Pandorum
Las expectativas, antes de que empiece.
La desolación, cuando ha terminado.
Las expectativas, antes de que empiece.
La desolación, cuando ha terminado.
El punto de partida de esta película es una metáfora perfecta de lo que acaba siendo. Dos astronautas despiertan de un largo sueño en una nave espacial sin saber por qué están allí, qué ha sucedido mientras dormían, ni siquiera cuál era su misión. Pues bien, yo creo que el director alemán Christian Alvart tiene mucho que ver con ellos: él tampoco sabe qué hace en una película como ésta, por qué alguien lo ha lanzado a un proyecto destinado al fracaso, y lo que es peor, demuestra una amnesia respecto a la memoria del género que nada tiene que envidiar a la de sus protagonistas. Eso hay que explicarlo. Por un lado, Alvart ejerce de archivero de ideas y conceptos, se muestra deudor de la tradición de Alien y de todo aquello que la siguió, dibuja uno a uno y sin inmutarse todos los tópicos de la película con nave-misteriosa-acosada-por-presencia-inquietante. Por otro, parece no acordarse de que eso ya está hecho, de que se ha repetido hasta la saciedad, de que el único interés que podría tener un planteamiento como el de Pandorum es precisamente la renovación del subgénero al que pertenece, o por lo menos la aportación de alguna idea nueva, de alguna imagen que sepa a fresca o sorprendente.
En lugar de eso, Alvart y su guionista hacen, nuevamente, lo que hacen sus personajes. De hecho, pocas veces he visto un director más mimético respecto a sus criaturas, como si estuviéramos en un mundo al revés: si los atemorizados tripulantes se pierden en los pasillos oscuros de la nave, el realizador se siente tan perdido como ellos, sin dominar en ningún momento la situación; y si surgen criaturas extrañas de las tinieblas humeantes él parece asustarse más que nosotros, como si no lo supiera de antemano. Y un servidor, ante este lamentable espectáculo, no puede hacer otra cosa que preguntarse qué hacen todos encerrados en ese espacio que ni siquiera resulta asfixiante, pues es ya como nuestra casa, de tantas veces como lo hemos visto, hasta el punto de que el espectador parece moverse con más seguridad que quienes supuestamente deberían tener el control de la acción. Lo malo es que al final no se descubre enigma alguno, ni nos afecta lo más mínimo nada de lo que estamos viendo: la indiferencia es tal que sólo podemos pensar en salir del cine, en escapar a ese paisaje que ya nos es más familiar que nuestro cuarto de baño.
| VALORACIONES CINE365 | |
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| OBRA MAESTRA | |
| BUENA | |
| INTERESANTE | |
| REGULAR | |
| MALA | |
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ESTRENOS DE LA SEMANA |
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Director: Jane Campion
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Director: Jon Turteltaub
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Director: Andrucha Waddington
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