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Compositor: Dario Marianelli
Sello: Warner Music Spain
El perfil autodidacta de Alejandro Amenábar quedaría acentuado al ser él mismo quien se erigía en el compositor de las bandas sonoras de sus propias películas. Pero evidentemente la realidad de enfrentarse a una producción tan ambiciosa como Ágora —que implicaba un largo y metódico proceso de aprendizaje sobre un capítulo de la historia de la civilización que se retrotrae en el tiempo al siglo IV D.C., muy poco transitado a nivel cinematográfico— hizo que se replanteara la opción de hacerse cargo del apartado musical o bien delegar en un compositor de cierta experiencia, capaz de lidiar con un proyecto de estas características. A tenor de que la plana mayor de los técnicos que participaron en Ágora obedecían a apellidos de ámbito hispano, lo presumible hubiera sido la contratación de un compositor de nuestro país. Por ejemplo, entiendo que Roque Baños hubiera sido una baza más que segura pero Amenábar finalmente se inclinaría por hacerse con los servicios de Dario Marianelli, quien ha encadenado una serie de soundtracks que despejan cualquier duda sobre su limitación a la hora de "armar" scores que se salgan de los patrones musicales servidos para el cine de época de qualité con trasfondo (melo)dramático —Orgullo y prejuicio (2005) y Expiación. Más allá de la pasión (2006)— por los que empezó a sonar entre los aficionados.
En cierto sentido, Amenábar pertenece a esa estirpe de cineastas que antes de iniciar el rodaje tiene "grabada" en su memoria la película visualmente de principio a fin; ello no obsta para que se muestre flexible a la hora de aceptar sugerencias por parte de sus técnicos y de los intérpretes que tiene a su disposición. En paralelo a esta realidad, obviamente, al darle una importancia al apartado musical superior al que le otorgan la media de los directores españoles, Amenábar a buen seguro ya barajaba distintas posibilidades para lo que debía ser el score de Ágora, previamente incluso a haberse decidido porque Marianelli se encargara del mismo. Dada la multitud de compromisos del director italiano, su entrada en el proyecto se sustanció cuando Amenábar ya estaba involucrado desde hacía meses, si no años; de ahí que el cineasta de origen chileno supo a ciencia cierta que el concepto musical aplicado por Harry Gregson-Williams en El reino de los cielos (2005) y, en menor medida, Hans Zimmer en Gladiator (2000) —para sendos films dirigidos por Ridley Scott— debían servir de "guía" a Marianelli. No nos engañemos al pensar que Amenábar, por esa capacidad de mutar de un género a otro, por la calidad visual/técnica de sus propuestas y por su precocidad pueda representar un émulo de Stanley Kubrick; al menos, por lo que concierne a la vertiente del conocimiento de la historia de la música el del primero es mucho más limitado. Por ello, la banda sonora de Ágora concentra su interés en cuanto a representar una partitura adecuada a los modos orquestales y compositivos inherentes al siglo XXI, pese a remontarse a una escenario en el tiempo dieciséis siglos atrás. Soslayado un presumible estudio pormenorizado de la instrumentación de la época, como había hecho, por ejemplo, Miklós Rózsa con El Cid (1961), Marianelli ha debido plegarse, a instancias del propio Amenábar, a un sonido que se solapa con ese sentido elegíaco adecuado por el mayor de los hermanos Gregson-Williams en El reino de los cielos. Teniendo en cuenta estas consideraciones, con el apoyo de su habitual orquestador Benjamin Walfisch —una joven promesa con quien pronto, aventuro, nos familiarizaremos; su partitura de The Escapist (2008) se adivina como una de sus primeras "pruebas de fuego"—, Marianelli sabe equilibrar la épica ligada a este tipo de relatos históricos con un intimismo mostrado sobre la base de un cuerpo de viento (entre los cuales figura el duduk, de origen armenio) y del empleo del violín y del celo como piezas fundamentales de este "engranaje" instrumental.
La cercanía de la columna sonora de Marianelli para con la música escrita por Alex North (Espartaco), Miklós Rózsa (Rey de reyes) o Dimitri Tiomkin (La caída del imperio romano), entre otros, proviene del hecho que en ninguno de los casos trataran de conferir temas o motivos musicales para cada uno de los personajes principales. Bien es cierto que Ágora construye un tema referido a la Biblioteca de Alejandría con motivos étnicos y el acople de un coro de voces femeninas en forma de lamento. Pero fuera de este pasaje Marianelli se encomienda a concebir bloques que van hilvanando una partitura de apreciación "dual", como señalaba. Si los temas con masas corales podrían ser intercambiables con los de la composición de Harry Gregson-Williams, en contraste, el verdadero mérito, a mi juicio, de este score deviene la concreción de la música que suena en los pasajes que convocan a la reflexión, que tratan de ir en la dirección de conectar "sensorialmente" a Hypatia (Rachel Weisz) con el cosmos con el fin de despejar los interrogantes que envuelven al verdadero movimiento de las estrellas y de los planetas, y por tanto, refutar las teorías que se habían dado por buenas hasta entonces. La estructura armónica adecuada por Marianelli transmite una enorme belleza y delicadeza, situándonos en la línea de ese músico que se había convertido en toda una revelación con su participación en la adaptación de la novela de Jane Austen, cuyo relato asimismo descansa sobre un personaje femenino enfrentado a las convenciones (de distinta naturaleza) de la época que le tocó vivir. Sin embargo, la parte que ayuda a definir el carácter épico, cuando no elegíaco del relato, Marianelli no se ha mostrado especialmente "productivo" e inspirado, máxime al saberse que Lucio Godoy aparece en los créditos finales como autor de la música adicional, aquélla que compromete al trabajo de percusión. Indicios suficientes para creer que Marianelli prefirió buscar nuevos desafíos musicales que seguir vinculado a un proyecto que, al coincidir con un director que se había desdoblado en compositor en sus trabajos previos, su margen de creatividad quedaría invariablemente restringido.
Christian Aguilera
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