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Warren Beatty, el otro peluquero más famoso del cine
Por Carles Torrens
Adam Sandler es un tipo al que imagino con muy poco tiempo libre. Durante la última década, lleva regalándonos una película al año, muy a la par con otro cómico judío llamado Woody Allen. Pese a sus muchos críticos, considero a Sandler un profesional íntegro y con cierto talento, y aunque figuran en su historial algunas películas de dudosa calidad, tiene también de muy buenas y alguna obra maestra. Sí, amigos, aunque Punch-Drunk Love (Embriagado de amor) esté dirigida por Paul Thomas Anderson, es una pieza 100% Sandler que no se avergüenza en mostrar los manierismos del actor en todo su esplendor. Por otro lado, me lo pasé en grande con Happy Gilmore (Terminagolf), Billy Madison, o Ejecutivo agresvio. De Click prefiero no hablar.
Este verano nos trae Zohan: Licencia para peinar, una película sobre un agente del Mossad que intenta empezar una nueva vida en Estados Unidos como peluquero. A juzgar por el tráiler, parece que el look de nuestro protagonista está directamente inspirado en los agentes de Munich, completo con greñas, barbas mal afeitadas y aspecto de no ser muy amigo de la ducha. ¿Significa esto que se ha querido dar a la historia un baño de realismo? Probablemente, y juzgando de nuevo por el tráiler, éste no sea el caso, pero sí es verdad que cuando se toca el tema de Oriente Medio e Israel, uno está obligado a hablar de ciertos detalles y matizar cada lado de la historia con cuidado. Además, no me extrañaría que el judío Sandler, tan amigo de otorgar a sus películas cierta moraleja final, encontrara un hueco en Zohan para colar un pequeño mensaje político. Muy pequeño, eso sí. Peluquería y política no es una mezcla nueva en la historia del cine. ¿Quién sabría nombrar el film más famoso en unir ambos temas? Todos los que hayan dicho Shampoo, que se marquen dos puntos.
En efecto, esta obra dirigida por el gran Hal Ashby, pero orquestada en su totalidad por un Warren Beatty en plena forma, es para algunos la mejor sátira política de la filmografía del actor. Aunque personalmente considero superior a Rojos, y opino que Bulworth es una obra tan o casi más redonda, el mensaje de Shampoo es el que más relevancia tiene (especialmente hoy en día) y el que mejor integrado está en la trama. Aunque el film de Ashby no haya sabido envejecer del todo bien, su agenda política y su manera de explicárnosla siguen siendo sublimes. La historia se sitúa en 1968, en vísperas de la elección de Richard Nixon como presidente de Estados Unidos. Allí conocemos a George Roundy (Beatty), un peluquero seductor en serios apuros para complacer a todas sus amantes y conseguir un préstamo que le permita abrir una superpeluquería de lujo. Más que un depredador, el hombre es un imán sexual que sabe exactamente cómo hablar a las mujeres tras años de oírlas mientras les corta el pelo. Acostarse con sus clientas no deja de ser un servicio más que George, perfeccionista nato, les ofrece con gusto. Las chicas del peluquero son las siguientes: Hill (Goldie Hawn) es su novia oficial, mientras que la más madurita Felicia (Lee Grant) y la hija de ésta, (Carrie Fisher), son sus amantes. Por medio desfilan también varios rollos de una noche que se limitan a ocupar el ya muy ocupado tiempo de nuestro protagonista.
Tras un encuentro con Lester, el marido de Felicia (Jack Warden), para pedirle un préstamo, George descubre que el hombre mantiene un romance extramatrimonial con Jackie (Julie Christie), su ex novia. La cosa se complica cuando Lester le pide al peluquero que sea el acompañante de ésta en una gala benéfica para simpatizantes de Nixon, y George no tiene más remedio que aceptar. Como es de suponer, Jackie y nuestro héroe se vuelven a enrollar, pero el hombre se encuentra en un verdadero apuro al enterarse de que todas sus amantes estarán presentes en el evento. Una vez allí, la película se centra en una serie de enfrentamientos climáticos y polvos a escondidas en cada rincón del restaurante mientras oímos a Richard Nixon dar un discurso por televisión. Aunque el candidato republicano dice verdaderas barbaridades y efectúa promesas de dudoso resultado, la gente está demasiado ocupada viviendo la loca vida de los 60 para escucharle. Después, nuestros protagonistas acaban en una orgía en pleno Hollywood donde vemos el narcisismo y la superficialidad que reina en sus vidas. ¿De verdad está el gobierno de un país como Estados Unidos en manos de tales mendrugos? Al día siguiente, y con Nixon apoderándose del cargo a ritmo de Paul Simon, el mundo de nuestro héroe se cae a pedazos por razones que éste no logra comprender. Jackie, de la cual George se ha vuelto a enamorar profundamente, le deja por Lester, y su préstamo para abrir la peluquería de sus sueños nunca se materializa. Creía tenerlo todo bajo control, y no puede entender por qué nada le ha salido como estaba previsto. Y aquí es cuando vemos en el personaje de Beatty una metáfora de la América de los 60, cuyos ideales progresistas se ahogaron en la actitud hedonista de la sociedad y dieron paso a la subida del fascismo sin que nadie se enterara.
Shampoo estuvo nominada a cuatro Oscars: mejor guión (de Robert Towne y el mismo Beatty), mejor diseño artístico, mejor actor secundario (Jack Warden), y mejor actriz secundaria (Lee Grant), que se hizo con la estatuilla. El hecho de que se estrenara en pleno caso Watergate dio un valor añadido a la película, cuya ironía se basaba en que el público entendiera que el optimismo y pensamiento naïf de los protagonistas pronto se desvanecería en una sarta de mentiras políticas. En efecto, si algo nos enseña el film de Ashby, Towne y Beatty, es que la abundancia y el falso bienestar es la mejor arma que tienen los políticos para mantenernos bajo control. La revolución cultural y política en la América de los 60 surgió (además de por muchas otras razones), a raíz del reclutamiento obligatorio de todo hombre americano para la guerra del Vietnam. La gente no quería morir, y se lanzó a las calles en protesta. El movimiento hippie tenía en la paz su significado, y la rebeldía de los jóvenes se basaba en que, si obedecían a la autoridad, perderían la vida en un conflicto bélico sin sentido organizado para enriquecer a unos cuantos. Sin embargo, una vez terminada la guerra, la actitud rebelde del movimiento perdió su sentido, y en vez de ponerse a trabajar para construir un mundo mejor, los heroicos liberales (en el sentido americano y político de la palabra), cayeron en la autocomplacencia. Shampoo es una autocrítica hecha por demócratas para demócratas, exponiendo sus propios fallos y señalando la raíz del problema que les llevó a ser gobernados por gente como Nixon, o más tarde, Reagan. Aquí puedes ver el tráiler de Zohan: Licencia para peinar.
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