Saw VI

 

CRITICA

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Saw VI

Lo + destacable de Saw VI

LO MEJOR:

Los asesinatos, desde hace seis entregas abriendo nuevas vías para el gore mainstream.

LO PEOR:

Sus mayores virtudes acaban derivando en inevitables defectos.

El regreso de los crímenes churriguerescos

Autor: John Tones
3

Lo + destacable de Saw VI

LO MEJOR:

Los asesinatos, desde hace seis entregas abriendo nuevas vías para el gore mainstream.

LO PEOR:

Sus mayores virtudes acaban derivando en inevitables defectos.


Desde luego, se puede acusar de muchas cosas a la serie Saw, la mayoría de ellas muy obvias: es una serie derivativa, poco o nada innovadora a estas alturas, hipnotizada por su propio universo de ficción hasta el punto de que la mayor parte de su metraje consiste en frenéticos flashbacks de las anteriores películas. Flashbacks que hacen referencia, especialmente, a las tres últimas entregas, consideradas como el principio del declive de la serie, desde que las maniobras para hacer aparecer en pantalla a Puzzle (el asesino original) se convirtieron en juegos malabares argumentales, preñados de ensoñaciones y cintas de vídeo que aparecen en los lugares más insospechados.

Sin embargo, es precisamente en esa espiral de autorreferencias donde Saw encuentra su sentido y donde el espectador desprejuiciado puede rastrear el ritmo interno que permite disfrutar de la serie. Es un ritmo heredero de los seriales de horror y suspense de los años cuarenta, donde cada flash-back puntúa un cliffhanger, y donde sabemos que los guionistas encontrarán métodos más retorcidos y excusas más peregrinas para hacer volver a Puzzle (Tobin Bell), para justificar los horribles actos de su heredero el teniente Hoffman (Costas Mandylor) y para encontrar sentido a los disparatados comportamientos de la viuda (Betsy Russell) y la discípula (Shawnee Smith) de Puzzle. Del mismo modo, la retorcida estética de óxido, sótanos, humedad y homicidas máquinas goldbergianas hace pensar en portadas de revistas pulp con rubias esculturales atadas a mesas de operaciones, aunque con la salvedad de que en Saw, la sierra gigante suele acabar cortando la carne. Hay que ser un enamorado de la cultura de derribo y de las formas más bajas de explotación cultural para disfrutar de Saw VI, pero localizadas las cosquillas del monstruo, es sencillo disfrutar de la montaña rusa.

Para ello no está de más rastrear algunas pistas tras la ficha técnica. Debuta en la dirección Kevin Greutert, tradicional montador de la serie. Pero la auténtica autoría de Saw VI la poseen los guionistas Patric Melton y Marcus Dunstan, reformuladores de Saw desde su cuarta entrega y, sobre todo, autores de la inmensa, hipercinética, ultragruesa e imprescindible trilogía Feast, la gran sorpresa del terror independiente de los últimos tiempos. Su concepto grotesco, brutal y juguetón del horror se deja notar en esta entrega de Saw, quizás la más sangrienta de todas: el destino final de algunos de los personajes principales, rodados con incómodos planos quirúrgicos que deben haber incomodado a más de un censor, rivaliza con las de cualquier ficción japonesa de torturas rodadas en vídeo. Y desde luego, eso se puede considerar una meta que Saw perseguía, quizás inconscientemente, desde su primera entrega. Así que el círculo queda cerrado en esta sexta parte. ¿A dónde nos dirigimos ahora?   

 
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