Gente de mala calidad

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CRÍTICA

Gente de mala calidad

Gente de mala calidad

Lo + destacable de Gente de mala calidad

LO MEJOR: sus personajes femeninos.
LO PEOR: que a Cavestany se le vaya la mano en el trazo caricaturesco.

En los suburbios de la vida

***--
Autor: Jordi Costa
Es posible —y hasta cierto punto comprensible— que al (casi) director debutante Juan Cavestany no le hiciera excesiva gracia que su primer esfuerzo en solitario viniese acompañado de una frase promocional del tipo: "De uno de los co-creadores de El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo". Quizás por eso marca las distancias citando a Ortega: "De 'querer ser' al 'creer que se es' es la distancia de lo trágico a lo cómico". Es cierto que Gente de mala calidad se mueve en esa interesante zona de sombra, pero no lo es menos que en ella se detecta una feliz depuración de esos registros —¿post-humorísticos?— que en su debut compartido no alcanzaron su ideal grado de cocción. Gente de mala calidad también puede generar reacciones airadas entre determinados sectores del público, pero hay una relevante diferencia con respecto a la anti-épica odisea de Borjamari y Pocholo: en este caso, todo forma parte del juego y la grima es ingrediente nada casual del esquinado cóctel.

Gente de mala calidad narra el reencuentro de una serie de personajes varados en el desolado territorio que separa las aspiraciones de la realidad: el páramo de extrarradio del fracaso y el auto-engaño modulado en todas sus formas. Existe la posibilidad de una catarsis colectiva —en forma de incendio forestal— que acaba muriendo de inanición antes de que la trama culmine. Recorre la película una poética muy peculiar que Cavestany ya exploró en algunos de sus trabajos para la compañía Animalario o en las escenas iniciales de su guión para Los lobos de Washington: también se detecta una crueldad muy Happiness mezclada con una melancolía muy de comedia italiana de posguerra. Le fallan a Cavestany sus personajes masculinos —demasiado cerca de la caricatura—, pero el plantel femenino equilibra la balanza con considerables cargas de verdad.

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