Bobby Z

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CRÍTICA

Bobby Z

Bobby Z

Lo + destacable de Bobby Z

LO MEJOR: que tan sólo dura poco más de hora y media.
LO PEOR: que ni siquiera Laurence Fishburne logra evitar el desastre.

Pata de palo

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El único consuelo posible es pensar que esto no es más que producto del verano. Que las escasas escenas de la playa de California al menos nos ofrecen una visión de lo que podríamos estar haciendo en vez de ver una película que cojea por todos los costados. Bobby Z, tal y como se encarga de explicarnos un extraño personaje al principio del film, es el nombre de un importante capo de la droga, un atractivo surfero (paradigma del triunfador) que muere víctima de un bicho y renace bajo la apariencia de un convicto (paradigma del perdedor). Toda esta trama (condensada en pocos minutos y resuelta torpemente) no es más que una operación coordinada por un policía corrupto.

Bobby Z es como un barco perforado, lleno de agujeros que hacen que termine en el fondo del mar; pero parece evidente que la credibilidad es algo a lo que la película ha renunciado de antemano. Ni resulta plausible que el preso acepte tan fácilmente el trato, ni que adopte a un niño que no es hijo suyo sino del narcotraficante, ni que lleve dinero encima, ni que nadie lo reconozca, ni muchas cosas más. Por si fuera poco, la película se muestra incapaz de resolver dignamente ninguna de las situaciones que plantea, recurriendo en exceso a pequeños flashbacks para remarcar quiénes son los personajes. El problema gordo llega cuando, además de mal resuelta, contiene escenas de lo más reprobables: una retahíla de peleas sangrientas que no vienen a cuento y que se basan en el principio de la gratuidad.

La moraleja final, que evidentemente sale de la boca del narrador del principio, pretende ensalzar la figura del hombre desafortunado por encima del ricachón, cuando en realidad Bobby Z no es más que el enésimo ejemplo de uno de los pánicos más grandes de los Estados Unidos: el miedo al fracaso y al perdedor, una figura que si no se convierte en su antítesis puede terminar por hundir una nación entera. El triunfo es mortal de necesidad para el cine norteamericano. Lástima que esta película fracase estrepitosamente.