Cosas que perdimos en el fuego

REPORTAJE

Pigmalión y Jessica Rabbit

Pigmalión y Jessica Rabbit

Pigmalión y Jessica Rabbit

Por Carles Torrens

"I'm not bad, I'm just drawn that way". Con esas míticas palabras, el soplo (literal) de un beso, y un sensual andar que hacía botar sus delanteras a golpe de cadera, Jessica Rabbit pasaba de dibujo animado a mito erótico de los 80 en un abrir y cerrar de ojos verde esmeralda. Hay quien prefiere las piruetas culinarias de Kim Basinger en 9 semanas y media el revolcón enharinado de Jessica Lange en El cartero siempre llama dos veces, o las ensaimadas de la princesa Leia en El retorno del Jedi (vale, el bikini no estaba mal), pero yo, y sé que no estoy solo, me quedo con esos párpados azulados de diez centímetros, esa imposible boca en forma de fresón del Maresme, o esas espectaculares piernas que dejarían a Cyd Charisse verdecita de envidia.


Sin embargo, el morbo que supura la señora Conejo por cada poro de su blanca piel le debe más a su condición de ser inalcanzable que a su apariencia de Angelina Jolie elevada al cubo. Y es que, para qué engañarnos, el mayor gancho que pueda tener nuestra escultural pelirroja, aparte de unas curvas de vértigo, es el NO ser real. Desde tiempos inmemorables, el ser humano se ha sentido atraído por lo inalcanzable, y ha enloquecido por conquistar metas que se escapan de sus límites. Por eso, la hierba del vecino siempre es más verde, la oveja del prójimo siempre está más buena, y las chicas del instituto que recordamos mejor no son las novias que tuvimos si no las que nunca pudimos tener.

Nunca podremos besar a Jessica Rabbit. O darle un cachete en el culo. O darle la hora si nos la pide. Por este motivo, la intangibilidad de nuestra femme fatale le convierte en la "calientabraguetas" por excelencia de la historia del cine, ya que no importa nuestra condición social o económica, ella nunca dejará de ser un dibujo animado creado por Gary Wolf y doblado por Kathleen Turner.


Al fin y al cabo, el objeto del deseo perfecto es aquel que todos anhelamos y nunca podemos alcanzar, ya que una vez se conquista una meta, ésta pierde por completo su interés. Seguro que si te casas con Charlize Theron, tras un año de compartir un mismo espacio, de ver tendidas sus bragas en el lavadero y oírla roncar por la noche, la leyenda se rompe y la chica se convierte en una persona normal. Y la normalidad, amigos, aburre.

Aún y así, y pese a entender que el encanto de nuestra muchacha yace en su condición de ser inexistente, de diosa cartoon de la sensualidad, hay quienes no se conforman y deciden desafiar lo imposible. Así como algunos murieron en la selva buscando la Fuente de la Eterna Juventud, u otros se quemaron la cara intentando fabricar oro mediante procesos químicos poco seguros, los hay que se rompen la sesera para convertir a Jessica Rabbit en un ser de carne y hueso.



Antes de seguir, me gustaría repasar el mito de Pigmalión y Galatea por si llevamos la mitología griega un poco oxidada. Pigmalión es un escultor chipriota que decide renegar de las mujeres por la promiscuidad de éstas. (Un cornudo, vaya). Para matar el aburrimiento, decide esculpir en marfil el cuerpo femenino más bello que se haya visto jamás, y así nace Galatea, su mejor obra. Como es de suponer, el hombre se enamora perdidamente de su creación, y acaba completamente enloquecido. Por suerte, como eran otros tiempos, Afrodita baja en el último momento y le da el poder de convertirla en humana a través del tacto, cosa que pone punto final a sus pajas mentales y le da la bienvenida a la vida conyugal. Luego, supongo que la pilla tendiendo las bragas en el lavadero y el asunto pierde interés. Para los amantes del cortometraje, Nacho Cerdá exploró este mito de forma brillante en su grandioso Génesis.

Pero a lo que íbamos, aunque Afrodita ya no esté aquí para echarnos una mano, hay quién no se corta un pelo jugando a Pigmaliones con la señora Conejo. En el blog de la web "pixeloo", unos señores armados de paciencia y con mucho tiempo libre han recreado digitalmente una imagen "humana" de nuestra querida Jessie.


El resultado final es fascinante, si bien te pone la piel un poco de gallina. Pese a mantener su atractivo exagerado, la chica se ha vuelto de carne y hueso, cosa que le hace tangible y nos permite coexistir con ella en una misma realidad. Por otro lado, sigue manteniendo sus proporciones de dibujo animado, haciéndome preguntar si estoy ante el ser más bello del mundo o una atrocidad mutante. ¿Os acordáis del gatito que nació con un solo ojo? Pues es un poco lo mismo.

Pero aquí viene lo realmente heavy.


Esta es Lauren Langley, la fusión perfecta entre Pigmalión y Galatea en un solo cuerpo. Esta chica inglesa, originaria de Hartlepool, pasó una adolescencia difícil debido a su exceso de peso, sus planos pechos, y su miopía. Harta de ser ignorada por los varones,  decidió un buen día convertirse en su ídolo, Jessica Rabbit, y encontrar al conejo de sus sueños (qué mal suena eso). ¿Y cómo abordó su cometido? Pues a golpe de bisturí puro y duro.

Primero se fundió su beca estudiantil de 3.800 euros en un buen par de melones siliconados. Luego se gastó 635 euros más en teñirse de pelirroja y añadirse extensiones. Por último, y tras agenciarse unas lentes de contacto verde esmeralda, destinó sus últimos 6.350 euros a operarse los labios y la barbilla para parecerse más al cartoon. Desde entonces, lleva "invertidos" más de  25.000 euros en su quijotesca misión, y por lo visto, no le va mal. Se ha casado con un atractivo fotógrafo de 40 años y ha encontrado un hueco profesional como... ¿actriz porno? Bueno, juzguen ustedes mismos en su página web. Porno, lo que se dice porno, aún no, pero no creo que le quede mucho para lanzarse a la aventura.

Otro día hablaremos de "pigmaleonizar" a alguien incluso más interesante que Jessica Rabbit.


Cambio y corto.