Autor: Antonio García-Berrio Hernández
Editorial: Cátedra
ISBN: 978-84-376-2583-6
No resulta fácil definir o catalogar a Otto Preminger, ni tampoco analizar su obra cinematográfica. Para algunos fue un genio, para otros sencillamente un tirano, y para la mayoría un excelente director de cine y un correcto actor ocasional, más por accidente que por vocación. Otto Ludwig Preminger (Viena, 5 de diciembre de 1906 - Nueva York, 23 de abril de 1986) fue un director de origen judeo-austríaco. Su obra, que enfrenta un mundo romántico y decadante a otro objetivo y realista, dio lugar a un cine muy personal e independiente, basado en los planos largos y en una cuidada puesta en escena. Preminger era un judío vienés de buena familia, si bien europeo por accidente como él mismo consideraba, enamorado profundamente de la América más ecléctica y sobre todo de Nueva York, la ciudad donde descubre la razón de las páginas de Salinger, de Hemingway o de Herny James, de la lírica de Walt Whitman o de Wallace Stevens, de los lienzos de Hopper, de las excentricidades de Warhol, etc. Preminger, director de una gran personalidad, pronto ejerció un control total sobre todo lo que hace y no renuncia a él hasta que sus películas dejan de distribuirse. Incluso entonces se guarda los derechos de la película, siendo un precursor en este terreno.
Al estudiar sus películas es imposible asignarle muchos de los rasgos que se piensa que tienen los grandes artistas. Es decir, es fácil clasificar, analizar y aplaudir el trabajo de los que han mantenido un cierto estilo en la forma, en el contenido y en la expresión. A una gran cantidad de directores americanos y británicos de les da mucha menos importancia de la que tienen porque manejan una extensa variedad de tópicos, ninguno de los cuales puede ser fácilmente reconocido como proveniente de su inspiración personal. Sin embargo, por esta misma razón, muchos de ellos han perdurado más tiempo que aquellos que se han considerado personales y que desafortunadamente tocaron tantas veces un tema que perdieron el favor de la crítica y el público. Al primer grupo pertenece Otto Preminger. Así, en el trabajo de Preminger, en el que se refleja su gusto ecléctico por la literatura, el arte y en general todas las actividades humanas, es posible encontrar todos los temas que son exclusivos en el trabajo de otros diretores: prejuicios en el amor y la ambición de poder; políticos en el gobierno y en las altas finanzas; la discriminación y alienación entre individuos y grupos; la lucha por la libertad en el sentido físico, legal o personal; el msiterio de lo femenino y la mitología masculina, mostrados en su verdadera dimensión; la guerra y la paz, el amor y el odio, los valores sociales y psicológicos: interpretaciones atrevidas de hechos conocidos ... todo ha sido descrito de forma más severa, limpia y clara, pero Preminger muestra mucho de sí mismo sin ser consciente de ello, como hacen los verdaderos artistas.
Por fin la editorial Cátedra se ha atrevido a publicar, después de 77 números de su colección Signo e Imagen/Cineastas, a través de la autoría de Antonio García-Berrio Hernández, una voluminosa biografía y análisis de la obra del insigne cineasta vienés (400 páginas), en el cual se traza un recorrido pormenorizado y sumamente interesante por su obra, sin olvidarse de situar en el lugar que le corresponde su decepcionante tramo final.
Tras una pequeña introducción (primera parte de la obra), se recopilan los hechos más importantes de la cronología vital del autor de Laura, amén de algunas curiosidades poco conocidas (su descubrimiento, en 1957, de la actriz Jean Seberg en un casting de su magnífica Santa Juana; o su gran afición al arte, en especial el abstracto; o los siempre interesantes proyectos no realizados, entre los cuales se encuentra nada más y nada menos que El padrino). La tercera parte, Preminger: elegancia, genio e inconformismo, es evidentemente la más importante, ya que en ella se traza un recorrido por su obra, de Primeros pasos en Viena: «Die grosse Liebe» a «Final de trayecto: Rosebud, Desafío al mundo y El factor humano». García-Berrio da la importancia que merece al capítulo dedicado a la memorable Laura, explicando en treinta páginas el proceso de negociación con Darryl F. Zanuck y la casi entrada de Rouben Mamoulian en el proyecto, su obsesión por pulir y revisar el guión, que demuestran la importancia conferida al texto por parte de Preminger, y su concienzuda labor con los guionistas. Punto fuete del análisis, sin duda, su pertinencia al género negro, claramente explicada por el autor, y la fama que alcanzó posteriormente su banda sonora, de David Raskin tras ser rechazados Bernard Herrmann y Afred Newman. La pieza musical Laura se convirtió de inmediato en una auténtica celebridad.
Cabe mencionar también la agudeza del autor al analizar una obra del calibre de la sinpar Anatomía de un asesinato, película basada en la novela del juez del Tribunal Supremo de Michigan John D. Voelker, un extenso drama judicial en el que se relataba, en clave de fábula, un asesinato acaecido unos años antes en un bar de su jurisdicción. Una vez terminado, lo firmó con el seudónimo de Robert Travers, y tras algún rechazo inicial, la obra fue publicada en 1957 alcanzando en poco tiempo un éxito inesperado. García-Berrio analiza con gran tino secuencias tales como los interrogatorios judiciales, la forma de presentar a Mary Pilant, o la que recrea el momento en que James Stewart saca a Lee Remick de un abarrotado bar medio borracha y la lleva en su coche en plena noche de vuelta a la caravana donde vive.
El autor sigue analizando la independencia económica que el cineasta intentó tener a través de su productora, tras entrevistarse con Howard Hughes, consolidando su voluntaria salida de los estudios Fox en 1953 y dedicándose a la producción de forma independiente, a pesar de que su primera obra tras esta nueva etapa es la discreta comedia The Moon is Blue.
En la parte final, con dos apéndices, encontramos lamentablemente, una de cal y una de arena. Sencillamente magnífico el apartado «Preminger en formato DVD», con un gran caudal informativo sobre las diferentes versiones que se han editado en formato digital de las películas del director. No se puede decir lo mismo del segundo apéndice, «La música de las películas Preminger», capítulo rácano en contenido y despliege informativo que, sin embargo, no debe infravalorar en absoluto el gran mérito de este buen libro analítico que, en cierta manera. viene a reparar la olvidada (por algunos) figura de ese verdadero clásico moderno de la historia cinematográfica que fue Otto Ludwig Preminger.
Frederic Soldevila