El destino final 3D
La ocasional brillantez y contundencia de algunos asesinatos.
Nada que no se haya hecho en tres ocasiones anteriores, como mínimo, igual de bien.
La ocasional brillantez y contundencia de algunos asesinatos.
Nada que no se haya hecho en tres ocasiones anteriores, como mínimo, igual de bien.
El Destino Final exhibe como única aportación a la serie su dinámica visual en 3D. Ni se ha atrevido a igualar la desquiciada set-piece sobre ruedas del arranque de Destino Final 2 ni a buscar un equivalente en alto voltaje paranoico al parque de atracciones de Destino Final 3. Y por descontado, dada su naturaleza derivativa y poco exigente, carece del efecto sorpresa de la memorabilísima primera entrega. Una pena, porque se podían esperar mejores resultados del guionista Eric Bress y el director David R. Ellis, que ya coincidieron en la segunda parte, en muchos sentidos superior a la primera.
El Destino Final (que, eso sí, puede presumir de tener el título en castellano más feo de la serie) sigue punto por punto el libro de estilo de la franquicia: un grupo de adolescentes escapan de una situación que debería haberles matado, en este caso como espectadores de una carrera de coches. Pronto, otros supervivientes comienzan a morir en el orden en el que tenían que haberlo hecho en la pista, y los jóvenes se ponen en marcha para intentar romper la cadena de casualidades que intenta hacer justicia cósmica. Como todas las anteriores, pero en esta ocasión, El Destino Final parece cegada por la posibilidad de incluir imágenes en 3D, y la brillantez se limita en las abundantes escenas de muerte con lanzamiento abundante de proyectiles y objetos al espectador. Por lo demás, se recurre a la mecánica habitual de la serie, y es una pena. El Destino Final es, como sus predecesoras, un divertido catálogo de muertes retorcidas, como una versión luminosa de la serie Saw que sustituye al Misterioso Asesino por la Madre Naturaleza. Las espontáneas máquinas de Goldberg tienen mucha menos garra que de costumbre, sin embargo, por miedo a innovar.
Ni siquiera se puede decir que el ingenio se haya desecado con las 3D, porque en la reciente San Valentín Sangriento los crímenes tridimensionales eran más inventivos, y los efectos más impactantes. El Destino Final, no obstante, no es una película despreciable, como deja entrever algún golpe de impacto grotesco e inesperado; o puntuales reflexiones teñidas de humor negro sobre la inevitabilidad de la muerte; o cierta concepción de la sociedad industrial como una amenaza en potencia para la vida humana, muy poco explotada y que en esta entrega parece acentuarse (como en los estupendos títulos de crédito). Ese miedo a la ciudad y a los enseres cotidianos funciona como radiografía del hombre contemporáneo y sus temores artificiales. A las tijeras, a los tornillos, a los centros comerciales y a las aglomeraciones. En ese tímido sentido El Destino Final apunta maneras, pero por desgracia, todo acaba remitiendo a la repetición escasamente inspirada de una fórmula de éxito.
| VALORACIONES CINE365 | |
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| OBRA MAESTRA | |
| BUENA | |
| INTERESANTE | |
| REGULAR | |
| MALA | |
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ESTRENOS DE LA SEMANA |
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Director: Jane Campion
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Director: Jon Turteltaub
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Director: Andrucha Waddington
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