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Compositor: Carter Burwell
Sello: Lakeshore Records
Al igual que Theodore Shapiro en el score de Tropic Thunder. ¡Una guerra muy perra!, Carter Burwell ha apostado en la partitura de Quemar después de leer por las claves sonoras genéricas de la historia que los protagonistas creen estar viviendo, en lugar de decantarse por la auténtica narración que le llega al espectador. De ese modo, en ambos casos, han dejado de lado la comedia para centrarse en una banda sonora en clave de film bélico en el primer caso, y en clave de thriller en el segundo. Los Coen han construido una película dominada por el absurdo y lo grotesco, en la que sus protagonistas se impregnan de paranoia (en obvia alegoría hacia la sociedad actual, dominada por el miedo), y el score del film se contagia de esos delirios y transcurre de principio a fin por derroteros más propios de la saga de Bourne que por las sendas del disparate. Carter Burwell es uno de los compositores más interesantes del panorama contemporáneo. Con nimias intervenciones de instrumentos, consigue emociones intensas y conmovedoras, pero aquí ha optado por la grandilocuencia de cuatro percusionistas empleándose a fondo con otros tantos taikos (tambores japoneses con una resonancia fuera de lo normal), para crear una maraña de espionaje e intrigas que sólo existe en las mentes de los protagonistas, y que funciona de una forma asombrosa en el ánimo del espectador, logrando que la fórmula funcione. Las contundentes descargas de los taikos, presentes en la mayor parte de los cortes, incluidos la apertura y el cierre (Earth zoom in y Earth zoom out, que dotan al conjunto de estructura circular), aparecen alternados con otro dos elementos clave: la sección de cuerda de la orquesta, con unos violines penetrantes que refuerzan la teoría de la conspiración (como ejemplo, Higher patriotism y How is this possible?), y con un solitario piano a cargo de Dave Hartley, que también ejecuta las notas de Burwell en melodías envolventes y elípticas, que construyen una turbia tensión en torno a la acción central. Las notas sólo se alejan (parcialmente) de la intrincada red del thriller en las dos melancólicas piezas que Burwell le dedica al personaje (fracasado, como todos los del film) de Frances McDormand: Linda looks for love 1 y 2. El resultado en su conjunto es una mezcla de grandiosidad y terrible soledad que recuerda por momentos al Phillip Glass más intimista y al Jerry Goldsmith más grandilocuente (con mención explícita a su banda sonora para Siete días de mayo, de Frankenheimer). Según el propio compositor, que lleva colaborando con los Coen toda la vida (veinte años y once películas), su punto de partida han sido los ritmos militares y la percusión, que "proporciona una atmósfera de sobriedad, gravedad y grandilocuencia a la estupidez general que se contempla en la película". "He querido trabajar como si el espectador estuviera viendo una película de espionaje, sin que me importara lo que sucedía en la pantalla", concluye. El resultado, sin lugar a dudas, es lo que da cohesión a la película. César Combarros
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