The Road (La carretera)

 

CRITICA

Imagen portada

The Road (La carretera)

Lo + destacable de The Road (La carretera)

LO MEJOR:

El diseño de producción, aunque sus efectos se diluyan demasiado pronto.

LO PEOR:

La indefinición, la confusión, la desorientación que se palpa en la pantalla (y no sólo de los personajes).

Cuando no se sabe adónde ir

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Lo + destacable de The Road (La carretera)

LO MEJOR:

El diseño de producción, aunque sus efectos se diluyan demasiado pronto.

LO PEOR:

La indefinición, la confusión, la desorientación que se palpa en la pantalla (y no sólo de los personajes).


John Hillcoat sorprendió a la comunidad cinéfila hace unos años con The Proposition (2005), un extraño y misterioso western australiano escrito por Nick Cave, quien también estaba detrás de otra de sus películas anteriores, Ghosts… of the Civil Dead (1988), su debut en el largometraje. El salto al mainstream con La carretera, por lo tanto, no deja de ser sorprendente y a la vez tiene su lógica. Por un lado, debutar en Hollywood con la adaptación de una exitosa novela de Cormac McCarthy -autor igualmente de No es país para viejos, llevada al cine por los hermanos Coen- es todo un privilegio industrial, sobre todo si estamos hablando de una producción ambiciosa, con los tintes apocalípticos que tanto se llevan en el cine americano y con una estrella global como Viggo Mortensen al frente del reparto. Por otro, esta odisea trágica que implica a un padre y a su hijo, vagando por paisajes arrasados y en medio de un frío glacial tras lo que se supone un holocausto nuclear, no es del todo ajena a las preferencias de Hillcoat por los entornos áridos y los personajes errabundos, una fórmula que aquí se reduce al absurdo. Pues, en efecto, la supuesta estilización de tan escueto drama nunca consigue dar sensación de veracidad, ni de inquietud, ni de horror, seguramente porque se ha intentado con tal fuerza que la operación ha acabado neutralizándose a sí misma.

 

Me explicaré. La novela de McCarthy es tan restallante como el sonido de un látigo, tan contundente como un puñetazo en el estómago. Y Hillcoat ha pretendido adaptarla con una fidelidad que no pasa por su espíritu, sino por su letra, sin apenas adivinar que no basta con reducir la paleta cromática y conservar el laconismo del relato para traspasar esas sensaciones al cine. La carretera es una película híbrida, que se siente culpablemente deudora de un texto de culto y a la vez quiere ser un trabajo personal, que no consigue liberarse de la sombra literaria -como sí hicieron los Coen- y tampoco del empaque de gran producción que le pesa como una losa, pero del que no extrae las ventajas que debería. Y la verdad es que el crítico se aburre de tanto deambular, de la expresión resignada de Mortensen, del contrapunto del niño, y sobre todo se pregunta qué hacen esos flashbacks en medio de una trama que se pretende desnuda, obsesiva, agobiante. La paradoja es que una novela con tantas posibilidades cinematográficas ha acabado siendo una película absolutamente literaria en el peor sentido de la expresión: solemne y discursiva. Lo cual demuestra que las apariencias siempre engañan: lo que hace McCarthy, aunque no lo parezca, es novela en estado puro; lo que ha hecho Hillcoat, en cambio, es mala literatura en imágenes.

 
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