Appaloosa

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CRÍTICA

Appaloosa

Appaloosa

Lo + destacable de Appaloosa

LO MEJOR: el sesgo clásico, su naturalismo y puesta en escena atenta, la iluminación de Dean Selmer.
LO PEOR: Renée Zellweger.

La belleza de lo primitivo

****-
Autor: Quim Casas
El segundo trabajo como realizador de Ed Harris tiene los gestos, las miradas, los movimientos y la atmósfera del western primitivo, persiguiendo así la misma quimera que asumió como tal otro actor-director, Kevin Costner, cuando rodó Open Range: restituir todo el clasicismo primigenio de un género del cual, hace muchos años, se firmó su acta de defunción. Curioso que, con pocas excepciones (El tren de las 3:10 de James Mangold), sean los actores traspasados a directores o productores los que mantengan viva la llama de un género extinto: Harris, Costner, Clint Eastwood o el Brad Pitt productor de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford.

Appaloosa es un film bello, terroso y estrictamente físico, primario de manera consecuente: narra la historia de unos individuos que se limitan a sobrevivir y se rigen por instintos de lo más primario (caso del personaje encarnado por Renée Zellweger, que pasa de mano en mano, de cama en cama, buscando la seguridad y protección del mejor semental de la comunidad). Y así debía ser en el llamado lejano oeste.

Harris, cuyo personaje transparente se caracteriza por entrabancarse al decir algunas palabras, ha recogido influencias varias. De Río Bravo, por ejemplo, la idea de la cárcel donde un cacique (aquí Jeremy Irons, hasta la fecha actor "impropio" del western) espera a ser liberado por los suyos. De Infierno de cobardes, también, ya que los dos alguaciles encarnados por Harris y Viggo Mortensen aceptan defender una ciudad a condición de dictar ellos las leyes. O de Colorado Jim, en la que un grupo de personajes enfrentados debía unirse para luchar contra los indios.

Tierra, polvo, un saloon rudimentario y una espartana oficina del sheriff, un tren asaltado, una partida rebelde de apaches chiricahuas, la perilla de Mortensen a imagen y semenanza de las de Buffalo Bill o Wild Bill Hickok... Iconografía respetada y ennoblecida. El western está muerto, pero de vez en cuando brilla con inusitado fulgor para regresar de nuevo a las catacumbas.