Batalla en Seattle

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CRÍTICA

Batalla en Seattle

Batalla en Seattle

Lo + destacable de Batalla en Seattle

LO MEJOR: los actores, que transmiten las dudas, miedos, indecisiones y complejidad de la lucha que llevan a cabo. El planteamiento de Townsend.
LO PEOR: aunque comprensible, que las ambiciones de la película no lleguen del todo a tomar una forma completa. También ciertas concesiones dramáticas demasiado obvias.

Guerra por un mundo mejor

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En Batalla en Seattle, Stuart Townsend recrea los sucesos acaecidos en Washington entre los días finales de noviembre y comienzos de diciembre de 1999 por motivo de la reunión del WTO. Para ello se vale de varias historias personales que representan las diferentes posiciones (o algunas de ellas) en las protestas anti-globalización así como de documento de archivo, tratando las imágenes de manera similar. El resultado es una película que pretende desplegar un abanico de puntos de vista sobre un tema hoy en día de gran actualidad, también, como se pone de relieve en las imágenes, de gran confusión. Townsend no esconde su simpatía ante las protestas, ante todo pacíficas y con pretensiones sinceras de cambiar las cosas, algo que no le lleva a ocultar la propia confrontación existente en el interior de esos grupos, su diversidad, incluso, los intereses personales que esconden algunos de ellos. Tampoco niega a la otra parte su presencia, también su impotencia, su incapacidad para reaccionar a tiempo. En definitiva, Townsend, como demuestran algunas secuencias montadas en paralelo, da forma a una batalla con aire bélico cuyos soldados no dejan de ser seres humanos con sus dudas y miedos.

Las pretensiones de Townsend eran quizá demasiado ambiciosas para entregar una película redonda. Sin embargo, el resultado, en conjunto, es estimulante tanto por lo que propone como por aquello que sugiere. Al menos, deja claro que lejos de la violencia es quizá el mejor lugar para conseguir algo, que las batallas no tienen porque dejar heridos y detenidos. Hay muchas personas que desean cambiar el mundo; otras tantas que se niegan a ellos. Nada nuevo salvo que una película como Batalla en Seattle ayuda, o podría hacerlo, a realizar planteamientos al respecto, abrir debate, aunque quizá sea mucho pedir en estos momentos en que se está más atento a otras cuestiones irrelevantes que a otras que podrían ayudar a que las cosas sean diferentes. Townsend logra que los dramas personales corran del lado de las protestas y que se establezcan lazos emocionales que ayudan a pensar en lo realmente complicado que es ocasiones mantener una postura concreta. Pero es ahí donde Townsend logra su propósito, quizá tan sólo parcialmente. Pero es de agradecer.

Nota: para quien le haya interesado Batalla en Seattle y no conozca el documental de Jill Friedberg y Rick Rowley This Is What Democracy Looks Like (2000), mi más sincera recomendación.