abuso de la referencialidad iconográfica y de imaginarios de la saga (en este caso, de forma consecuente en relación a la anterior, mirando a El imperio contraataca), si bien en esta ocasión podría decirse que, a pesar de lo fallido de la propuesta en líneas generales, hay un claro concepto de producción de abrir la franquicia hacia nuevos derroteros que no tienen tanto que ver con una cuestión argumental y de creación de nuevas formas visuales como de una emocional, casi sentimental, que entronca con nuestro presente a la hora de contentar, y atrapar para el futuro, a nuevas generaciones de espectadores. Algo que convierte Star Wars: Los últimos Jedi, en todos los sentidos, en una perfecta muestra del audiovisual comercial.

Si Abrams optó por un intento, bastante falsario, de matar al padre cinematográfico a partir de su propio imaginario para, en teoría, reiniciar la saga, Johnson ha tomado el relevo para realizar un trabajo mucho más híbrido que lleva a los personajes de la anterior, y a algunos nuevos, hacia un mayor desarrollo pero no en cuanto a su dramaturgia, que, es hora de decirlo con todo lo que conlleva de subjetivo, resulta realmente aburrida en sus dos horas y media de duración y debido a sus más que graves problemas de escritura a nivel de guion; lo hace a través de un más que evidente trabajo emocional –con algunos asuntos de manipulación al respecto, intentando ser sutil pero sin conseguirlo- para conectar el imaginario de la saga con una sensibilidad diferente de cara a dotar de una más larga existencia a la franquicia. De hecho, aunque en este caso se concrete en este aspecto, Star Wars: Los últimos Jedi adolece de lo mismo que gran parte del cine comercial confeccionado en lo serial: ir añadiendo elementos más pensados en la pervivencia de cada saga –algo que, desde cierto punto de vista, es lógico- que en pensar en las películas como tal y proponer, aunque se sepa que vaya a tener continuación, formas e imágenes propias que confieran de una cierta unidad a la producción.



Tres momentos

Hay varios momentos reveladores es Star Wars: Los últimos Jedi, aunque por no desvelar demasiado algunos elementos de la trama no se pueden exponer en su amplitud.

1. Luke Skywalker (Mark Hamill) le dice a Rey (Daisy Ridley) que la galaxia no necesita más de su 'leyenda', dentro de un continuo intento por parte de Skywalker, a lo largo de la película, de desacreditar su figura a partir de una idea que daba para mucho más y que, finalmente, como casi todo lo interesante de la propuesta, queda enterrado. Pero en esa conversación, y en otra entre ambos personajes, se pone de relieve esa pulsión entre un personaje, Rey, que quiere ser parte de algo y cree en la leyenda de los Jedi, porque, de otra manera, ella no encontraría el lugar al que piensa pertenecer; y otra, Skywalker, que no quiere serlo. Como si la naturaleza de la película en su concepción híbrida se debatiese en esas conversaciones. Figuras pasadas negándose en el presente y figuras presentes queriendo manifestarse sin tener ni idea de cómo hacerlo ni para qué. Y, a su vez, representación generacional de quienes quieren abolir todo lo pasado y a su vez reclaman un presente y un futuro pero sin saber qué aportar ni qué hacer.



2. Kylo Ren (Adam Driver) expone a Rey que, por motivos familiares, se encuentra fuera de esta 'historia', de su ‘historia’, a pesar de lo cual quiere que se una a él. Algo relevante teniendo en cuenta que Rey es el único de los nuevos personajes que posee interés y algo parecido a una construcción, aunque sea, precisamente, por su anodina presencia. Pero ese instante, resulta de gran importancia en tanto a que define la figura de Rey al introducirla en unas disputas generacionales dentro de la narración que tiene su extensión, como lo anterior, en la propia construcción de esta nueva trilogía en esa unión, imposible, de elementos pasados y presentes apelando a todo tipo de emociones y sentimientos. Rey es el núcleo vehicular, pero también un agente narrativo externo y casi molesto que deambula durante toda la película con un rumbo definido pero mal elaborado. En el fondo, está en medio de un dislate emocional ajeno a ella.

3. Por último, Finn (John Boyega), personaje insulso, escucha como DJ (Benicio Del Toro), quien aparece y desaparece de escena con la misma poca fortuna, asevera que su actitud deplorable y miserable se debe a que, en el fondo, todo es un negocio, algo que viene precedido de una explicación por su parte que define a la perfección la esencia de Star Wars: Los últimos Jedi. Y convierte a DJ en metáfora de los responsables de la película en su cinismo mercantilista: sabedores de lo que están ofreciendo y construyendo pero sin importarles lo más mínimo salvo en cuestiones crematísticas.



Tres momentos que tanto definen como cuestionan la naturaleza de la película. Pasajes enunciativos que acaban teniendo más relevancia por lo anterior que por lo que representan dentro de la narración de una película que presenta momentos aislados en los que Johnson demuestra saber trabajar lo sublime visual del espectáculo, pero son instantes que quedan varados en el interior de la histeria emocional que representa Star Wars: Los últimos Jedi. Película que deja claro que interesa más una conexión con los espectadores de calado emocional, que no sensorial, de disfrute, si es posible, inmediato, antes que realizar algo que perdure, que abra territorios visuales nuevos. 

Israel Paredes

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