Los condenados

 

CRITICA

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Los condenados

Lo + destacable de Los condenados

LO MEJOR:

La atmósfera general de la película.

LO PEOR:

Algunos planos (pueden resultar) excesivamente largos.

¿Nos condenan o nos condenamos?

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Lo + destacable de Los condenados

LO MEJOR:

La atmósfera general de la película.

LO PEOR:

Algunos planos (pueden resultar) excesivamente largos.


Han pasado 30 años desde que una feroz represión militar hizo desaparecer a miles y miles de personas. Pero a veces el paso del tiempo no lo cura todo, las heridas continúan sangrando; para muchos, el luto no ha sido elaborado ni a nivel personal ni colectivo: las venas de América Latina siguen abiertas.
 
Isaki Lacuesta, uno de los directores más prometedores del panorama español contemporáneo, reúne en un lugar perdido, en una zona selvática y fronteriza, dos generaciones drásticamente separadas por estos 30 años (la de los ex guerrilleros de entonces y sus hijos de ahora), con el propósito común de buscar los huesos enterrados de un mítico compañero al que mataron los milicos.
 
El desarrollo de la trama, seria e intimista, va abriendo venas para cicatrizar otras. Las dos generaciones que se congregan bajo un mismo techo se van distanciando a medida que el objetivo común se revela más difícil, más lejano, más inalcanzable. En 30 años muchas cosas se han visto empañadas, como el concepto mismo de lucha armada, de solidaridad, de compañerismo. Nadie se ha percatado mientras duraba el proceso, pero el resultado es un intercambio inane que solo es posible a través de la incomprensión y los reproches. Una pregunta se desprende de las acciones de cada uno de los personajes: ¿el ser humano está condenado a vivir o se condena a sí mismo? Y la respuesta es un inmenso silencio flotando entre la densa niebla de una hermosa e inexplorada selva, un respiro en la pantalla para que sea el espectador el que elabore sus propias respuestas, ponga en juego su grado de Responsabilidad.
 
Después de Cravan Vs. Cravan y La leyenda del tiempo, Lacuesta cambia de registro por lo que a la gravedad del tema se refiere, trazando una autopsia del ser humano con la voluntad de que la metáfora nos abarque a todos. Además, y pesar de que Los condenados sea una ficción pura, su estilo no abandona ese pincel documental que nos acerca a las historias "reales", donde un gesto involuntario del rostro, un movimiento del contorno de los labios, una mirada perdida, un sonido que surge del bosque, resultan plenamente cargados de significado. Eso también gracias a la excepcional labor de los dos actores protagonistas, Daniel Fanego y Arturo Getz, los dos ex guerrilleros que hacen cuentas con el pasado.
 
Un amigo me hizo una observación importante: un giro del guión podría haber convertido esta obra en una epopeya de nuestro tiempo. Pero Isaki Lacuesta parece estar mucho más cómodo quedándose ahí, con los cabos sueltos, dejando que sean las pequeñas verdades las que pongan las cosas en su sitio. Apuesta por un final sorprendente, un final que podría ser todos los finales, o la continuación de una vida; o como el final de todas las vidas de todos nosotros: abiertas como las venas abiertas.

 
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