El caballero oscuro

REPORTAJE

La segunda mola más

La segunda mola más

La segunda mola más

Por Carles Torrens

"El padrino II es muchísimo mejor que El padrino”. ¿Cuántas veces hemos oído esta frase, y cuantas más la tendremos que oír? Aunque es cierto que la segunda entrega de la saga mafiosa por excelencia sea un peliculón en toda regla, ¿de verdad supera a su predecesora? Personalmente, aunque disfrute como ninguno viendo crecer la ambición de Michael Corleone al tiempo que se me explica la odisea criminal de su padre, en el primer Padrino se hilvana una historia más completa, con un desenlace mucho más redondo que responde a todas las cuestiones planteadas en el inicio. Al fin y al cabo, la secuela carece de sentido si no se ha visto la primera, mientras que ésta funciona como pieza independiente.

"El caballero oscuro supera con creces a Batman Begins". Otra. El caballero oscuro es una obra maestra, sin duda, ¿pero puede considerarse como una película de Batman? Para mí, las dos entregas de Christopher Nolan participan en ligas muy distintas, así que buscar comparaciones es un poco absurdo. Mientras que una se mueve en el terreno de los superhéroes desde una perspectiva realista, la otra se yergue como un estudio épico sobre la filosofía del caos intentando demostrar que la idea del bien y del mal no existe como tal. Según Nolan, el universo se rige por fuerzas inamovibles que necesitan un polo opuesto para "ser", y que dejarían de tener sentido sin la presencia de su Némesis. El mensaje de El caballero oscuro es muy parecido al de El protegido, de Shyamalan, aunque ninguno de los dos films pertenece al género de superhéroes. En cambio, Batman Begins, sí.


Dicho esto, me gustaría echarle un vistazo a secuelas que sí son verdaderamente mejores que sus predecesoras. Para entrar en esta lista, los films deben regirse por las mismas reglas y pertenecer al mismo género que sus primeras partes. Por lo tanto, Babe, el cerdito valiente (fábula) y Babe, cerdito en la ciudad (película de terror), tampoco cuentan.

Hostel 2 (2007)

Por algún motivo, la tercera película de Eli Roth fue ignorada por el público y la crítica. Todavía me pregunto por qué, ya que con Hostel 2, el director neoyorkino consiguió su mejor trabajo hasta la fecha.

Mientras que la primera nos presentaba una trama lineal cuyo único objetivo era divertirnos a golpe de teta y asquearnos a golpe de sangre, ojo cercenado, y vómito, en la segunda, se intentaba algo inaudito en el cine de terror moderno: explicar una historia. En efecto, una vez agotado el efecto sorpresa de la primera, Roth decidió revisitar su particular universo con sarcasmo e ironía, hilvanando una sátira mordaz sobre el capitalismo occidental que no deja títere con cabeza. Aquí, los dueños del temido "Hostel" dejan de ser los malos, y pasan a convertirse en un mero producto de consumo al servicio de Estados Unidos y la Unión Europea. La escena de la subasta por móvil es magistral, así como los dos ejecutivos aficionados a los "deportes de riesgo". De todos modos, me quedo con el giro final, que no voy a estropear aquí, pero que viene a decirnos que en el mundo de hoy, no hay infierno del que no se pueda salir con una sólida cuenta bancaria y una tarjeta de crédito a mano. Hostel 2 no da miedo, cierto, pero es mucho más divertida y completa que su predecesora.


Evil Dead II: Terroríficamente muertos (1987)

Más un remake que una secuela, Raimi superó su trabajo original en todos los sentidos. Mejor guión, mejores efectos especiales, mejores actuaciones, y más presupuesto en general. De todos modos, lo realmente innovador fue mezclar el slapstick clásico de los Three Stooges o los dibujos animados de la Warner con el gore más sangriento. De esta manera, Evil Dead II se irguió como la comedia más salvaje de los 80, cuya genialidad solo pudo acariciar, (y digo solamente acariciar), Peter Jackson con su Braindead. Tu madre se ha comido a mi perro. La escena de "tiro al plato" entre Ash y su propia mano es antológica.

El nuevo caso del inspector Clouseau (1964)

¿Quién se acuerda de La pantera rosa? Los créditos iniciales, la música de Henry Mancini, el inspector Clouseau, Kato, el psicópata jefe de policía Dreyfuss, los disfraces, los gadgets... ¿Lo recuerdan? ¿Sí? Pues permítanme comunicarles que su memoria les está jugando una mala pasada.

De todos los elementos citados, el film de dicho título sólo mantiene los dos primeros, más una aparición de Clouseau en un papel secundario. En efecto, La pantera rosa no es una película "del inspector Clouseau", sino una elegante comedia de enredos y sociedad con David Niven como ladrón de joyas. Aunque es una sólida pieza de género, Blake Edwards fue lo suficientemente inteligente para quedarse con lo que mejor funcionaba, (el personaje de Peter Sellers), y hacer una película entera sobre él.

El nuevo caso del inspector Clouseau es una obra maestra del slapstick más inventivo, creando un memorable mundo alrededor del detective francés para que éste campe a sus anchas y destroce todo lo que se le ponga por el medio. Sellers nunca ha estado mejor, los gags funcionan como una bomba de relojería, y todos los elementos listados anteriormente hacen gala de presencia. El film dio paso a varias secuelas, cada cual más floja, aunque todas resultan tremendamente entretenidas salvo las dos últimas, Tras la pista de la pantera rosa y El hijo de la pantera rosa.

El imperio contraataca (1980)

Poco puedo decir que no se haya dicho ya sobre El imperio contraataca. Su oscuridad, sus aires de tragedia shakesperiana, los Tie Fighters, la profundidad de los personajes, la historia de amor…

Lo que sí es cierto es que La guerra de las galaxias explicaba una historia completa, con principio, nudo, y desenlace, así que confeccionar una secuela sin que todo pareciera un burdo truco publicitario era muy difícil. Aún y así, Lucas y compañía fueron capaces de extraer suficiente jugo a sus personajes y situaciones para cinco películas más, aunque el lastre se les empiece a acabar.

De todas, yo me quedo con ésta por su demoledor suspense y ritmo endiablado, que no nos deja respirar incluso hasta después de los créditos finales. ¿Y quién nos iba a decir que tras el exhaustivo clímax en la Ciudad Nube aún había cabida para el giro final más memorable de la historia del cine?


Terminator II. El juicio final (1991)

Dejando de lado sus punteros efectos especiales y su aumento de presupuesto sobre la anterior, considero a Terminator II. El juicio final la película de acción más sincera y emotiva de la historia. Pese a estar hablando sobre el fin del mundo "humano" a manos de los robots, no hay ni un momento del film de Cameron que me parezca falso, sobre todo en el comportamiento de los personajes. Sin duda alguna, lo mejor del espectáculo es Linda Hamilton, creando una Sarah Connor de carne y hueso convertida en heroína por razones muy ajenas a ella. La evolución del personaje de una entrega a la otra es asombrosa, ya que en el fondo, tras los músculos, las armas, y la mirada agresiva, todavía podemos atisbar a la Sarah Connor de Terminator. Después de ver Aliens, el regrero y Titanic, no hay duda de que Cameron es una gran director de mujeres. Por otro lado, NADIE en el reparto de Terminator II. El juicio final ha conseguido estar mejor en ninguna otra película.


Los renegados del diablo (2005)

Personalmente, nunca me gustó La casa de los 1.000 cadáveres. Pese a su arranque prometedor, la encontré aburrida, arrogante, y demasiado postmoderna. No parece la obra de un director de cine, sino la de un fan que quiere vomitar las cuatro referencias al género que lleva impresas en la camiseta o en los pósters de su habitación. No hay suspense, no hay miedo, simplemente hay caricaturas y refritos de otros iconos del género.

Por lo tanto, nunca me hubiera imaginado que la mejor película de terror en lo que llevamos de siglo XXI (El sexto sentido salió en 1999) viniera firmada por Rob Zombie. En efecto, Los renegados del diablo es una obra maestra, y un ejemplo de cine postmoderno bien entendido. Mezclando el road movie más polvoriento con el cine de psicópatas de los 70, y añadiendo pinceladas de acción salidas de un western de Peckinpah, Zombie es capaz de crear un universo muy personal y violento que no duda en admitir que la primera entrega era una ida de olla.


Es como si el director quisiera tomar una leyenda popular creada por él mismo, (La casa de los 1.000 cadáveres), y entretenerse en explicar lo que realmente pasó. Así pues, Otis no es un mutante albino, el Capitán Spaulding (un Sig Haig antológico) no siempre lleva maquillaje, Tiny no es TAN gigante, y el bizarro Dr. Satan, simplemente, no existe. Además, en la casa nunca hubieron 1.000 cadáveres, si no unos 100 (más unos cuantos prisioneros en el granero).

Por último, el director aprende por fin que el ritmo de una película no se consigue cambiando de plano cada dos segundos, si no jugando con la tensión interna de la historia.

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