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Crítica de 'La suerte de los Logan', de Steven Soderbergh

12/10/2017-Crítica Crítica de 'La suerte de los Logan', de Steven Soderbergh
La suerte de los Logan comienza con Jimmy Logan (Channing Tatum) explicando a su hija Sadie (Farrah Mackenzie) la historia, más mitológica que real, detrás de la composición de su canción favorita, ‘Take Me Home, Country Roads’, de John Denver, cantante que curiosamente hemos podido escuchar a lo largo del año en varias películas. Además de la importancia de la canción en un momento dado de la historia y de que su letra, alrededor de Virigina Occidental, donde se desarrolla la trama, se relaciona con los personajes y el paisaje de la nueva película de Steven Soderbergh, lo relevante del momento reside en esa historia, casi anécdota, popular, de relato folk. Porque La suerte de los Logan, en realidad, y en gran medida, posee una naturaleza similar.

La nueva película de Soderbergh se estructura en tres partes. En la primera presenta a los personajes, especialmente a la familia Logan, con Jimmy, Clyde (Adam Driver) y Mellie (Riley Keough), quienes, por diferentes razones, idearán un atraco a las oficinas de la NASCAR; la segunda parte, corresponde al robo, ayudados por Joe Bang (Daniel Craig) y sus dos hermanos, Sam (Brian Gleeson) y Fish (Jack Quaid), con toda su complejidad y problemática; y, finalmente, tras el robo, una suerte de largo epílogo. El guion de Rebecca Blunt sirve a Soderbergh para desarrollar cada parte con un ritmo muy preciso, con cambios tonales constantes. Si bien se ha visto como una suerte de variación de la saga de Danny Ocean en clave redneck, lo cierto es que La suerte de los Logan, incluso en la parte correspondiente al robo, carece de la fluidez de aquellas, lo cual no quiere decir que sea lenta o morosa. Todo lo contrario.



Soderbergh sabe aplicar a cada momento de la película su duración necesaria para poder ir desarrollando a unos personajes que, ya en la primera parte, quedan expuestos de manera sucinta, pero lo suficiente como para que conozcamos las motivaciones de cada uno de ellos y aquella parte del pasado que, tanto a modo personal como familiar, pesa sobre ellos. No se trata de una simple construcción basada en el guion, sino que mediante la imagen el director, siempre con una gran elegancia formal, introduce a los personajes en un contexto, en un paisaje, muy particular que queda tanto en un segundo plano como en primero, del mismo modo que las figuras humanas, creando unas imágenes que dan habida cuenta de una realidad que, en el fondo, como decíamos al comienzo, se asemeja más a un cuento o relato inventado –que lo es, claro está- que a un intento de llevar a cabo un acercamiento realista.

Las imágenes apuntan a ello, pero la forma del relato de La suerte de los Logan remite casi a todo lo contrario, en una forma casi hiperbólica de representar un grupo humano ajustado a un arquetipo: Jimmy es el ex jugador de fútbol americano que por una lesión su carrera quedó truncada, divorciado con una hija y con problemas económicos; Clyde, un ex veterano de la guerra que quedó mutilado de un brazo; Mellie, es una joven de gran inteligencia pero que representa a una suerte de figura femenina compleja a través de su figura externa; Joe, personaje con el que Craig recupera sus inicios de carrera, es un chulo experto en bombas y sus dos hermanos los perfectos redneck. Y así con el resto. Lugares comunes que Soderbergh trasciende precisamente presentándolos en pantalla como lo que son, exagerando sus elementos constitutivos para, así, poder usarlos a modo de representaciones de algo más general. La suerte de los Logan explora a partir de su superficie en apariencia liviana una clase social y sus lugar en el mundo, un espacio que habitan y del que quieren, o no, salir. Y del que, desde luego, son parte constitutiva de una realidad tan fehaciente como mitificada.



Con un trabajo forma preciso y analítico en su construcción, que juega no solo con esos arquetipos en cuanto a personajes, paisajes y situaciones, también alrededor de lo que representan a nivel popular y cinmatográfico, Soderbergh vuelve a mostrar sus cualidades como director para realizar una película basada en un puro entretenimiento, enérgica en todo momento, incluso en los pasajes más calmados, a la par que usar la puesta en escena para trascender la simplicidad de su apariencia, algo que el director lleva realizando en los últimos años, capaz de hablar de situaciones económicas y políticas a partir del género más diverso, por ejemplo, o de acercamientos poco ortodoxos. La suerte de los Logan resulta en este sentido brillante a pesar de que al final introduzca unos elementos argumentales que parecen apuntar a una posible continuación, algo que al final ocasiona que la película no se cierre de manera completa. Aunque, en el fondo, tiene su lógica dado que los hermanos Logan, por mucho que ganen, siempre tendrán la derrota y la mala suerte detrás de ellos. Y siempre seguirán hacia delante.

Israel Paredes

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