Rivales

REPORTAJE

Medallas de celuloide

Medallas de celuloide

Medallas de celuloide

Por Marcel Barrena

No sé si alguien se habrá enterado porque apenas lo dan por televisión, pero resulta que se están disputando unos Juegos Olímpicos. En Pekín, aunque ahora tenemos que decir "Beijing". Hay quien insiste en llamar "Gerona" a "Girona" y, en cambio, para dárselas de moderno puede pronunciar en un perfecto chino "Beijing". Curioso.

Las olimpiadas son otra cosa. Es el esfuerzo llevado al máximo, se ve en la cara de los atletas y eso provoca una mágica empatía con todos ellos. Así, durante unas olimpiadas, uno puede ver deportes a los que jamás le prestaría atención. Porque se nota que estamos ante algo por lo que un atleta ha trabajado toda su vida. Algo que realmente tiene sentido, que es la suma de todo lo que ha hecho hasta entonces y para llegar a ese momento. Y eso emocionaría incluso a Steven Seagal. Por cierto, hacemos una pausa para coger aire, que esto va de deportes y nos podemos cansar. Para los que no conozcan la biografía de este hombre con coleta, decir que tiene discos publicados. Y su voz suena tal que así.

Decidir si canta mejor que actúa es difícil. Como difícil es decidir si canta peor que actúa.



El caso es que contagiados por el espíritu olímpico, hemos recordado algunos de los mejores momentos deportivos del cine, sean olímpicos o sean de solteros contra casados, pero el deporte es cosa de todos... Lo importante es participar, ¿no? Una frase que nunca le habrán dicho a Michael Phelps, como no muchas veces le habrán dicho "Un domingo cualquiera vas a ganar, o vas a perder", como lo hacía Al Pacino en Un domingo cualquiera (1999).

Ésta es nuestra selección de las mejores películas deportivas de la historia del cine.

El orgullo de los Yankees (1942)

Biopic del mito americano Lou Gehrig, estrella del béisbol que tuvo que retirarse por la enfermedad que lleva su nombre y que acabó con su vida poco después de dejar el deporte. La película es un clásico gracias a este discurso que Gary Cooper, solo ante el peligro, da a los aficionados de los Yankees antes de que caiga el telón. Uno de los grandes momentos del cine, con ese "La gente acostumbra a decir que he tenido malos comienzos. Pero hoy, hoy yo me considero el hombre más feliz en la faz de la Tierra". Momentos como éste son parte de una de las producciones más nominadas al Oscar, con 11 candidaturas. Se llevó el premio al mejor montaje en un año con 10 películas finalistas entre las que ganó Mrs. Miniver.


El buscavidas (1961) y El color del dinero (1986)

"Gordo, jugaste como un maestro". Maestro del billar, Eddie Felson (Paul Newman),  reconocía la valía de sus rivales en El buscavidas, aquella maravillosa jugada de Robert Rossen. Candidata a nueve Oscars, una mala carambola hizo que sólo se llevara dos en 1962. West Side Story era mucha película. Y si Eddie Felson reconocía el mérito de sus rivales, nosotros podemos reconocer al billar como un deporte.

Su secuela tardó 25 años: El color del dinero, la rodó otro maestro, Martin Scorsese, que confirmó a Tom Cruise en el estrellato. El joven Cruise no había nacido cuando se estrenó El buscavidas.


Rocky (1976)

Una de las películas más beneficiarias de la historia del cine. Con un presupuesto de un millón de dólares, se llevó más de 225 y el Oscar a la mejor película. Sylvester Stallone escribió el guión de este clásico en tan sólo un fin de semana. Sí, Sylvester Stallone, fue nominado al Oscar. Dos veces por Rocky. Y no fue para menos, Rocky es a todas luces una película magistral, digna de enfrentarse con las mejores del subgénero de deportes. Rodada en tan sólo 28 días, es todo un ejemplo de cómo sacar petróleo con casi nulos recursos de producción. Está en todas las listas de las películas de la historia del cine.

He aquí la mejor secuencia de entrenamientos de películas deportivas. Esas secuencias que todas las películas cutres, después de Rocky, han utilizado para explicarnos (ahorrándose páginas y páginas de diálogos y de producción) cómo el hombre se hace héroe con una musiquita de fondo.


El relevo (1979)

Oscar al mejor guión, El relevo merece más renombre del que tiene. Fue finalista al Oscar (además de a director por Peter Yates) y se llevó el Globo de Oro a mejor comedia.

Es una de esas películas que el tiempo ha dejado atrás pero que algún día serán rescatadas. Primer paso: el AFI ya la ha seleccionado entre las 10 mejores películas de deportes del cine americano. Además, ¿conocéis muchas más películas sobre ciclismo? No "con bicicletas", sino "ciclismo", así que no valen ni Las bicicletas son para el verano ni Ladrón de bicicletas. Muerte de un ciclista tampoco vale. Unos veinteañeros Dennis Quaid y el recuperado por Juegos secretos Jackie Early Haley pedalearon con mucha fuerza.


Toro salvaje (1980)

¿Million Dollar Baby o Toro salvaje? A veces se presentan estas preguntas absurdas que no hace falta ni contestar.

Con una obertura de créditos maestra, Scorsese y De Niro regalan al mundo su visión de la vida de Jack La Motta, en la que es una de las mejores construcciones de personaje que jamás hemos visto en un ring de celuloide.

Oscar a Robert La Motta y a la montadora entre montadoras, Thelma Schoonmaker.

"Den un escenario a este toro donde pueda demostrar su bravura, pues aunque lo mío es pelear, más me gustaría saber recitar. Esto es espectáculo".

Masterpiece!


Carros de fuego (1981)

La película de deportes. Sin duda, la mejor estrictamente de deportes, aunque Premiere la calificara como una de las "20 películas más sobrevaloraras de la historia". Legendaria, épica gracias a la música de Vangelis, cuenta las hazañas olímpicas de Eric Lidell y compañía y tiene su lugarcito en la historia por ser la mejor película de su año. Inglesa, muy inglesa, fue la más hollywoodiense película del 81 y se llevó cuatro Oscar. Su intensidad y emotividad sudan olimpismo por cada fotograma, incluso el tipo más vago del mundo, viendo la película desde su sofá, puede perder calorías de tanta empatía que Hugh Hudson consigue con sus personajes.

Imposible olvidar esta obertura, con la mítica "Cerrando los ojos podemos recordar a aquellos hombres jóvenes, con esperanzas en sus corazones... y alas en sus pies" y estas imágenes...


Karate Kid (1984)

En las decenas de mails en cadena —y anuncios de Coca-Cola— que corren gritando al viento las memorias de los 80 se olvidaron una: Karate Kid. Con Rocky, Regreso al futuro, Indiana Jones y el resto de producciones de la factoría Spielberg, fue una de las películas más marcadamente generacionales de la década. Su estructura estaba preconstruída y vista hoy le pesan los años, pero el camino del héroe de Daniel Larusso marcó a más de uno. Uno de los consejos más raros de las secuencias de montaje de entrenamiento (sí, esas con música y en las que vemos al protagonista pasar de patoso a súper guerrero) vistos en el cine fue ese de "Dar cera; pulir cera. Dar cera; pulir cera", consejo que casi le da a Pat Morita un Oscar y que le reportó a la película más de 100 millones de dólares de la época.


Teen Wolf. De pelo en pecho (1985)

De acuerdo, canta entre Toro salvaje y El buscavidas, y ni siquiera es una buena película. Pero es absurdamente encantadora. Su sinopsis lo decía todo: un adolescente de instituto es hombre lobo y gana el torneo de basket.

Y entonces aparecía Michael J. Fox, los Beach Boys, y ese envoltorio mágico que convirtió a esta película en otro clásico ochentero con esos tiros libres saltarines de Michael J. Fox. El basket final de Fox, imborrable entre lo celuloide faciloide más encantador del cine. Eso sí, su "secuela" era mala, re-mala.


Hoosiers, más que ídolos (1986)

De esas películas que inspira, de esas que dice "aunque vivas en un pequeño pueblo puedes ganar el campeonato nacional de basket". Por eso mismo, es una de las películas más inspiradoras del cine americano. De hecho, es la 13ª más inspiradora, según el AFI, por delante de El puente del río Kwai y por detrás de Apollo 13, la primera es ¡Qué bello es vivir!. Pero Hoosiers, más que ídolos es la 13ª, y punto. Y es tan inspiradora que se la ha plagiado del derecho y del revés con todas esas películas de entrenador que lleva a su equipo humilde a la gloria. Y ese entrenador, en Hoosiers, más que ídolos, era un espléndido Gene Hackman que le devolvía los diálogos a un todavía más esplendido Dennis Hopper, nominado al Oscar por su interpretación. Basada en la historia real del campeonato que ganaron los Indian Hoosiers del instituto Milan en 1954.


Jerry Maguire (1996)

"¡Enséñame la pasta! ¡Enséñame la pasta!"

De acuerdo, ésta no es una película estrictamente de deportes. Es, como Un domingo cualquiera, sobre el negocio de los deportes, pero quién negará que al fin y al cabo las Olimpiadas o los Mundiales son un negocio. ¿El acuerdo entre Beijing y la NBC?

Jerry Maguire es una de las películas favoritas de los americanos. Seleccionada por el American Film Institute como uno de sus mejores films, la película es redonda en guión, interpretación y dirección. Tom Cruise bordaba su papel de agente deportivo en plan camino del héroe dándole una serenada réplica a un gran Cuba Gooding Jr, que sí que se llevó un Oscar que supuso un lanzamiento y casi un punto final para su carrera. Su sonado agradecimiento en la ceremonia del 97 fue recibido por una euforia que luego sus agentes no supieron aprovechar.


Y otra película que no es "deportiva", pero debe estar en cualquier lista de "cine y deportes" es Forrest Gump. Uno de los clásicos de los 90. Una película perfecta.

"Alguien dijo que la paz del mundo estaba en mis manos, pero yo solo jugué al ping pong".


Shaolin Soccer (2001)

Una bomba nipona explotó en las taquillas orientales en 2001. Fue Shaolin Soccer y según las fuentes llegó a los 50 millones de dólares solo en Hong Kong, aunque en España nunca llegó a la cartelera. Misteriosamente nadie se atrevió a estrenar una película que, a todas luces, hubiera funcionado en nuestros cines. La dejadez llevó a que más de uno recurriera a Internet para poder verla, y es que la película lo merecía: Shaolin Soccer viene a ser un cocktail entre Campeones (con sus catapultas infernales), Tigre y dragón, con esos ninjas saltarines de árboles, y los personajes de David Serrano. Divertida, con un buen ritmo y efectivos efectos visuales para una película que se autoregaló Stephen Chow y que seguramente sea el mejor film de fútbol del cine.


El fútbol en estado puro es un deporte que no ha acabado de funcionar en la gran pantalla. Recordamos Evasión o victoria (1981), con un reparto muy raro encabezado por Sylvester Stallone, Michael Caine y Pelé, en el que un grupo de prisioneros de los nazis escapaban de un campo de concentración demasiado blando en el que la puesta en escena de su partido final era lo mejor de la película. "Si nos vamos ahora perderemos algo más importante que un partido". Le decía Pelé al portero Stallone.

Goal!, Once pares de botas, El portero, Rivales... Hasta Quiero ser como Beckham (2002), donde Keira Knightley se la pasaba con una amiga india que no quería preparar más chappatis. Quizá las mejores películas de fútbol han sido aquellas que han sabido darle un giro, como Días de futbol, que sigue la fórmula de Shaolin Soccer. La película de David Serrano tenía un gran surtido de diálogos frescos y personajes de primera marca de la casa que se permitían momentos como éste de Luis Bermejo: ¿Nos ponemos un nombre gracioso? ¿Walter de Munich, Maccabi de Levantar, Steaua del Grifo…?



Million Dollar Baby (2004)

No es una película de deporte. Pero el deporte es, en esta obra maestra de Clint Eastwood, el MacGuffin, el gancho de derechas más fuerte con el que el cine nos ha noqueado. Pero antes de ello, la película mostraba con aplomo el mundo del boxeo con una harmonía poética y un aplomo de genio. Million Dollar Baby no es sólo la mejor película de Clint Eastwood, es también, una de las mejores películas del nuevo siglo y merece ser estudiada y revisitada una y otra vez. Mereció cada uno de sus cuatro Oscar, y se quedó corta. Incluso su banda sonora es perfecta.


Kevin Costner

Superestrella en los 80 y 90, el hoy venido un poco a menos para las grandes masas de Cineplex merece un apartado en el capítulo de Cine-Deportes.

Los búfalos de Durham, Campo de sueños, Entre el amor y el juego... (de esta última vamos a pasar)... O lo que es lo mismo, béisbol, béisbol y béisbol.

"No ha habido un jugador de béisbol que se haya acostado conmigo y no haya tenido la mejor temporada de su carrera", decía Susan Sarandon en Los búfalos de Durham. Dejamos al aire si la señora de Tim Robbins y el señor Costner tuvieron lo suyo. Lo que está claro es que el hombre que bailó con lobos es todo un atleta. Él mismo, o más bien su Crash Davies, nos lo decía en Los búfalos de Durham.

"Yo creo en el alma, en la vagina, en el pene, en la espalda de una mujer. En las bolas con efecto, comida de régimen, buen whiskey, que las novelas de Susan Sontag son una basura desmesurada y sobrevalorada; creo que Lee Harvey Oswald actuó en solitario, creo que debería haber una enmienda constitucional prohibiendo los campos de hierba artificial; creo en el bateador suplente, en la pornografía muy suave, en abrir los regalos el día de Navidad en lugar de Nochebuena y creo en besos largos, lentos, suaves y húmedos que duran tres días. Buenas noches".

Sí, un caramelo de diálogo, digno de una de las 10 mejores películas de deportes del cine, según el American Film Institute.


Campo de sueños (1989), es una de las películas más extrañas que han sido finalistas al Oscar. En ella, Kevin Costner construía un campo de béisbol para que los espíritus de los mejores jugadores del pasado vinieran a jugar. Y lo hicieron, "Ellos vendrán", le decía James Earl Jones. Y sí, Kevin Costner jugó a su amado béisbol con los mejores.


Pero Costner también le ha dado al golf. Fue en Tin Cup, de 1996, en la que con su poesía enamoraba a Rene Russo. "Golpea la bola secamente, con carácter. Notas como te vibra el corazón, y los huevos. Es el sentimiento puro de un buen golpe de golf". Esto es el sentimiento olímpico.