Castillos de cartón

 

CRITICA

Castillos de cartón

Lo + destacable de Castillos de cartón

LO MEJOR:

El terceto protagonista (Adriana Ugarte, Nilo Mur y Biel Durán).

LO PEOR:

Los momentos más explicativos.

Dibujo de un triángulo amoroso

3

Lo + destacable de Castillos de cartón

LO MEJOR:

El terceto protagonista (Adriana Ugarte, Nilo Mur y Biel Durán).

LO PEOR:

Los momentos más explicativos.


Cineasta familiarizado con las adaptaciones literarias, Salvador García Ruiz inspira su nueva película en Castillos de cartón, una novela corta de Almudena Grandes centrada en la relación sexual y romántica que mantienen tres estudiantes de bellas artes, dos chicos y una chica, en el Madrid de los 80. Acertada —por elegante y sutil— en su recreación de la estética y, sobre todo, del clima de la época, la cinta funciona muy bien en su diseño de esa relación triangular, en su dibujo de los roles que en ella se establecen y, sobre todo, en su descripción de los procesos psicológicos y emocionales de los implicados (de la atracción sexual al amor romántico).
 
Con el respaldo de tres actores estupendos (Adriana Ugarte, Nilo Mur y Biel Durán), cuya frescura es fundamental para la credibilidad del filme, el director de Mensaka. Páginas de una historia (1998) y Las voces de la noche (2003) plantea con delicada sagacidad temas como el descubrimiento del sexo, los problemas para descifrar los afectos y el miedo o la sensación de extrañeza que pueden provocar los deseos insólitos e inesperados. Castillos de cartón funciona cuando todas estas ideas brotan de forma natural en la intimidad de la habitación de los personajes, cuando no caminan por separado de la relación de dependencia física que se establece entre ellos: García Ruiz rueda con una naturalidad a tener en cuenta —y sin perder de vista los pensamientos y las emociones de los personajes— los encuentros sexuales del trío protagonista. Sin embargo, la película flaquea en las secuencias más explicativas (el monólogo final del personaje de Mur), sobre todo cuando pretende explicar a los personajes —y, en cierto modo, justificar sus decisiones— a partir de su relación con el arte, en función de la sensibilidad artística de cada uno de ellos y de su forma de afrontar su talento.

 
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