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Crítica de 'El sacrificio de un ciervo sagrado', de Yorgos Lanthimos

30/11/2017-Crítica Crítica de 'El sacrificio de un ciervo sagrado', de Yorgos Lanthimos
Cuando una película, en general, está siendo tan aplaudida y reconocida como El sacrificio de un ciervo sagrado, del director griego Yorgos Lanthimos, ir contracorriente puede parecer una salida de tono o un intento de posicionarse fuera de una opinión más  o menos extendida. Pero sin restar a la película de Lanthimos sus virtudes, lo cierto es que estamos ante una muestra más de un tipo cine europeo –aunque tenga trazos internacionales en su producción en una clara ambición para disfrutar de más recorrido e impacto- más preocupada por elaborar discursos morales, en este caso, además, desde lo alegórico, antes que en dar formar a ficciones con incisión en la realidad que no nieguen cualquier tipo de discurso pero que sí eviten su ya agotado posicionamiento condescendiente. Máxime cuando, a nivel formal, en el caso de El sacrificio de un ciervo sagrado, el resultado presenta muchos problemas.

Uno de los elementos más interesantes de la película de Lanthimos, y que puede entenderse más que oportuno en su planteamiento y cuestionamiento en la actualidad, reside en presentar una suerte de dilema alrededor, de entre otras cosas, de aquello que uno podría estar dispuesto a sacrificar para poder mantener su cómoda vida y sus privilegios. O, de modo más extenso, para conservar una sociedad del bienestar, tanto individual como colectiva. Hay, por supuesto, más ideas en El sacrificio de un ciervo sagrado, pero Lanhtimos parte de lo anterior en aras de incomodar al espectador mediante una premisa que posee unos contornos fantásticos que surgen casi como excusa para poner en marcha el dispositivo narrativo; o, lo que es lo mismo, una salida fácil para que detonar el drama pero sin efectividad alguna en cuanto a la colisión de géneros en pantalla, dado que si bien no se puede explicar desde un plano racional los sucesos, y Lamthimos hace bien en no hacerlo tampoco, en el fondo, resulta casi anecdótico, solución de guion que crea una leve extrañeza pero poco más.



Pero ese interés indudable en la mirada de Lamthimos hacia la realidad, algo transversal en casi todo su cine, presenta aquí serios problemas en cuanto al territorio cinematográfico que quiere desplegar. Si en anteriores películas como Canino o Alps conseguía introducir al espectador en un universo reconocible en sus formas pero, en gran medida, regido por unos parámetros propios y esencialmente cinematográficos, en El sacrificio de un ciervo sagrado, como en ciertos aspectos en Langosta, el cineasta griego ha buscado la adecuación de esa esfera a unos parámetros representacionales más realistas, esto es, violentar lo real mediante no solo un elemento fantástico, también descentrando lo real hasta convertirlo en un espacio alegórico, pero no acaba de funcionar. La frialdad de la mirada y de las formas, así como cierto distanciamiento e ironía, ocasionan que el conjunto pierda fuerza paulatinamente. No se sabe en determinados momentos hasta donde Lamthimos juega a ser irónico y hasta dónde pretende ser serio, y por tanto, la sensación que surge es la de estar ante un modelo cinematográfico en el que todo vale y, por ende, en el que se puede aceptar cualquier cosa. Y eso, en el fondo, ocasiona que ese todo acabe dando un poco igual.



No se puede negar que Lamthimos cuida la puesta en escena, así como el componente musical, en ocasiones enfatizando la imagen hasta niveles de pura, y sibilina, manipulación enfática. Pero tampoco que su mirada es muy cerrada, tanto que impone al espectador aquello que debe, al final, reconocer en el discurso y en las imágenes. Apenas deja espacio para una reconsideración, máxime cuando en su tercer tercio la película se adentra en una sucesión de situaciones que parecen elaboradas tan solo para conducir la historia hacia su final –por otro lado, algo cobarde en su resolución, cuando un personaje debe tomar la decisión importante-. Y todo a través de unas imágenes cuya construcción remite a una hispervisualización que bajos los trazos del cine de corte autoral, representa en muchos aspectos la deriva de la imagen actual y su excesiva, y a veces vacua, significancia. Imágenes que impactan, o pueden hacerlo, pero cuyo contenido escasea, además de presentar una estilización que, en muchos pasajes, parece surgir de un cine pasado que Lamthimos rememora, suponemos que de manera involuntaria. Así, El sacrificio de un ciervo sagrado se presenta como una medianía de un director que, en su intento de mantener su sello personal dentro de una producción con hechuras para tener más repercusión y alcance, se ha perdido con una alegoría cinematográfica sin hondura y de la cual quedará muy poco.
 
Israel Paredes

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