Partir

 

CRITICA

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Partir

Lo + destacable de Partir

LO MEJOR:

Kristin Scott Thomas, tan delicada como determinada.

LO PEOR:

Desgraciadamente, un amor no acaba por contagiarse.

Cuando el amor rompe las normas

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Lo + destacable de Partir

LO MEJOR:

Kristin Scott Thomas, tan delicada como determinada.

LO PEOR:

Desgraciadamente, un amor no acaba por contagiarse.


De golpe, una noche, se oye un disparo. Y el tiempo nos remonta atrás: érase una vez un matrimonio perfecto, digno representante de la clase bien de Nimes, que en realidad no era tan perfecto. Suzane, la esposa, interpretada por la maravillosa Kristin Scott Thomas, se enamora locamente del obrero de origen español que le está arreglando su consulta de fisioterapia (Sergi López). Y él, con un pasado de delincuente de poca monta y una hija al otro lado de los Pirineos, también se enamora de ella.
 
Ahí se desencadena el embrollo dramático de Partir, una historia de amour fou y actos impetuosos al margen de las consecuencias, de las clases sociales, de los roles estipulados y casi hasta del entendimiento.
 
El filme se sustenta por entero en el papel de Kristin Scott Thomas, que logra mostrarse delicada y determinada a la vez, arrebatarse de lo lindo en escenas de alto voltaje y desprender comprensión para con sus acciones. Pero va más allá: consigue, con simples movimientos oculares, dar un elenco de matices psicológicos a mujer aplastada por los códigos sociales. La principal virtud del personaje (y ahí se deja sentir la fuerte huella de la directora Catherine Corsini) es que Suzane es una mujer permanentemente en lucha. Una vez se le ha puesto su hombre entre ceja y ceja (y no sólo su hombre, sino la metáfora del mismo: una vida propia y autorealizada) no cederá ni un ápice a pesar de las dificultades, de las trabas que le pone su insatisfecho ex marido o del disgusto de su hija. Lo más conseguido del filme es eso: que las acciones de Suzane/Scott Thomas, por muy descabelladas que parezcan a primera vista, aparecen ante nuestros ojos respaldadas por la impoluta pureza de sus sentimientos.
 
Al otro lado y con este panorama, Sergi López no desentona pero tampoco queda a la altura. Hace alarde de algunos momentos brillantes, como cuando le canta en catalán a su amante la bella canción El setè cel (El séptimo cielo); pero su personaje, en parte porque no alcanza a desplegar la determinación que exigiría la situación extrema en la que se encuentra, y en gran medida y sobre todo por el agravio comparativo para con su pareja de reparto, queda un tanto desaborido, diluido en un amor que reclamaría mucha más sustancia. Eso sí, aviso para navegantes: López mantiene esa línea de exhibir siempre sus posaderas.
 
El contexto se desmorona y llega al paroxismo, el mundo da la espalda a los que quieren seguir su camino. Con la cuenta atrás llegamos dónde hemos empezado: de golpe, una noche, se oye un disparo. Y la historia sigue, y las personas parten.

 
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