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Crítica de 'It', de Andés Muschietti

09/09/2017-Crítica Crítica de 'It', de Andés Muschietti
La popularidad de la novela de Stephen King, así como su adaptación en 1990 por Tommy Lee Wallace para televisión, ocasionan que el factor sorpresa, no solo acerca de la historia sino, sobre todo, alrededor de la figura del payaso Pennywise, quede algo relegada en It, pero ni Andrés Muschietti ni su equipo de guionistas se han ocupado de paliar esa situación. Del mismo modo, la promoción de la película también ha puesto de su parte para no evitarlo. Desde el principio ha quedado claro, en todos los aspectos de producción, que no había un gran interés en realizar algo diferente a partir del original de King, sino seguir casi al pie de la letra la parte adaptada de la novela en este primer capítulo cinematográfico de una manera reconocible para aquellos que conocieran previamente el material literario; para quienes no, quizá, la película repare mayores sorpresas. Las variaciones introducidas, en realidad, no conducen It hacia nuevos caminos ni presentan nada que la aleje de ser una convencional película de terror. El carácter abstracto de ese ‘It’, de ese ‘Eso’, se traduce precisamente  en lo contrario a través de las imágenes de Muschietti.

It es una película realizada sobre seguro, sin riesgo; pero, a su vez, confeccionada a partir de unos elementos constitutivos que evidencian su claro apego a las derivas de gran parte del cine de terror actual, con una tendencia abrasiva hacia una saturación visual, y también sonora, que dan forma a unas imágenes que quieren siempre significar mucho más de lo que son. Incluidas las continuas (auto)referencias de la productora a través de algunas de sus películas de los ochenta, las imágenes de It, o remiten a otras que evocan, de manera directa o indirecta, a otras producciones, o bien, en busca, presentimos, de una cierta personalidad u originalidad, crean unos planos y unas secuencias de auténtica saturación visual, algo que no tiene tanto que ver con la acumulación de elementos en pantalla o de barroquismo formal como de construcción interna en la que no hay lugar más que para lo evidente. De ahí, por ejemplo, el (ab)uso con la figura de Pennywise acaba lastrando la parte más abstracta de la narración, aquella que muestra cómo los miedos de cada uno de los niños que conforman al grupo protagonista deviene en el terror real, extrapolándose a unos elementos fantásticos.



El pueblo de Derry queda muy desfigurado por muchas panorámicas aéreas que Muschietti use como planos de transición, quedando éstas como tal y no como muestra de un espacio, de un lugar, que debería apuntar hacia una fisionomía cotidiana bajo la cual anida un elemento sombrío, enfermizo; algo que, debido a que la adaptación deja de lado muchas cuestiones sobre la población de Derry, algo lógico dado que es una adaptación, el pueblo apenas posee relevancia, lo cual tampoco es usado con imaginación para realizar una película más abstracta en cuanto al terror.

Y eso que en un primer tramo de la película, parece que It transcurrirá por un sentido del terror basado en una sucesión de secuencias de terror más o menos conectadas pero sin un guión férreo, esto es, buscando un entramado narrativo más basado en lo visual y en lo sensorial, casi inmersivo; esta idea queda desligada por completo, o, al menos, no llega a desarrollarse convenientemente, dado que las imágenes de It están supeditadas a un guión que avanza sobre seguro, creando algo que una película de terror no debería nunca ofrecer, que es un sentido confortable de presenciar un itinerario en el que cada parada resulta confortable en tanto a reconocible. Ni en sus mejores momentos, que los tiene, logra rebajar su aspecto de producto diseñado de principio a fin para entregar, muy bien envuelta, una adaptación funcional sin riesgo.

Dejando de lado la saturación actual de niños en bicicletas en pequeños pueblos norteamericanos de los ochenta, la contextualización, tan relevante en la novela de King, queda también en evidencia: la construcción de Muschietti y los guionistas de la época pone de relieve una mirada actual hacia ella antes que una reconstrucción más o menos naturalista de la misma. Esto es, una mirada basada en otras miradas que transmiten la sensación constante de estar observando unas imágenes que hablan de otras imágenes antes que servir como elementos narrativos. Así, el especio de lo real cinematográfico creado en It no puede evitar mostrar sus costuras, su prefabricación: el buscado hiperrealismo, tan común en las producciones de la Warner en estos últimos años, ayuda a esa saturación visual, pero no consigue dar forma a un espacio fílmico, y terrorífico, propio.



Esta hipervisualización intenta pasar desapercibida bajo el amparo de una elegancia visual, de una fotografía límpida que impide que ningún elemento no quede bien expresado en pantalla, algo que pone de relieve cada aparición de Pennywise, la cual pierde inquietud y terror en su reiteración, para centrar el horror, aunque no se aproveche, en los miedos de los jóvenes, los cuales se muestran en una secuencia dedicada a cada uno de ellos para sentar una base que, después, sirva para perfilarlos. Algo relevante si, como parece ser, se hará la secuela siguiendo el libro de King, para lo cual era muy importante dar forma a los personajes ya que, en su edad adulta, será muy importante para sus relaciones. A este respecto, los responsables de It lo han dejado bien expuesto, denotando que en mente se encuentra la perspectiva de ese segundo capítulo.

A pesar de todo lo anterior, se debe reconocer que It posee la construcción necesaria en todos sus elementos para gustar, en gran medida, como decíamos, gracias a esa adecuación a una normatividad en el cine de terror contemporáneo que puede crear un lugar confortable al espectador, justo, por otro lado, lo que una película de terror no debería nunca proporcionar. Al final de It, la sensación es la de haber asistido a un espectáculo visual y sonoro apabullante, ya no efectista, cuyo deseo de dar forma a una obra inmersiva no acaba funcionando en casi ningún momento.

Israel Paredes

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