Autor: Ángel Gómez Rivero
Editorial: Calamar
ISBN: 978-84-96235-30-4
Ángel Gómez Rivero, quien brindó no hace mucho, y asimismo de la mano de Calamar Ediciones, un más que interesante libro sobre Casas malditas. La arquitectura del horror, que ahondaba con profusión de datos y enorme conocimiento de causa en la temática de las casas encantadas y similares en el cine, reincide ahora con otro tema de rabiosa actualidad en estos momentos dentro del género fantástico, el digamos "cine de zombis", el cual también acaba de dar pie a otro reciente volumen, Zombi Evolution. El libro de los muertos vivientes en el cine, de José Manuel Serrano Cueto (T&B Editores). A falta de conocer este último, y centrándonos en la aportación de Gómez Rivero, empezaremos diciendo que Cine Zombi hace gala —al igual que lo hacía Casas malditas. La arquitectura del horror— de diversas cualidades que, de entrada, lo hacen harto atractivo. En primer lugar, una cuidada, casi lujosa edición, con buen papel y una amplísima ilustración a base de fotografías y carteles, la mayoría en blanco y negro pero también con algunas separatas en color, de excelente calidad gráfica y de impresión. Pero también, y lo que es más importante, dicho continente viene reforzado por el interés del contenido: el exhaustivo trabajo de investigación llevado a cabo por Gómez Rivero, de tal manera que puede decirse que nos hallamos, con escaso margen de error, ante uno de los más completos trabajos que se hayan escrito en España sobre el cine "de" muertos vivientes.
La razón de que el libro de Gómez Rivero transpire esa sensación de exhaustividad reside en el hecho de que, al igual que hiciera en Casas malditas. La arquitectura del horror, en Cine Zombi su autor no se ha limitado a hablar de cine, sino que tiene el cuidado de introducir al menos un primer capítulo, El silencio de los hombres sin alma, donde comenta los orígenes literarios del mito en forma de novelas y cuentos que abordaron previamente la temática. De hecho el libro entero hace hincapié en todo momento en la heterodoxia y la amplia variedad de tipología del mito, habida cuenta de que no todo el cine de muertos vivientes se centra en la figura del zombi inspirada en los casos verídicos de "zombificación" de Jamaica y Haití, sino que también comprende otras variantes acaso no tan populares hoy en día entre los cinéfilos más jóvenes, los cuales, a excepción de los mejor informados, quizá todavía se imaginan que, antes de la canónica La noche de los muertos vivientes (1968), no habían existido en las pantallas cinematográficas otros cadáveres en movimiento que los zombis caníbales concebidos por George A. Romero. Craso error, que Ángel Gómez Rivero se encarga de corregir con solvencia y brillantez.
Cine Zombi se desarrolla del siguiente modo. Un prólogo, firmado por Jorge Grau y titulado De muertos y resucitados, abre el fuego con una definición del cine fantástico, que no me resisto a reproducir aquí: "Vaya por delante mi convicción de que si algún género cinematográfico —o narrativo— tiene razón de ser, éste es el llamado "fantástico", a través del cual se expresan sentimientos y deseos profundos, temores y presagios ancestrales que se remontan al principio de los tiempos y que aparecen invariablemente, aunque de formas diversas, en todo tipo de culturas. El miedo al dolor y a la nada, a la amenaza oscura de seres extraños con poderes misteriosos que sobrepasan lo natural, está en la búsqueda de respuesta a la elemental perplejidad de reconocer que toda existencia tiene un final y en el deseo de que existan fórmulas para transgredir esta ley que no acabamos de aceptar como justa. (…) El género "fantástico" —o "de terror"— es, pues, en realidad, un espejo cercano que nos refleja, paradójicamente, entre el temor y la esperanza". La presencia de Grau en calidad de prologuista se justifica por el hecho de ser, primero, el director de la que probablemente sea la mejor aportación del cine español a la temática de los muertos vivientes, No profanar el sueño de los muertos (1974), y segundo, porque una entrevista del autor a Grau se incluye en el Anexo I que, junto con el Anexo II (filmografía selecta), cierra el volumen.
Cine Zombi se compone de nada menos que diecisiete capítulos. Tras el primero, dedicado, como ya hemos apuntado, a literatura sobre muertos vivientes, los dieciséis siguientes desglosan, de manera prolija y detallada (extendiéndose mucho, quizá demasiado, en las tramas argumentales, a veces un poco en detrimento del análisis fílmico, salvo excepciones), y siguiendo un estricto orden cronológico, las películas que han abordado de una manera u otra el tema del muerto viviente en todas sus variantes (insistimos: todos los zombis son muertos vivientes, pero no todos los muertos vivientes son zombis). Descubrimos, así, que probablemente el primer film de la historia del cine sobre el tema no es una película de terror…, sino un film de denuncia: J'acuse (1919), de Abel Gance, en el cual los soldados muertos en la Primera Guerra Mundial salen de sus tumbas para protestar por la inutilidad de su sacrificio. Los grandes títulos del género anteriores a los zombis de Romero, como La legión de los hombres sin alma (1932), de Victor Halperin, o la gran Yo anduve con un zombie (1943), de Jacques Tourneur —a la cual se le dedica, con justicia, un capítulo entero—, son objeto de especial atención, pero eso sin descuidar las numerosas aportaciones en el seno del cine de serie B estadounidense de los años treinta y hasta los cincuenta, entre las cuales hallamos, por ejemplo, Invisible Invaders (1959), de Edward L. Cahn, en torno a una invasión extraterrestre en virtud de la cual los alienígenas se apoderan de los cuerpos de difuntos para invadir la Tierra, uno de los más claros precedentes visuales de La noche de los muertos vivientes (a la cual, no obstante, dada la notabilísima influencia que ejerció posteriormente, también se le dedica en exclusiva un capítulo). Hay, asimismo, capítulos no menos documentados sobre el cine de muertos vivientes realizado en España e Italia entre los años sesenta y setenta, y donde salen a relucir tanto la ya mencionada No profanar el sueño de los muertos como la mitificada serie de los Templarios de Amando de Ossorio; o inmersiones no menos jugosas en cinematografías orientales; llegando, finalmente, hasta la actualidad, donde títulos como las nuevas aportaciones de Romero a la temática zombi, o como 28 días después (2002), de Danny Boyle, Amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder, [REC] (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza, o hasta Planet Terror (2008), de Robert Rodriguez, amén de numerosísimas producciones de bajo presupuesto directamente explotadas en formatos domésticos, han mantenido, paradójicamente, vivito y coleando el mito de los muertos vivientes, resucitados y/o infectados.
Todo ello hace de Cine Zombi un libro de referencia y de consulta obligada en lo que a este campo temático del cine fantástico se refiere. Y lo hace de manera amena y documentada, ordenada y a la vez libre, pues si bien respeta el devenir cronológico del tema en la pantalla desde el cine mudo y hasta la actualidad, ello no es obstáculo para que, en determinados capítulos y en virtud del tema a desarrollar, Gómez Rivero dé saltos "hacia el futuro", unificando dentro de un mismo capítulo películas antiguas con títulos recientes de cara a unificar, y clarificar, lo que está explicando. Habida cuenta, además, de que muchos de los films que menciona, la inmensa mayoría, se encuentran inéditos en cines españoles o únicamente comercializados en videoclubes, su libro se convierte en una fuente de información cuya lectura permite descubrir muchas y muy variadas sorpresas, todo lo cual hace de Cine Zombi un volumen harto recomendable y, para los amantes del tema abordado, completamente imprescindible.
Tomás Fernández Valentí