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4 directores para la saga Crepúsculo

14/11/2012-Directores 4 directores para la saga Crepúsculo

Más allá de filias y fobias, lo cierto es que los responsables de la saga Crepúsculo siempre han intentado cuidar al máximo sus productos, envolviéndolos de la mejor forma posible y contratando para ello a un buen puñado de profesionales.

Por eso, al frente de los proyectos, han intentado colocar a directores con una visión muy particular, alejados de los parámetros más convencionales del cine mainstream, al mismo tiempo que para los apartados técnicos han seleccionado a algunos de los talentos más innegables en sus respectivas categorías que operan en la actualidad: en la banda sonora a Carter Burwell (habitual de los hermanos Coen), Alexandre Desplat (quizás el mejor compositor en estos momentos) y Howard Shore (con muchísima experiencias, desde David Cronenberg en los ochenta hasta El señor de los anillos); y en la fotografía, a Elliot Davis, el español Javier Aguerrisarobe y el mexicano Guillermo Navarro (El laberinto del fauno).

La directora intrépida

La primera película, Crespúsculo (2008), la que sentó las bases de toda la estética de la saga fue dirigida por Catherine Hardwicke, que había debutado con Thirteen (2003), una obra que generó bastante polémica en su momento por ofrecer una visión descarada de una juventud conflictiva y confundida que saciaba sus problemas emocionales y de identidad a través de las drogas y del sexo. De Thirteen recuperaría para Crepúsculo a una de sus protagonistas, Niki Reed, también presente en su siguiente largo, la también independiente Los amos de Dogtown (2005), en la que seguía a un grupo de skateboarders surgidos en las calles de Santa Mónica y que terminaron convirtiéndose en leyenda en los años setenta, con el nacimiento de la cultura urbana.

El director errático

El caso de Chris Weitz, para Luna nueva fue un poco diferente, un poco arriesgado y definitivamente errado después de ver los resultados. Weitz venía de dirigir un estrepitoso fracaso de taquilla como fue La brújula dorada (2007), un film de aventuras fantásticas que pretendía seguir los pasos de Las crónicas de Narnia para situarse como la nueva saga infantil del momento. A priori contaba con todos los elementos para gustar,  pero su narración morosa, la desconexión entre las distintas partes de la trama y la poca empatía que se sentía hacia los personajes, provocaron que la película fuera totalmente fallida. Paradójicamente, razones parecidas fueron las que se achacaron a Luna nueva en su momento. Por lo que, dado la poca pericia de Weitz tras proyectos de carácter infantil y juvenil, nos quedamos con su más grata aportación al cine familiar: Un niño grande (2002), mucho más conseguida que las mencionadas y protagonizada por un Hugh Grant en estado de gracia.

El director más oscuro

David Slade venía del mundo del videoclip, algo que definitivamente tenía mucho que ver con la sintonía de la saga Crepúsculo, y además había logrado llamar la atención gracias a su ópera prima, Hard Candy (2005), que ganó en Sitges el Premio a la Mejor película y catapultó a la actriz Ellen Page a la fama. La historia de subversión de roles genéricos entre el lobo y la presa (un pedófilo y una aparentemente inofensiva niña), era cuestionable desde muchos aspectos, pero lo cierto es que nos descubría a un director con talento a la hora de manejar la tensión ambiental y capaz de dotar de personalidad visual a su obra. Le seguiría la virulenta cinta de vampiros 30 días de oscuridad (2007), basada en una novela gráfica, con la que no consiguió demasiada repercusión, pero que daba nuevas muestras de su talento a la hora de manejar atmósferas opresivas. Lástima que no consiguiera darle el mismo toque a Eclipse

El director todoterreno

Por último, las dos últimas películas de la saga, las que corresponden a Amanecer Parte 1 y Parte 2, se le encargaron al más experimentado Bill Condon. Condon había coqueteado con el género de terror en su debut en la dirección, Candyman 2. Adiós a la carne (1995), pero cuando verdaderamente logró destacar fue gracias a su siguiente película, Dioses y monstruos, una sensible y exquisita pieza de cámara en torno a la relación de deseo que se establece entre un anciano James Whale (el director de películas como Frankenstein) y su joven y apuesto jardinero. al mismo tiempo que se reflexionaba sobre la decadencia y los tabúes morales y sociales. 

Su siguiente film, Kinsey, también giraba en torno a un personaje real, un pionero dentro del área de la sexualidad humana, que realizó los primeros estudios en torno al tema, y que fue encarnado por un espléndido Liam Neeson.

Por último, antes de firmar las dos partes de Crepúsculo, el inquieto Bill Condon, dirigió el estupendo musical Dreamgirls, en el que demostraba su capacidad para cambiar de piel como un camaleón dependiendo del género en el que se sumergiera, y aportando unas buenas dosis de originalidad y frescura en cada caso, y sobre todo una profesionalidad incuestionable en su trabajo, como puede comprobarse en la notable parte final de Amanecer Parte 2, quizás, la mejor filmada de toda la saga.

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Recaudación de la última semana
Intervalos nubosos, soleado 63% Tomb Raider 1.166.000 €
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