Mamma Mia!

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CRÍTICA

Mamma Mia!

Mamma Mia!

Lo + destacable de Mamma Mia!

LO MEJOR: los actores y su desparpajo.
LO PEOR: tomársela demasiado en serio.

Un honesto divertimento

***--

Esta versión cinematográfica del famoso musical Mamma Mia!, cosido con canciones de los suecos ABBA, no es brillante en las formas. Está rodado de una manera simplemente funcional, a ratos incluso plana, y los números musicales no destacan, ni mucho menos, por lucir coreografías prodigiosas o voces inolvidables (quédense con Pierce Brosnan). Pero, por extraño que parezca, esa relativa torpeza contribuye a la principal virtud del filme: su espontaneidad y su frescura. En su segunda película, Phyllida Lloyd, quien también dirigió el montaje teatral de Mamma Mia!, propone un musical descocado, un divertimento sin complejos (que se lo digan a Meryl Streep, totalmente desinhibida en la piel de la reina del baile) en el que se exagera con gracia y sin pretensiones la relación entre la música y lo cotidiano.

Para marcar ese lazo, la cineasta inserta con tino los hits de ABBA, perfectamente integrados en una historia que matizan y hacen avanzar, y subraya con picardía su lado más festivo y su perspicaz ingenuidad. Su opción, clara desde el principio, es levantar un musical optimista y desbocado, razón por la que rebaja la amargura de algunas de las letras a base de teatralidad, altas dosis de humor y delirio kitsch. En su búsqueda del optimismo, también esquiva los excesos sentimentales para hablar de la soledad, la sensación de frustración o el sacrificio de los sueños de juventud, temas base del filme y carne de almíbar de no caer en las manos adecuadas. Y, para redondear la fiesta, Lloyd cuenta con la complicidad de un estupendo grupo de actores, entre los que destacan Streep, Amanda Seyfried y Stellan Skarsgard en un papel insólito en él, que se toman la película como lo que es: un musical sin más pretensiones que el más puro entretenimiento.

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