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Cuadecuc
Por Federico Sartori
La evidencia salta a la vista: la fotografía es un beso en el cuello. Desde ese punto de vista, el making of del Drácula de Jesús Franco supera el film del que parte, le chupa la sangre como una sanguijuela. Vampir-Cuadecuc es el vampiro del plato que otros han preparado para él. El título acuñado por Portabella a instancias de su padrino Joan Brossa, es más que alusivo; en una expresión: lo dice todo. Cuadecuc significa "cola de gusano". El gusano se caracteriza por reproducirse en cantidades industriales. Así, la estructura de la película recorre lineal la novela que todos conocemos: un hombre llega al castillo de Drácula sin saber quién es Drácula. Luego, o mejor dicho antes, una rubia se le insinúa, pero es una modosita de provincias. (...) Al Drácula, que tiene tres chicas sólo para él, no le hace ni gota de gracia que el fitipaldy recién llegado ligue más que nadie. Y lógicamente le clava los dientes en el cuello. Pero Drácula al final muere. El cuento es inteligible, pero la cámara de Portabella va más allá, ensancha el campo visivo, nos muestra lo que en el cine no se tendría que ver, o sea, lo que un filósofo de escuela francés considera el cine verdadero ("El cine verdadero/ es el encuadre fijo en la rama/ mientras cae la hoja del limonero").
Cuadecuc significa "cola de gusano", por lo tanto, "culo de gusano". Portabella usa en efecto los descartes de otra película que —se ve— resulta ser demasiado naïf para nuestro gusto: caninos postizos, la salsa de tomate, el murciélago de cartón yeso (véase Suspiria de Dario Argento 1976). El Vampir-Cuadecuc de Portabella es una estructura de secuencias hermanas. Nuestra manera de acercarnos al film es lo que marcará la diferencia. Las secuencias yuxtapuestas proponen siempre la misma idea, el mismo concepto a modo de disco rallado. Saltan en loop como en la escena madre, en la que Soledad Miranda observa tras las quintas el rodaje en el que se agitan las vampiresas. Poco a poco se hace claro: ella, que se queda afuera, es la auténtica Vampira: la Vampira-burguesa o, más bien, la Vamp Lady. Es más vamp que todas las vamp que hay en los sarcófagos. La auténtica Vamp: Soledad sí que es hermosa, BB, los labios retocados a los veinte años. Las gafas grandes fijadas en la (puesta en) escena. Es un fantasma de blanca carne y negra. El cine se caracteriza por grandes esperas, el actor debe tener la infinita paciencia del perro. Error tras error tras error. Vampir es cua-de-cuc, "cua" el culo, "de cuc" del gusano: y ¿cómo nace el gusano?, del cu... Lo dicho.
"El film requiere una atención activa del espectador" se comentaba en las reuniones de salón en los sótanos (underground) a finales de los 60, y no solo en la Alta Barcelona, la Otra Catalunya. Se pretende atención, no es difícil. Al contrario, es muy simple, tanto que ni siquiera es necesario el subtitulado cuando al final despunta el documental, mostrándonos varios cortes de Christopher Lee Drácula durante una entrevista. Despojado del personaje, actúa y se equivoca.
Ah ya, somos voyeurs, y el voyeur no quiere mirar y basta, quiere entender. En este caso, entender que incluso una estrella de otras épocas se equivoca mientras trabaja: ese es otro mérito del film, que hay que leer relacionándolo al contexto en que fue producido y finalizado. Es 1970, el franquismo aguanta, la censura existe, los movimientos de resistencia antifranquista están perseguidos por la Guardia Civil. Ser marxista de un modo tan sutil es una elegancia digna de pocos. Y sin embargo es simple como la muerte de Drácula. Entrevista 365 a Pere Portabella.
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