Leonera

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CRÍTICA

Leonera

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Lo + destacable de Leonera

LO MEJOR: los títulos de crédito, Martina Gusman y la posición de Trapero a la hora de reflejar los avatares de su heroína.
LO PEOR: algunos tics del cine carcelario.

Mundo encierro

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Los títulos de crédito de Leonera son, seguramente, unos de los más hermosos de la temporada. Sobre una pantalla en negro suena una canción infantil cantada por un coro de niños y se trazan unos dibujos animados que la ilustran. La letra, una suerte de cuento cortaziano que va de dentro para fuera (de la casa a la ciudad, de la ciudad al país, del país al continente, del continente al mundo), alude con ironía al encierro de la protagonista, Julia, a la que vemos despertarse con la cara manchada de sangre en la primera escena del filme. Lo que sucedió la noche antes permanecerá dudoso, pero será el punto de arranque para una película que tiene lugar casi por completo entre rejas.

Trapero no elude algunos de los rasgos más significativos del cine carcelario, como el motín o los vínculos que se establecen entre las presas, pero se sitúa sobre todo en el punto justo de aquel cine social que no pretende epatar con emociones. Es éste un terreno que conoce muy bien, pues viene a ser el mismo que ya había explorado en su debut con la seminal (por lo que tiene de pionera en el nuevo cine argentino) Mundo Grúa. De hecho, Leonera es más una película sobre una mujer que debe aprender a ser madre que la clásica historia de fugas de prisión. En este sentido, resulta interesante la interpretación de Martina Gusman (esposa y productora de Trapero en El bonaerense, Familia rodante y Leonera), una heroína que se aleja de la empatía, pero que juega con el favor de su director. Julia madura a medida que avanza el metraje, en un ejemplo innegable de evolución del personaje (lo que en Hollywood y los manuales vendrían a llamar el arco).

Trapero procura no alzar la voz en ningún momento y hace gala de una puesta en escena respetuosa con el tema que tiene entre manos. Sigue contando las mismas historias que en Mundo Grúa, pero por el camino ha ganado aplomo y veteranía. Cuando realiza un travelling a la altura del ombligo de las distintas celdas logra un nuevo punto de vista en el cine carcelario: en el que los protagonistas son los niños y las barrigas preñadas; un plano que resume a la perfección el espíritu de una película que se sitúa, con honestidad, del lado de su protagonista.