Corredor de fondo

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CRÍTICA

Corredor de fondo

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Lo + destacable de Corredor de fondo

LO MEJOR: Simon Pegg, un actor británico de pura cepa.
LO PEOR: que no se suelten más la melena los momentos de comedia.

No estoy gordo, estoy fuertecito

***--
Autor: Borja Crespo
Vaya titulito se han marcado por estos lares para Run Fatboy Run. Aquellos que lean en la cartelera Corredor de fondo sin más, probablemente no se imaginarán que pueden degustar pasando por taquilla una comedia británica al estilo Cuatro bodas y un funeral, de esas sobrias que te hacen pasar un rato agradable, sin estridencias, correctamente dirigidas, con alguna floritura, y de paso se pasean de puntillas por el sentido de la vida.

Lo que más llama la atención del filme, a priori, es su director, David Schwimmer, popular gracias a su intervención como actor en la exitosa serie de televisión Friends. Resulta chocante que haya acabado rodando en Gran Bretaña, lejos de Estados Unidos, con un protagonista tan british como Simon Pegg, genio en alza que ya ha dado muestras de su buen hacer, de su indudable vis cómica made in GB, en puntazos como Shaun of the Dead o Hot Fuzz (rebautizadas imaginativamente, es un decir, Zombies Party y Arma fatal, ¡qué mala suerte tiene el bueno de Pegg con los títulos de sus trabajos en nuestra cartelera!).

Está claro. Un inspirado Simon Pegg —no se pierdan su serie Spaced, por cierto— es el alma máter de Corredor de fondo, una suerte de Hugh Grant a la inversa, un tipo fondón que busca una segunda oportunidad en la vida. Las cosas le van mal, la decadencia hace mella en su cuerpo y modo de vida, pero sus indudables encantos, más allá de la dictadura del gusto, tienen que servirle para algo, para enderezar una existencia torpe y desquiciada que no merece alguien sin malicia como él que se da cuenta demasiado tarde de sus cagadas. Ahora quiere recuperar a su chica, con la que no se casó, huyó despavorido a las puertas de la boda, y para ello debe competir con su actual pareja, un sujeto cachas, forrado de pasta, que encima parece buena persona.

Se agradece que en Corredor de fondo el protagonista, el patito feo, siga siendo un hombre burdo cuando acaba el metraje, cuando llega el "The End". No hace falta transmutarse en cisne para que todo vaya mejor si uno se esfuerza, nadie es perfecto. La película funciona especialmente cuando se sabe británica, cuando se olvida de los tics hollywoodenses y se deja llevar por la influencia de la ácida escuela de humor británica. Cuando Pegg se explaya a gusto, cuando despliega sus mecanismos en busca de la risa, nos olvidamos de la arritmia provocada por los parones en los momentos más melosos del filme, cuando el enredo se congela y tenemos que ser testigos del amor que el torpe protagonista profesa a su ex novia. La contaminación de la comedia USA y la falta de riesgo lastra el conjunto. Por cierto, David Schwimmer firma varios episodios de Little Britain USA, parece que le ha cogido gusto a la fusión angloamericana.