Una palabra tuya

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CRÍTICA

Una palabra tuya

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Lo + destacable de Una palabra tuya

LO MEJOR: la versión de Corazón contento.
LO PEOR: la escena del bebé.

Cuando Cañizares dejó la oficina

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La conjunción entre Elvira Lindo y Miguel Albaladejo, iniciada con La primera noche de mi vida (1998), dio esperanzas sobre la posibilidad de un cine español que le sacara el polvo a la comedia o drama de raigambre costumbrista, que pusiera al día este cine sobre personajes normales con vidas normales dirigido a un público del mismo perfil que tanto se explota en los platós de este país.

Desafortunadamente, Lindo no se ha prodigado mucho como guionista, aunque algunos de sus libros también han sido adaptados sin su intermediación. Por ejemplo, Salvador García Ruiz llevó al cine El otro barrio (2000), incursión en la menos conocida vertiente dramática de la escritora andaluza y también uno de los pocos dramas realistas con trasfondo social realmente interesantes que se han estrenado en los últimos años.

Ángeles González-Sinde ha trabajado más como guionista que como directora. Su labor más reconocida fue en la sobrevalorada La buena estrella (1997) de Ricardo Franco, a la que siguen una serie de títulos la mayoría buenos representantes de ese cine español extremadamente gris y deprimente. No por tratarse normalmente de dramas sobre personas corrientes sino por ser incapaz de escaparse de la más extrema atonalidad. En su segundo largometraje como directora, González-Sinde traslada a la gran pantalla otro texto dramático de Lindo sin haber contado con la escritora para la adaptación. Y la verdad es que Lindo queda casi enterrada en esta película en que esas réplicas agudas tan propias de la escritora apenas consiguen despuntar. Una palabra tuya, tragicomedia sobre la amistad entre dos mujeres solas que trabajan de barrenderas, es un film especialmente patoso, que no consigue resultar creíble en su apuesta más fuerte: el personaje de Milagros. Demasiada heterodoxa para una película tan ortodoxa, Milagros acaba resultando lo que se supone que no debería representar: una freak. No ayuda que la interprete Esperanza Pedreño que no sólo no consigue escapar del tipificado personaje de Cañizares de Camera Café sino que parece que precisamente se la haya escogido para hacer de eso: una Cañizares dramática.

En Sombras en el paraíso (1986) el finlandés Aki Kaurismäki también dirigía una tragicomedia humana protagonizada por un basurero. Todo el cine de Kaurismäki está protagonizado por personajes grises. Sin embargo, este cineasta alérgico a cualquier subida de tono no ha rodado en su vida una película gris. Tiene películas azul metálico, verde hoja o rojo cereza, pero nunca grises. Y en el cine español apenas no hay nadie capaz de rodar una película rojo cereza sobre un personaje gris.