Un lugar donde quedarse

 

CRITICA

Imagen portada

Un lugar donde quedarse

Lo + destacable de Un lugar donde quedarse

LO MEJOR:

Sus momentos ácidamente cómicos, sin almíbar.

LO PEOR:

El irritante tonillo que no para de cantar en la banda sonora.

Tres en la carretera

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Lo + destacable de Un lugar donde quedarse

LO MEJOR:

Sus momentos ácidamente cómicos, sin almíbar.

LO PEOR:

El irritante tonillo que no para de cantar en la banda sonora.


Sam Mendes nos había vendido la moto de que era el azote de la familia americana, y por extensión del American Way of Life. Eso parecía, aunque los vitriólicos efluvios de la oscarizada American Beauty tal vez fueran más responsabilidad del guionista, de Alan Ball. Desde entonces el, en el fondo, academicista y conservador realizador de monumentos al sopor como Revolutionary Road ha dado tumbos por Hollywood a la búsqueda de un exitoso hogar. Un lugar donde quedarse ejemplifica, en formato cansino de película indie, ese incómodo viaje (ahora más próximo a la comedia romántica) de alguien en pos de la tranquilidad, la estabilidad y un buen futuro... burgués.
 
No le negaré a esta road movie articulada alrededor de la (primeriza) maternidad, una cierta gracia en algunas de sus estampas/etapas, especialmente en la situada en Phoenix, la cual me recuerda a las mejores cafradas de Randy Quaid y su familia de rednecks en las familiares hazañas National Lampoon de los Griswold. Por desgracia, ese tono satírico se diluye en el azúcar y en lo que es peor: la autoindulgencia seudoprogre del cine independiente. Esos momentos de new age, de hippismo y de miradas al ombligo de la maternidad como una parte más del gafapastismo, malogran los valores ligeros y cáusticos de la película.
 
Puede que Sam Mendes, la pareja de guionistas y los dos intérpretes se hayan hecho ya irremediablemente maduros y responsables. Sí, es algo que nos pasa a todos, pero lo que no se le puede perdonar a Un lugar donde quedarse es que sea tan carca formal y dramáticamente. Comenzar hablando sobre el sabor del sexo oral para pasar a ser una versión políticamente correcta (y tan "bonita" como cualquier cosita de Sandra Bullock o Giuseppe Tornatore) de Las joyas de la familia (obra maestra de Jerry Lewis) o de Un muchacho llamado Norte (reivindicable cinta de Rob Reiner) es algo, insisto, imperdonable.

 
1 comentarios / añadir comentario

COMENTARIOS


  • Enviado por Elrobel el Lun, 14/12/2009 - 12:12.
    Pues a mi me ha gustado mucho

    Como siempre los críticos comparais y comparais y parece que os negais a disfrutar del momento y de la película. Yo no puedo ver una película y pensar en otra a la vez y disfrutar.

    En fin, creo que es una película en la que te ries, te entristeces en algún momento, te dejas llevar por la historia y además no es un film comercial lleno de efectos especiales y falto de contenidos.

    Muy recomendable para mi modesto entender.

    Saludos